Año III - Nº 123 - Uruguay, 25 de marzo del 2005

 

 

 

 
Tomando un café
con la cabra "canela"

Dr. Enrique Rimbaud
Decano de la Facultad de Veterinaria
Managua - Nicaragua

Los domingos pueden complicarse tanto como la gente quiera complicarlos, por antonomasia, es un día para no hacer nada, descansar, guardar reposo y juntar fuerzas para la semana& para otros, es el día de conexión con la fe, y van a los servicios de misa, y no hay quien falte que le de un valor deportivo, haciendo o viendo deportes ese día&

Este domingo, como tantos otros, se me juntaron cosas, por un lado, una invitación a almorzar de Gabriela, mi mano derecha en la Facultad, por otro, que mi cartera como el refrigerador habían llegado a su fin, por lo que debía ir tanto a un cajero automático como al súper, además de que hace dias que le había dicho a la rubia que tenia ganas de caminar y de comer un asado.

Trate de analizar las cosas científicamente, y comencé por ver que podía no hacer de todas esas cosas, después de todo, domingo es domingo, recordé que le había prometido a Gabriela revisarle la perra, además de que hace tiempo no veía a mi ahijado, que es su hijo, por lo tanto tenia que ir a almorzar, ni la iguana ni las loras tenían comida, asi que tenia que ir al súper, no se puede andar sin plata asi que tenia que ir al cajero, no veía porque no hacerme un asado de noche, y podía ir caminando a algunos lados dado que era relativamente cerca y asi sacarme las ganas, por lo que finalmente decidí hacer todo, absolutamente todo&

Me levante, me puse fresco, de short y alpargatas, prepare el mate, y luego de ver un programa en el History Channel, le dije a la rubia, vamos? Pero, por delicadeza le pregunte si los zapatos que usaba eran cómodos, me pregunto porque, y allí me di cuenta que me había olvidado de decirle que íbamos a ir caminando&

Mientras la rubia se cambiaba y echaba sus rezongos, me dedique a dejarle comida a Morgan, a las gatas y a las monas, asegurándoles a las loras y a la iguana que un rato volvería y les tocaría a ellas&

Claro, el otro detalle que no di cuenta, era la hora, entre pitos y flautas, y por ver el programa, se hicieron mas de las once, y al salir de nuestra calle sombreada y arbolada a la principal de Altamira, el sol de Managua nos cayo como roca sobre nuestros cuerpos, y la rubia comenzó a amenazar de que era la ultima vez que salía conmigo a caminar a esta hora&

Estratégicamente, yo había seleccionado un supermercado al que nunca vamos, que nos queda a un par de kilómetros, donde cinco cuadras después tengo una gasolinera con un cajero&

El camino desde Altamira a la Carretera a Masaya fue un suplicio, no tanto por el calor, sino por la retahíla de la rubia, recordándome que tenía el sol prohibido y haciéndome parar a cada rato para mostrarme una nueva ampolla ganada por la caminata&

Esto les pasa a las mujeres porque no entienden lo que es tener los pies cómodos, con un buen par de alpargatas&

Llegados al súper, le digo a la rubia que vaya comprando, que yo voy hasta el cajero y vuelvo&

Cuando regreso, estaba muy campante en la puerta, con las manos vacías, le doy una rosa que compre para ella para aplacarle los ánimos, y me dice que había decidido no comprar en este porque lo hallo muy caro&

Desde la puerta, sentía las ráfagas del aire acondicionado que daba ganas de meterse ya a sentir el fresco necesario, tomarse una gaseosa, comprar y regresar, pero, con la excusa de la economía domestica, le dije que tenia razón y que íbamos al otro, me pregunta si era muy lejos, a lo que le respondí que no, que era un poco mas adelante, en realidad, otro par de kilómetros&

Seguimos nuestra caminata, y le vino un ataque de tos a la rubia, pare un taxi, y a la rubia no le convenció el precio, por lo que seguimos caminando, y cuando se calmaba de la tos, era solo para recordarme el calor, las ampollas viejas y las nuevas, el sol que yo sabia que lo tenia prohibido y además que seguramente se estaba insolando&

La carretera a Masaya estaba desierta, éramos los únicos transeúntes, yo feliz, pues me encanta caminar con poca gente, y como tiene que ser, un rato después llegamos&

Bueno, hicimos las compras, tomamos un taxi, y mientras alimentaba a las loras y a la iguana, la rubia se pego un baño, aprontándose para ir al almuerzo&

Cuando llegamos a lo de Gabriela, ya todo estaba preparado, nosotros llevamos unas gaseosas y un par de botellas de vino, y en el porche de la casa estaba la mesa tendida, Pedro Felix, el marido de Gabriela y Pedrito y Leandrita sus dos hijos, prontos y hambrientos esperándonos&

Habían preparado una riquísima sopa de albóndigas, que son albóndigas hechas de carne de gallina desmenuzada mezcladas con maíz, hervidas en un caldo con abundantes vegetales: ayote, chayote, chilotitos tiernos, quequisque, chiltoma, cebolla, algunas piezas de gallina y acompañadas por aguacate tierno&

Todo exquisito, hasta que la rubia se comienza a ver, y descubrir que tiene extensas zonas de hombros, cuello, pecho y espalda al rojo vivo, generando hipótesis acerca de una posible insolación y determinando con claridad quien era el culpable de todo&. O sea yo!!!

El sol decidido a molestarnos, se puso de frente al porche de la casa de Gabriela, determinándonos a ir al fondo, a tomar un café calentado en fuego de leña&

En el fondo, Gabriela mantiene una rara mezcla de jardín semi productivo con zoológico, mezclando una gran profusión de plantas de jardín y decorativas con papayas, chiltomas, hierbabuena y otras tantas hierbas medicinales, con las perras Pirata (futura novia de Morgan) y Arisca, dos pollos punk, y una cabra llamada Canela&

Un desorden caótico y antojado puede ser una buena descripción, donde los pañales se mezclan con las plantas, el equipo de música al lado de la puerta del baño, la tabla de lavar sirve para picar el hielo y restos de maderas y herramientas yacen por aquí y por allá&

En el medio, un brasero a leña humea el café, de exquisito aroma, haciéndonos segregar saliva&

Bajo un ranchón de palmas, colocamos las sillas, siguiendo la platicadera amena de los adultos mientras los niños juegan&

La rubia casi muere del susto cuando Canela se le aparece de golpe respirándole en la cara, debiendo yo quitar la cabrita de sus cercanías, cabra noble, que todos los dias da la leche para la bebita&

Le comento a la rubia que seria bueno tener una cabra en casa, nos cortaría el pasto y podríamos ordeñarla para tener leche, pero creo que no le hizo mucha gracia la idea&

Por las dudas, cambie de tema&

El olor del café, sumado al de la leña humeante, nos hizo sentir mas ganas, y realmente estaba riquísimo&

Nos despedimos de nuestros anfitriones, y volvimos a casa, donde la rubia ya se declaro insolada, aplicándose cremas por montones y diciéndome que no tenía ganas de cenar&

Prendí el fuego, comencé a hacer el asado, y cuando el olor a carne chamuscada hizo presa de la casa, apareció la rubia con su platito preguntándome cuanto faltaba, casi no quedo nada&

Finalmente, nos fuimos a acostar, con la tranquilidad de que finalmente pudimos hacer todo lo que habiamos planeado&

Un gran abrazo
Enrique