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Los significados de la victoria
electoral de Fernando Lugo
por Carlos Malamud
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¿Cuán radical será el nuevo gobierno? ¿En cuál de las izquierdas regionales hay que ubicar al ex obispo y futuro presidente? ¿Cuán gobernable será el Paraguay con un mandatario que está dispuesto a acabar con la corrupción, con las mafias que la sustentan, con la impunidad de los políticos, con impulsar una reforma agraria y, por si todo esto fuera poco, por renegociar con Brasil y Argentina los precios de la electricidad que Paraguay exporta a sus vecinos o con relacionarse con la República China en lugar de Taiwn? La respuesta de estas y otras preguntas de contenido similar no dependerá exclusivamente de la voluntad reformista o revolucionaria de Lugo, ni de su decisión política, sino de tres variables básicas.
La victoria electoral de Fernando Lugo en las elecciones presidenciales de Paraguay ha puesto un dramático punto final a las más de seis décadas de hegemonía de la Asociación Nacional Republicana, popularmente conocida como Partido Colorado. Si se dice que su presencia en todos los ámbitos de la vida paraguaya era más asfixiante que la del PRI mexicano en sus momentos de verdadero esplendor no se falta excesivamente a la verdad. De ahí el empeño de muchos hombres y mujeres de ese país de sacarse de encima, como sea, el viejo estigma de la corrupción omnipresente. Ésta se puede ver en todos los niveles de la vida cotidiana y tiene en el contrabando una de sus caras favoritas. Por eso, la corrupción no afecta únicamente al estado, a sus servidores y a los políticos, sino que también se expresa a través de mafias fuertemente organizadas. Buena prueba de todo ello son los automóviles truchos o mau (en guaraní), que circulan legalmente en el país después del obligado maquillaje de sus papeles tras haber sido robados en los países vecinos e introducidos ilegalmente en Paraguay. En 2001 se supo que el entonces presidente Luis González Macchi conducía un BMW blindado, comprado dos años antes en 80.000 dólares.
La Alianza Patriótica para el Cambio (APC), integrada por un conglomerado heterogéneo de fuerzas de izquierda y de centro, surgió precisamente de esa necesidad de cambio existente en el país. Sin embargo, la APC se caracteriza por el liderazgo fuertemente personalista de Lugo y por la ausencia detrás suyo de estructuras políticas con una cierta organización y algún pasado. Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), de carácter centrista, acompañó a Lugo en la fórmula presidencial como candidato a vicepresidente. La presencia del PLRA en la Alianza indica cuán extendido estaba el deseo de cambio en la ciudadanía paraguaya. El PLRA ha sido tradicionalmente la oposición tolerada al Partido Colorado y, al menos teóricamente, debería servir para moderar el mensaje radical de Lugo.
Precisamente en este punto radica una de las grandes incógnitas acerca del futuro del Paraguay. ¿Cuán radical será el nuevo gobierno? ¿En cuál de las izquierdas regionales hay que ubicar al ex obispo y futuro presidente? ¿Cuán gobernable será el Paraguay con un mandatario que está dispuesto a acabar con la corrupción, con las mafias que la sustentan, con la impunidad de los políticos, con impulsar una reforma agraria y, por si todo esto fuera poco, por renegociar con Brasil y Argentina los precios de la electricidad que Paraguay exporta a sus vecinos o con relacionarse con la República China en lugar de Taiwn? La respuesta de estas y otras preguntas de contenido similar no dependerá exclusivamente de la voluntad reformista o revolucionaria de Lugo, ni de su decisión política, sino de tres variables básicas. En primer lugar, Paraguay no es Venezuela, pero tampoco Bolivia o Ecuador, que tienen en los hidrocarburos una fuente potencial de importantes ingresos fiscales. El tema de la energía eléctrica hasta ahora se ha mostrado más complicado. Por este camino, el gobierno carece de los ingresos necesarios para impulsar políticas populistas que, como no, reposan en el clientelismo más ortodoxo.
Segunda cuestión. El más del 40% de los votos que obtuvo la candidatura presidencial liderada por Lugo es patrimonio suyo y no de la APC. Esto se observa en cuanto se cotejan los datos de la elección presidencial con la parlamentaria y aquí se ve, de forma meridiana, el carácter aluvional de la Alianza, a tal punto que los distintos partidos concurrieron a los comicios con candidatos propios, y separados, tanto para el Congreso como para el Senado. Por eso, la gobernabilidad futura dependerá no sólo de la disciplina del voto de sus principales aliados, sino también de los grupos opositores, tanto del Partido Colorado, como de los seguidores de la UNACE (Unión Nacional de Ciudadanos Éticos) de Lino Oviedo, que controlarán una parte importante de los votos de ambas cámaras. En los últimos años la probidad de muchos parlamentarios fue seriamente cuestionada y no sería impensable, que muchos de ellos, de todos los partidos, terminaran vendiendo sus votos al mejor postor. ¿Gobernará Lugo con un sesgo fuertemente presidencialista, despreciando al Parlamento, como ocurrió con buena parte de los últimos presidentes colorados? No casualmente la sede presidencial se conoce en guaraní como Mburuvichá Róga, que significa "La casa del jefe".
Por último, la exportación de energía eléctrica, de las dos grandes centrales de Yaciretá (a Argentina) e Itaipú (a Brasil). Hasta ahora Lula se ha negado en redondo a pagar más por la energía que su país importa de Paraguay, lo que ha servido para reforzar los sentimientos nacionalistas de los paraguayos, agitados convenientemente en la campaña de Lugo. No en vano todavía pesa en la memoria del país los efectos de la Guerra de la Triple Alianza (1865 - 1870), o Guerra Grande, en la cual Argentina, Brasil y Uruguay impusieron a los paraguayos un durísimo castigo. La idea de estar emparedados entre dos gigantes regionales sigue vigente. Si Lula hace un gesto positivo y negocia un precio al alza con Lugo, Brasil podrá mantener una influencia positiva en Paraguay. De otro modo, su negativa sólo servirá para empujar todavía más al nuevo gobierno en los brazos de Hugo Chávez y Evo Morales.
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- 1.- El gobierno carece de los ingresos necesarios para impulsar políticas populistas que, como no, reposan en el clientelismo más ortodoxo.
- 2.- La gobernabilidad futura dependerá no sólo de la disciplina del voto de sus principales aliados, sino también de los grupos opositores
- 3.- El presidente electo ha repetido en diferentes ocasiones, durante la campaña, que es un hombre de centro y no un seguidor de Chávez. En realidad, si algo es Lugo es un obispo católico.
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Es ésta, precisamente, la cuestión final, la del impacto regional del triunfo de Lugo. Con el objeto de evitar ser catalogado, el presidente electo ha repetido en diferentes ocasiones, durante la campaña, que es un hombre de centro y no un seguidor de Chávez. En realidad, si algo es Lugo es un obispo católico, aunque suspendido "a divinis" por el Vaticano. Su discurso es eminentemente pastoral y en él la culpa juega un papel determinante. Por eso, en la noche del domingo pasado, durante los festejos por la victoria, los ciudadanos paraguayos no fueron los responsables de su triunfo, ni los actores determinantes del mismo. No, los ciudadanos paraguayos fueron "los culpables" de que Lugo haya ganado.
Con independencia de cuál es su verdadera filiación, algo que habrá que esperar a ver, si es que realmente se desvela en algún momento, lo cierto es que Lugo acudió a votar acompañado de Hebe Bonafini, la dirigente de las Madres de Plaza de Mayo. En este punto vale la pena recordar el apoyo prestado por Bonafini a ETA, a quien considera no una banda terrorista sino un movimiento de liberación nacional que impulsa una causa justa, o su apoyo a los atentados del 11-S en los Estados Unidos. Lugo ya no es más un candidato en campaña sino el presidente electo de Paraguay. Es verdad que su país es uno de los más pobres de América del Sur, pero si quiere llevarlo por la senda del desarrollo es necesario que se desprenda de los viejos tics del misionero y aprenda cuanto antes el discurso de la política. No es sólo con mesianismos como se salvará Paraguay, ni con un discurso basado únicamente en la antipolítico. Lugo ya ganó y a partir de agosto le tocará gobernar.
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