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¡Que pena tanto resentimiento!
por Helena Arce
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Quisiera ser capaz de afrontar la quijotesca tarea, de enfrentar como pueda el odio, las divisiones entre uruguayos, pero no con odio, buscar en cada ser humano mediante el razonamiento superar definitivamente las divisiones del pasado.
Cuando desde estas páginas decidí acompañar el anhelo del Exc. Presidente de la República, quien nos proponía decir textualmente. “NUNCA MAS URUGUAYOS CONTRA URUGUAYOS, NUNCA MAS HERMANOS CONTRA HERMANOS”; fue desde mi más profunda convicción democrática. Un reencuentro, una forma de dar por finalizado un periodo de encono por hechos del pasado. Solía decir mi padre que cuando uno no quiere, dos no pelean. Lamentablemente fueron correligionarios de nuestro Presidente, quienes bastardearon tan honorable propuesta.
Así como hace algunas ediciones decidí dejar de callar, ante tantas barbaridades escuchadas a diario, pues solo pretenden confundir, pretenden pues lo logran menos de lo que desean, a nuestra juventud. Algo que no es privativo de los viejos guerrilleros del ayer, también desde los “cívico-militares”, vemos alentar las divisiones entre uruguayos. Hoy descubro algo más doloroso, no es solo deseo de confundir a la juventud, una juventud que nos enaltece con su inteligencia, es simplemente tanto odio acumulado, tanto resentimiento tienen dentro algunas personas al punto de volvérseles insoportable siquiera, la existencia de una persona con bellos recuerdos de su infancia.
Como saben los amables suscritores, quienes me honran leyendo mis artículos, a veces escribo sobre la impresión que algún hecho de la actualidad me produce, otras, comparto recuerdos.
En la edición No. 280 de nuestro semanario realicé un artículo sobre un grupo de primero niños, luego adolescente y después jóvenes quienes crecimos juntos en un balneario de la franja costera de Canelones, conocida en la actualidad como “Costa de Oro”, San Luís.
Este balneario se caracterizó por ser un lugar de descanso para personas de trabajo. Algunas con mejor pasar, otras con un pasar más difícil, ni siquiera era en aquellas épocas un balneario lujoso, como tampoco lo es hoy, si bien algunas de las personas que allí veraneaban tenían buenos recursos económicos, justamente el lugar les reportaba un remanso de sencillez.
Debe haber sido para mí, de las columnas realizadas para este semanario una de las más dulces, por contener recuerdos imborrables. Siguiendo el recorrido de la nota, la vi levantada en una página española, posiblemente alguno de aquellos queridos amigos de esas épocas ande por allí.
| Hoy leo este comentario que le suscito a un lector mis recuerdos: |
| “La verdad Sra. Arce, es que casi me pongo a llorar con sus entrañables "aquellos momentos de la vida" que nos comenta en su columna. Yo tambien soy nacido en el año 69, ya que ud contaba con 12 o 13 añitos, la diferencia es qjue en ese año mis padres se dedicaban a otros menesteres, que no eran precisamente tener vacaciones en san luis. Muchos uruguayos teniamos una barra y era la barra del rio santa lucia que tyeniamos que cruzar para ir al penal de libertad una vez al mes a ver a nuestros seres queridos.” |
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Más allá de notar en su redacción, en la forma de expresarse un resentimiento que me causó escalofríos, me dio mucha pena. Esta persona quien no dejó su nombre, manifiesta haber nacido también en el 69. La suscrita era casi una niña en aquellas épocas, difícil dedicarse a otros menesteres como no fuese vivir su recién estrenada pre-adolescencia. Obviamente quienes tenían edad para tener un hijo en 1969, por lógica deben haber nacido unos cuantos años antes que quien esto escribe.
Sin embargo éramos tantos amigos integrantes de aquella “barra”, posiblemente usted ni se imagine, no nos separaban las diferencias políticas en aquellas épocas, ni éramos concientes por cierto de diferencias en la situación económicas de nuestros padres. Obviamente si yo contaba en esa época con 13 años, la persona que escribe con tanto resentimiento, si nació en esa época no perteneció a mi barra. No se sus padres, posiblemente pueden haber sido alguno de aquellos amigos, o puede ser que nunca los haya visto. No recuerdo integrantes de mi barra que ya fuesen padres en 1969, si algunos que debieron irse rápidamente o cayeron presos. Algunos de aquellos chicos que veraneaban en San Luís, mayores que yo, tuvieron militancia política en esos años, otros unos años después, esa militancia los llevó a verse envueltos en situaciones desagradables, tener que huir del país, otros caer presos. No necesariamente quienes tenían militancia política en aquellas épocas, estaban inhibidos de pasar momentos felices en lugares como San Luís. Al contrario, iban y disfrutaban con alegría de aquellos momentos compartidos.
Lo que si puedo asegurarle, es que el que sus padres hayan estado presos, no es consecuencia de aquellos niños que veraneábamos en San Luís, precisamente. El que usted no haya podido disfrutar de una barra de amigos, tampoco.
Resultan consecuencias de causas muy diferentes, por cierto.
Posiblemente esta nota, sea la primera que usted lee de mi autoría, pero no es precisamente conmigo que debe descargar su ira, ni con ninguno de aquellos quienes integraban aquella barra, muchos de ellos debieron afrontar también situaciones similares. .
Es más con el derecho que me dan los 13 años que usted dice le llevo, le sugiero que trasmute ese resentimiento de alguna forma. Piense si tuvo a sus padres para verlos en el penal de Libertad, tuvo mucho más que otros cuyos padres corrieron peor destino. Tanto los hijos de las personas que cayeron defendiendo las instituciones, como las de aquellos quienes fueron “desaparecidos” sin derecho a un juicio justo, muchos de ellos incluso solo jóvenes idealistas, hubieran dado todo por contar con la Barra del Río Santa Lucía para poder cruzarla para ver a sus seres queridos.
Pero eso tampoco es consecuencia de que haya existido mi “Barra de San Luís”.
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