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Contra la dictadura de la conciencia
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| por Luis E. De San Martín |
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El caso del cierre de RCTV ha logrado despertar a la sociedad venezolana del sopor que le produjo la muy sui géneris reelección de Hugo Chávez el pasado diciembre, incluso para buena parte de ese sector, que por pragmatismo frívolo, ignorancia o coherencia ideológica mordió el anzuelo del socialismo del siglo XXI y firmó esperanzado su salvoconducto al infierno del izquierdismo obligatorio, la decisión política de no renovar la concesión de la licencia a la televisora pionera en Venezuela desprende ese fétido olor que distingue al totalitarismo cuando se desnuda.
Ya desde hace algún tiempo los que nos hemos dedicado académicamente al estudio del periodismo en Venezuela en tiempos de Hugo Chávez, advertíamos los evidentes síntomas de sectarismo e intolerancia del régimen nacional-populista de izquierda que nos gobierna para con el ejercicio libre e independiente de los medios de comunicación insumisos ante la manipulación revolucionaria. Todo comunista comprende muy bien que la libertad y el pluralismo son enemigos formidables a batir para lograr esa hegemonía comunicacional (Izarra, dixit) indispensable para la homogenización y adoctrinamiento de la sociedad. Es decir, una vez conseguido el control total de las instituciones y la economía le toca el turno a la dictadura de la conciencia (sistema educativo y medios de comunicación).
Puede que en medio de este desgarro liberticida que nos infringe Hugo Chávez, los periodistas que pertinazmente se han opuesto al oprobioso presente e incierto futuro de la libertad de expresión no adviertan que en Venezuela el periodismo independiente está caminando por la senda de la épica ciudadana en defensa de la libertad a secas y la democracia plural. Sólo con el tiempo quienes así actuaron podrán mirar el camino recorrido y constatar que estos años son la verdadera época dorada del periodismo venezolano; ese que reivindica su condición de contralor social enfrentándose al peor enemigo imaginable, que piensa que sus petrodólares y sus fusiles son suficientes para acallar al más fuerte de los opositores: la verdad.
Este empeño del periodismo venezolano por preservar su independencia es comparable con el de las decenas de periodistas cubanos encarcelados por la tiranía castrista acusados de traición, conspiración o "peligrosidad pre-delictiva", en la medida que el martirio que padecen estos colegas es ejecutado por un régimen dictatorial que inspira las actuaciones del caudillo venezolano y su retórica legitimadora.
Los revolucionarios socialistas no admiten críticas, sólo altavoces
El cierre anunciado de RCTV si de algo ha servido es para confirmar internacionalmente algo que aquí tenemos como obvio: que la naturaleza del conflicto planteado entre el régimen chavista y los medios independientes no es la normal divergencia existente en una sociedad democrática y plural, ya que cuando uno de los bandos se proclama revolucionario (el gobierno y sus seguidores) se entiende que su acción no está encaminada a administrar al país dentro de los límites que imponen las leyes, sino que su intención es la de imponer una falaz noción de democracia, obviando los mecanismos de consenso que dan estabilidad a cualquier proyecto político y excluyendo a quienes discrepan; socavando de esta forma la vigencia de los derechos y libertades de los ciudadanos, entre los que destacan especialmente los derechos políticos y la libertad de expresión.
Ante esta situación, periodistas, dueños de medios, escritores y académicos, todos aquellos que han utilizado los medios de comunicación para ejercer la critica, han sido objeto de presiones, amenazas y chantajes por parte del propio Hugo Chávez y sus principales voceros desde su llegada al poder, porque o se está con el "proceso" y se asume como buena la "verdad" oficial, o eres considerado un "contrarrevolucionario" y se justifica tu exclusión del concepto de "pueblo" que dicen representar de manera absoluta.
La negación de este maniqueísmo ha sido por necesidad una toma de postura de muchos periodistas venezolanos ante la realidad que los circunda y de la que también forman parte en tanto ciudadanos, puesto que la objetividad periodística no consiste en ubicarse en una supuesta equidistancia entre dos posiciones contradictorias, porque que nadie nos garantiza que la verdad se halle justo en el medio de dos visiones antagónicas de la realidad, ya sea en el campo académico o político. La objetividad, en mi opinión, debe constituir una tendencia constante y sostenida hacia la verdad, que equipara de alguna manera al periodismo con la ciencia, ya que ambos procesos son construcciones sociales que se acercan a los hechos en diferentes momentos y desde distintas perspectivas y métodos, en procura de una asamblea de ideas que establece mediante su interacción, coincidencias y contradicciones, la posibilidad de la verdad.
Objetividad no debe confundirse con mera neutralidad, pues el periodista no puede obviar su compromiso como intelectual ni como ser humano. Por ejemplo: si la sociedad democrática en la que vive está siendo sometida a hostigamiento y represión, el periodista debe elegir, como lo haría cualquier ciudadano, pues no queda espacio para refugiarse en una neutralidad vacua u optar por un periodismo aséptico, que recoge declaraciones de aquí y allá, sin intentar buscar por otras vías los elementos que le permitan dilucidar quién dice la verdad, trasladando esa responsabilidad a sus lectores, de esta manera no se está siendo objetivo. Pues la sociedad no sólo quiere conocimientos llamativos, meras curiosidades, sino que procura un conociendo útil.
En definitiva, en esta enésima hora menguada de la libertad en Venezuela debemos hacer nuestro el concepto de enfrentamiento asimétrico que maneja el régimen en materia militar y que postula que ante el tamaño y potencia avasalladora de la maquinaria propagandística chavista, la verdad debe salir de cualquier manera. Internet, la prensa escrita y la radio todavía son instrumentos de divulgación poderosos; son trincheras que deben servir para resistir hasta el final el proyecto de servidumbre, obediencia y sumisión que viene ejecutándose en Venezuela desde hace ocho largos años.
Doctor en Periodismo y Ciencias de la Comunicación.
Fuente: Diario Exterior
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