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Nunca más
por Ernesto Pablo Martínez Battaglino
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Mientras uno y otros se obstinen en seguir mirando para atrás, ni el país ni su sociedad podrán avanzar en paz y armonía. Los frentistas por empecinarse en tomar venganza de los que los combatieron, tanto en la época democrática (momento en que los tupamaros comenzaron a actuar) como en la que cometieron el gran error de dar el golpe de Estado perpetrando ellos también tropelías sin castigo especialmente contra las personas relacionadas con el MLN y contra quienes ideológica y políticamente los apoyaron. Y éstos por no reconocer su desmedida crueldad y por seguir insistiendo en que defendieron la democracia, cuando lo hicieron violentándola.
Aún los elementos democráticos de nuestro país, activistas blancos y colorados que no combatieron a la guerrilla y sus ideólogos con armas pero sí con ideas y principios, también siguen pidiéndole cuentas al pasado, revolviendo el cuchillo en la herida, lo que lleva a que ésta jamás cicatrice.
El error, no importa si proviene de un sector o de otro, sigue repitiéndose. Error imperdonable, que no permite avanzar y encauzar tanta energía a favor del trabajo para el que no lo tiene y a mejores ingresos para los que lo tienen menguado, única meta noble que nos obliga a todos con prescindencia del partido político al que pertenezcamos y de la ideología que profesemos.
Sin duda que debe haber algún descendiente de quienes en las cruentas luchas acaecidas en nuestra tierra a principios del siglo XIX pueden haber terminado en alguna tumba imposible de identificar. Deben contarse por centenas los muertos que en las luchas fratricidas habidas desde la Guerra Grande hasta la revolución del 1904 yacen en tumbas no nominadas ni identificadas. ¿Qué ocurriría si alguno de esos descendientes saliera hoy inculpando a diestra y siniestra por aquel “crimen” y exigiendo aclaraciones e investigaciones? ¿Algo se arreglaría? ¿Se podría resucitar al desaparecido y encarcelar al culpable, seguramente ya muerto? Lo único que se consigue es fomentar odios y crear o ahondar divisiones que a todos perjudican. Si los reclamos sobre sucesos de hace cien o doscientos años nos parecerían impropios y sin sentido, igualmente ocurre con los acaecidos hace 40, 35 ó 30, también demasiados para que se siga reclamando “justicia” por personas que no se sabe dónde o cuándo murieron ni si lo hicieron aquí o en el extranjero.
Si bien los hechos terribles ocurridos en nuestra época distan mucho menos que los acaecidos en las otras, no dejan de ser sus víctimas los que sufrieron una guerra informal pero real, que padecieron ambas partes con muertos, heridos y torturados, por lo que a esta altura sólo cabría cubrirlo todo con un manto de tolerancia y de respetuoso recordatorio. Y no tratar de “aprovechar” de una parte u otra, las desgracias ocurridas, para sacar provecho político actual.
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