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Año V Nro. 357 - Uruguay, 25 de setiembre del 2009
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Es preocupante el estado de ánimo del colectivo de nuestra sociedad, mientras al son del aturdimiento, vemos pasar estos días que faltan para las elecciones nacionales. Creo que no hace falta aclarar que no estoy dispuesta a apoyar a la fórmula electoral que a modo de presente griego, nos propone el oficialismo. Rechazo fuertemente todo lo que el candidato a presidente representa, claramente puedo decir que es lo opuesto a lo que aspiro para el país en el que vivo, no solo en el que nací, sino además el que elegí como hogar y por cierto no me refiero únicamente a su apariencia física. Sus recientes declaraciones, con intentos de desmentidos y rechazos, incluso intentando desviar la intención hacia el uso que de esto hace la oposición, para terminar en unas disculpas, previo paso por la calificación sobre su estupidez por nuestro Presidente, son algo así como la frutilla de la torta. Escucho todos los días hablar a la gente común, empezando por aquella que apostó a votar al Frente Amplio en las pasadas elecciones, expresando su total rechazo a aceptar a este hombre como Presidente de nuestro país. También muchos votantes históricos frentistas, manifiestan lo mismo. Es de Perogrullo aclarar que el Frente Amplio siempre fue un partido demócrata, y que podré no comulgar con la forma en que intentan llevar al país a conseguir las metas, pero eso no significa que desacredite todo lo que representa. Más allá de las quejas ante el gobierno que tuvimos, con pocas instancias a rescatar, posiblemente el Plan Ceibal entre ellas, las desilusiones se centran en la cruenta Reforma Tributaria de Astori , que impuso un impuesto al trabajo feroz, una reforma de la salud que nos brindó a todos una peor atención sanitaria, el buscar sacar a las personas de la pobreza regalando dinero sin intentar la reinserción de las personas en el sistema de trabajo que les brinde dignidad, la desmesurada tolerancia con la delincuencia que nos ha sumido en una total inseguridad y lamentablemente la demostración que los postulados de ser intachables no prosperaron. Si algo quedó demostrado es que en todos los partidos políticos existe gente, y la gente no suele ser impoluta, quienes más se presentan como tales, suelen ser quienes primero se equivocan. Los cargos para los mejores preparados, resultaron una falacia, nuestro Presidente, con lógica a efectos de encontrar un equilibrio entre los diferentes sectores que integran su sector político, puso en cada Ministerio al líder de cada sector, con el resultado lógico de no ser los más capacitados para ello. No critico a nuestro Presidente, su decisión es hasta entendible, era imprescindible poder gobernar y para ello, el necesitaba el apoyo de todos los sectores, no hay duda que para poder contar con éste, debía integrarlos a su equipo de gobierno. . Pero el resultado es que terminó sin dudas, desde la Presidencia de la República teniendo que ocuparse de todos los temas, y en más de una oportunidad debió enfrentar la férrea oposición a su intento de salida para los problemas que se le fueron presentando, desde dentro de su fuerza política y en el mismo seno del gobierno. Justo es decirlo la figura del Dr. Tabaré Vázquez, nos prestigió como país, es una persona demócrata y tolerante, pero no se puede gobernar un país haciéndolo, prácticamente solo. Disiento profundamente con él en varios conceptos de cómo debe ser nuestro país, pero nunca me sentí avergonzada porque fuese mi Presidente, y en más de una oportunidad entendí su razón o por lo menos su buena intención en las medidas adoptadas, así como su saber entender cuando debía frenar una decisión, como la idea de cambiar los restos de nuestro prócer de lugar. Personalmente poco me importa donde descansen los huesos de nadie, pues yo no creo que nuestros restos óseos tengan nada que ver con lo que fuimos en vida, sin embargo resultó evidente que la mayoría de los uruguayos rechazó la idea, y a pesar de que debido a la disciplina partidaria, en esta oportunidad obtuvo los votos para cambiar la ley y poder mover los restos de Artigas, demostró entender a su pueblo y frenó la acción. Ahora bien, existen personas en nuestro país, dispuestos a votar la fórmula presidencial que se postula por el oficialismo, y para ellos tengo yo el mayor respeto, pues si bien no solo no comparto esta posición, confieso me cuesta entenderla, resultaría un atrevimiento de mi parte no aceptar que las personas no necesariamente deben tener mi visión de la situación, y no me importa al respecto el porcentaje de mis conciudadanos que así piensen, si hubiese uno solo de los uruguayos convencidos que esto es lo que quieren para el país, para mi el respeto hacia esa persona va de suyo, pues si en algo estoy de acuerdo con Voltaire es en que puedo no compartir lo que alguien piensa pero estoy dispuesta a luchar para que pueda expresarlo. Lo que no logro entender es la agresividad, con que los veo buscar imponer esa posición. Obviamente no son todos, pero si lamentablemente son los más. Nos pasa en la cotidianidad de nuestras vidas, que ante la presencia de personas abiertamente dispuestas a esta postura, los que no pensamos así callamos si se está en una reunión, a efectos de no crear un momento incómodo, pues se sabe que la agresión es casi un hecho. Con muy pocas personas se puede hablar libremente, y obviamente se obtiene una sensación agradable cuando se da, pues da esperanzas poder disentir con respeto. Nos pasa en los medios de comunicación, en los cuales cuando se escribe un artículo criticando hechos o dichos, los comentarios de quienes votan a favor de la fórmula oficialista arrancan con los agravios personales. A veces me pregunto si la peculiar personalidad del candidato, quien agrede con insultos a los periodistas que se atreven a hacerle una pregunta incómoda, descalifica con groserías a sus adversarios políticos, y ha llegado a intentar tomarse a los puños con un contrincante, será la razón. Otras pienso que en el fondo saben que lo que están defendiendo es indefendible. No dejo de preguntarme, ¿cuál es el motivo de tanta agresividad? Al candidato blanco lo atacan por hechos ocurridos hace 15 años, al candidato del Partido Colorado por su padre, al candidato del Partido Independiente lo acusan de insustancial. Cuando como es lógico se saca a relucir el frondoso prontuario del candidato frenteamplista, llueven los insultos. En realidad algunos intentaron comenzar desvirtuando lo ocurrido, pero aun somos muchos quienes en aquellas épocas ya éramos lo suficientemente grandes para recordar claramente los hechos, entonces se pasa directamente a la descalificación grosera, volvemos a los 60 y somos fachos, o al mejor estilo del Presidente de Venezuela, se nos acusa de servidores del imperio, que imperio me pregunto, pues al día de hoy navegamos en un mundo indefinido, el Presidente Obama tiene demasiados problemas internos como para poder ocuparse de intrigas imperiales. Se nos califica de ser representantes de los “ricos”, aunque seamos pobres, “gorilas” aunque no seamos capaces de matar una mosca, “oligarcas” aunque vivamos de nuestro trabajo y este sea mucho y mal remunerado. En ningún caso se intenta ni siquiera aceptar, no ya comprender, que podamos tener una posición tan firme ante un candidato al que rechazamos desde la convicción republicana y democrática. No entiendo lo que le pasa a estas personas, pues suceda lo que suceda, que por el bien de todos, incluso aquellos dispuestos a votar al oficialismo, espero no sea el triunfo de esta fórmula, al otro día de las elecciones deberemos todos seguir trabajando, viviendo en las mismas casas, compartiendo tareas con los mismos compañeros de trabajo, viendo a los mismos vecinos, y teniendo los mismos familiares. Y me preocupa si ahora en la campaña la agresividad es de esta magnitud, que ocurrirá luego del escrutinio cuando sepamos al fin lo que el pueblo uruguayo libre y soberano, en la intimidad de su conciencia decidió con su voto, y tengamos definido quien será el futuro Presidente de los uruguayos. © Helena Arce para Informe Uruguay
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