"Haz de internet una gran plataforma de comunicación, no la conviertas en una cloaca de maldad." PreHacker Digital
 
Año III - Nº 158 - Uruguay, 25 de noviembre del 2005

 

A llorar al cuartito
El marsupial nos metió en la bolsa

* Luis Tappa
 

A lo largo de mi vida he visto cosas ridículas pero como lo que ha sucedido en este país con motivo de perder un partido de fútbol, es algo que no tiene parangón.

Hasta el propio Presidente uruguayo inicia un discurso sobre temas políticos, que evidentemente debe tratar asuntos serios y de real importancia para nuestro futuro, diciendo lo mal que se siente y que no es el mejor momento para empezar el día.

Realmente no podía creer lo que estaba escuchando, que el propio presidente de una país inicie su sesión del día diciendo que no se encuentra bien debido al estado emocional que le produjo la perdida de un partido de fútbol, porque palabra más o palabra menos, eso fue lo que quiso decir, ¡bueno!... solo en el Uruguay.

Me levanté cuando ya se había jugado el primer tiempo mientras en casa mi señora escuchaba el partido y mi hija roncaba a pata suelta, ya que la entrada a clases en los liceos se había postergado hasta la finalización del encuentro, ella aprovechó para dormir un rato más, se levanta todos los días a las 6,30 de la mañana, era lógico.

Muy mal ejemplo para nuestra juventud, hacerles notar que un partido de fútbol está por encima de las obligaciones que tienen como estudiantes, esta es otra de las formas de ir forjando la idiotez crónica en las mentes del educando.

Tomé el consabido "te" mañanero acompañado de un cigarrillo, e inmediatamente salí a hacer un mandado, cuando volví se estaban tirando penales y recién me entero de lo que estaba pasando.

Finalizado el partido con el resultado que todos conocen decidí recorrer el dial para escuchar los "sabrosos" comentarios que supuse que vendrían.

Es entonces cuando comienzo a escuchar toda suerte de bolazos, dramas y discursos, realizados todos con voz de circunstancia y tragedia.
Quien no supiera de qué se trataba todo esto podría suponer que habría ocurrido una catástrofe o vaya a saber que barbaridad estaba sucediendo.

Pero no, solo se trataba de que se había perdido un partido de fútbol.

Finalmente terminé escuchando, ya en horas de la tarde, un programa radial trasmitido en directo desde Australia por un conocido periodista deportivo.

Aquí también, largísimas peroratas y la tragedia revoloteando en el aire, almas destrozadas y espíritus hecho pelota, casi al borde del suicido diría yo, pero algo de positivo logre rescatar.

Este periodista, (Julio Ríos - CX30) entre tantas cosas, habló del nivel de vida de los australianos y de la maravilla que es ese país, también dijo que a la gran mayoría de la gente les importa un pepino el fútbol y que en la escala de valores este deporte debe ocupar un tercer o cuarto lugar en las preferencias de los australianos, festejaron en el momento quienes concurrieron al estadio, pero nada más.

También dijo que si hubieran perdido no hubiera pasado absolutamente nada ni se le hubiera dado mayor importancia al asunto.

O sea que para ellos simplemente se trataba de la contingencia natural del resultado de un juego, solo eso.

Es evidente que ellos están en otra cosa, viven en otro mundo, donde los resultados deportivos pueden tener su importancia, no lo dudo, pero no como para afectar a las personas u ocupar extensos espacios radiales o televisivos ni ponerse de duelo si se pierde, y menos aún por el fútbol.

Cuando los australianos llegaron a nuestro país fue necesario proporcionarles una fuerte custodia policial por temor a desmanes, así y todo fueron insultados a la salida del aeropuerto y también en más de algún lugar durante el trayecto al hotel donde se debían hospedar, el fanatismo en nuestro país alcanza niveles insospechados.

En Australia, cuando llegaron los nuestros no hubo custodia policial, no era necesario, nadie los iba a molestar, es más, creo que ni se enteraron de la llegada de nuestra delegación, y si se enteraron poca o ninguna importancia se les dio.

Son diferentes maneras de enfrentar situaciones, mientras unos luchan y se preocupan por su propio progreso y bienestar, y toman el deporte como lo que es, un simple entretenimiento, pasajero y circunstancial, nosotros vivimos atados a viejas ilusiones de triunfos deportivos y títulos que nada aportarán para mejorar nuestro nivel de vida, "cariños pasajeros, besos falsos de mujer" dijera el conocido tango.

Acá lo justificamos hablando de nuestra idiosincrasia, y si esto es así es una idiosincrasia estúpida, muy poca cosa para demostrar el orgullo de ser orientales y el amor hacia nuestro país, solo demostramos ser un pueblo de llorones.

¡Que poco orgullo y amor propio tenemos!

Un vecino me comentó que Fosatti se cubría el rostro con las manos, en un gesto de abatimiento o de rezo, cuando se iban a tirar los penales, si los jugadores lo vieron, poco ánimo debió infundirles, pero mientras tanto el "otro" director técnico permanecía imperturbable, sereno, seguro.

Mientras ellos se preocupan por vivir bien y sin "calentarse" por cuestiones deportivas, y menos por el fútbol, nosotros sufrimos y nos amargamos, o festejamos en incontrolables excesos que rayan en la intolerancia y la locura.

Había que escuchar los discursos, por momentos sentí hasta vergüenza ajena, escuché tanto llanto y justificaciones, acusaciones, reproches y culpabilidades, que me hacían rechinar los dientes.

En este país ¿todo se reduce a fútbol? ¿Es lo único que nos puede representar ante el mundo? ¿Es lo único que le podemos mostrar al mundo que sabemos hacer? ¿Hasta ahí llega nuestro orgullo?

Pues señores, si tuviéramos un poquito, apenas un poquito de orgullo y amor propio, no le daríamos tanta pelota a la pelota, y si perdemos un partido de fútbol, perdimos y... ¡punto! Sin darle más trascendencia de la que tiene o puede tener un simple juego, por más que se trate de clasificar a un mundial. ¡Al pito lo que el pito vale!

Luego lo de siempre, buscar cabezas de turcos, que lo que se hizo o se dejo de hacer, que lo que se debería haber hecho pero no se hizo, que lo que ayer estaba bien hoy está mal, y un montón de gansadas más... y llorar, y llorar, y llorar.
¡Que poca hombría, que poco orgullo! Le hemos mostrado al mundo como sufrimos y como lloramos.

¿Se perdió? Bueno... ¡a otra cosa señores! Se terminó, no se puede asumir esa actitud de tragedia, y los periodistas deportivos tampoco deberían continuar trasmitiendo a la gente esa desazón y ese malestar que provoca un deprimente estado de ánimo o una visión tan alejada de la realidad de un país. No se puede inducir a la gente a pensar que porque no nos clasificamos a un mundial de fútbol somos poco menos que unos fracasados, perdedores o inútiles.

¿Acaso Australia no tenía derecho a concurrir al mundial? ¿Acaso se les regaló algo? ¡NO!, se lo ganaron por derecho propio porque a la hora de la verdad fueron mejores que nosotros.

Entonces seamos honestos con nosotros mismos, para saber ganar primero hay que saber perder, reconozcamos la derrota felicitemos al rival y no le demos más vueltas a la tuerca ni sigamos buscando cabezas para arrancar.

En nuestro país se da un caso muy extraño, y es que aparentemente todo depende de nosotros, porque da la sensación que nunca jugamos contra nadie y en la cancha hay solo 11 jugadores, los nuestros, los demás no cuentan, no están o no existen, y si perdemos es porque jugamos mal, no se puso a tal o cual jugador, el técnico estuvo mal o el juez chorro nos robó.

Increíblemente tenemos la costumbre de pensar que nadie nos gana por méritos propios, por el contrario, siempre pensamos que somos nosotros los que perdemos y no los rivales quienes nos ganan. ¿Esto también es parte de nuestra idiosincrasia?

Cuando ganamos algún partido, o un campeonato una vez cada mil años, ¡oh casualidad! tampoco lo logramos porque jugamos mejor, ¡fue debido a la vieja garra charrúa!

La estupidez, ignorancia, fanatismo y ceguera, ¿también son parte de nuestra idiosincrasia?

Pues permítaseme decir que es muy poco y muy pobre lo nuestro.

Ya cercanos a los doscientos años de la existencia de nuestro país todavía no hemos aprendido a vivir, y nos hemos ido pasando de padres a hijos un filosofía de vida donde el mate, el tamboril y la pelota son el "lev motiv" de nuestra existencia.

No nos da la inteligencia para mirar un poquitito más allá y darnos cuenta de que hay cosas mucho más importantes, y que el fútbol es solo un gran negocio que manejan más de cuatro "vivos", que siempre ganarán sin importar los resultados.
La gente, por su solo gusto asume pasajeras alegrías o largas penas, mientras otros se llenan los bolsillos... ¡se gane o se pierda!

Hace dos semanas que no se escucha hablar de otra cosa y se siguen buscando justificaciones o tratando de encontrar explicaciones para algo que no la tiene.

Entonces no lloremos más, y tomemos el fútbol como lo que es, solamente un juego para algunos y un negocio para otros.

Y no tolero a estos señores periodistas deportivos que generalizan el sufrimiento cuando hablan de la amargura del pueblo uruguayo, porque yo no estoy ni triste, ni amargado por no haber clasificado al mundial, tengo demasiadas cosa que agradecerle a la vida como para preocuparme por estupideces, tampoco creo ser el único.

Y no es que no quiera a mi país, tal vez lo quiera más que ellos, pero tengo un sentido más profundo de la palabra patria y este no pasa por el color de una camiseta, ni el amor a mi tierra cabe dentro de una pelota de fútbol.

Esto daría para mucho si entramos a profundizar en el tema, sobre todo si nos ponemos a hablar del periodismo deportivo... ¡dejémosla ahí!

¡Despierten uruguayos... despierten!