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Un problema de todos
Por Gonzalo De Murga
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Los tiempos actuales requieren un cambio substancial en varios aspectos de nuestra legislación vigente y sin temor a equivocarme, considero que hoy un menor a sus 15 anos de edad, posee la madurez necesaria para discernir perfectamente lo que esta bien de lo que esta mal. Establecido esto, el modificar la mayoría de edad actualmente situada en 18 anos a 15 anos como mínimo dotara a la justicia y a las fuerzas del orden de un código que permita la acción efectiva contra tanta tropelía conducida por adolescentes de edades que oscilan precisamente entre los 15 y 18 anos es a mi juicio algo tan urgente como mandatorio.
De lo contrario y de continuar en el rumbo en que vamos, donde por demás es sabido que vamos muy mal, sabemos que seguiremos a peor.
Para ser mas claro podemos decir que si no se agarra el toro por las guampas hoy, después será muy tarde.
Es preocupante realmente que el país este pasando por esta triste situación, en parte atribuible a una legislación a mi entender inadecuada al presente, en parte atribuible también a una situación económica global que tiende cada vez a marcar mas las diferencias sociales entre personas y en parte también a la muy tradicional y nuestra costumbre de oponerse a cualquier cambio, solo por el temor de enfrentarse a algo nuevo, que conduce a ignorar el bosque por solo mirar un árbol.
En mi opinión...la única y verdadera solución es aplicar ley y orden con mano férrea.
Los derechos humanos de todos los ciudadanos se deben respetar, de eso no tengo ninguna duda, pero a mi criterio tienen justificada y absoluta prioridad los derechos de la gente honrada y trabajadora que trata de sobrellevar una vida normal, a pesar de las muchas dificultades del presente, que a diario se ve molestada o agredida, que hoy día vive insegura debido a lo que le pueda ocurrir y la suerte que puedan llevar los bienes que con su trabajo ha podido acumular para dotar de un cierto nivel de confort a su familia.
Nuestra policía debe ser respetada como autoridad y para que ello suceda en tiempo y espacio deberán cambiar las reglas del juego.
Se debe terminar con el problema de los "menores intocables" definitivamente y eso es a mi juicio, algo totalmente impostergable.
La excusa gastada de un padre o tutor que no puede vigilar a sus hijos porque trabaja durante todo el día lejos de ellos tampoco me es válida.
Mi padre trabajaba mucho, y aunque siempre me inculco su buen ejemplo, no puedo negar que alguna vez me tuvo que ir a buscar a una comisaría, y allí el comisario hablo con el, y luego mi padre me hablo a mi, y me hablo en términos muy sencillos.
Y quedó más que claro que si esos hechos sucedían otra vez podría llegar a ir a un instituto del Consejo del Niño (el INAME o INAU de 30 anos atrás) y me adelantó como seria la historia, y&a buen entendedor pocas palabras bastan...nunca más!!
Aprendí así las reglas simples de la convivencia en sociedad&que nada era fácil en la vida...pero que con trabajo se lograban cosas...y de a poco se podía avanzar. Aprendí a aprovechar las ventajas que se me ofrecían, de educarme y de aprender un oficio con el cual competir en un mercado laboral y así fue sucediendo, un poco aquí, otro poco mas allá. Y debo decir que esas oportunidades me fueron ofrecidas gratuitamente por el sistema de educación pública de mi país, algo que todavía hoy es motivo de asombro entre mis colegas de trabajo, quienes proceden de diversos países del mundo, donde carreras técnico-profesionales siguen siendo muy costosas, salvo en los casos que los gobiernos proveen estas a los integrantes de sus fuerzas armadas.
Nuestra sociedad atraviesa hoy un periodo de cambios, pero si dejamos que los cambios se sucedan sin lograr que prevalezca el orden, entonces estaremos dando a nuestros jóvenes un rumbo incierto, con parámetros inexistentes, pleno de erróneos ejemplos y estableciendo libertades arbitrarias e incorrectas.
Los cambios se deben asimilar si pero de a cuerdo a ciertos cánones que deben situarse entre las libertades de unos y el respeto a los derechos de otros. Solo se logran resultados positivos.
Si esas líneas no se delimitan con precisión y claridad meridiana, entonces el rumbo resultara errado y el destino no será otro que el caótico.
Es allí donde nuestros legisladores deberán entrar en juego, a mi entender ellos son quienes tienen el deber y la responsabilidad de atacar el problema en su parte medular, buscando las soluciones acordes, para que jueces y fuerzas del orden puedan actuar de forma efectiva contra este problema.
Una de las primeras leyes que se debería establecer y aprobar en nuestro país es la de prohibir beber bebidas alcohólicas en la vía pública. Así de simple y para terminar con buena parte del desorden que se observa hoy entre adolescentes durante noches y madrugadas en plazas y parques de nuestro medio.
Y no dudo que en cuanto se aplique debidamente la mano dura de la ley sobre unos cuantos inescrupulosos, muchos otros restantes se plantearan muy seriamente sus futuras acciones, pues tendrán muy claro que les tocara rendir cuentas a la justicia y pagar por ello.
Y no será solo entrar por una puerta de la seccional para salir al poco rato por la otra como se ha hecho en algunos casos hasta hoy.
Sabrán que la sociedad en la cual no han podido encontrar su lugar como personas correctas, honestas y respetuosas de la ley, representada por los magistrados actuantes, le aplicaran sanciones con el rigor requerido del caso que les impedirá continuar con tropelías, y en casos mas graves deberán rehabilitarse en un centro correccional.
Y es ahí donde nos encontramos en serias dificultades otra vez, porque hoy día un establecimiento de rehabilitación (más tristemente conocido como cárcel) casi podría compararse con una universidad especializada en formar delincuentes. Sean estas personas menores o mayores de edad, la rehabilitación estará condicionada a muchos factores y sin temor a equivocarme, creo que actualmente resulta en muchos casos, bastante peor el remedio que la enfermedad.
Aunque hay casos y situaciones bastante diferentes, la mayoría de los establecimientos distan de lo que deberían ser, debido a capacidad, presupuestos y un montón de cosas mas que están fuera del alcance de esta nota.
Por norma general quien es procesado con prisión, casi siempre termina en un espiral social descendente del que le es muy difícil salir por una infinidad sucesiva de situaciones.
Y esto no es para nada algo nuevo, Víctor Hugo en su novela "Los Miserables" describía como en el siglo XIX era ya un problema muy serio el rehabilitar personas en cárceles.
Y vemos tanto en esa obra literaria como en el presente, que casi siempre la propia sociedad es quien cierra las puertas a aquellos que cumplieron su condena y buscan su reinserción en la misma. Miedos y temores adicionados a una cierta apatía al asunto y suman muchas las personas indiferentes ante este proceso social que no es nuevo, pero que se multiplica.
El apoyo de todos los ciudadanos como integrantes activos de una sociedad a los patronatos, e inclusive a las propias instituciones de rehabilitación tanto de menores como de personas mayores de edad, es más que necesario para poder combatir el problema.
Resulta evidente que la labor del estado a través de esas instituciones de rehabilitación nunca será lo suficientemente adecuada para atender cada caso en particular, ni podrá evaluar pormenorizadamente los muy diversos aspectos complejos que cada situación traerá aparejada.
Resulta también poco coherente que un estado se vea obligado a invertir en costosas estructuras correccionales, restando de esa forma posibilidades de inversión en otras áreas donde pobladores de menguados recursos económicos, trabajadores y respetuosos de las leyes esperan pacientemente, mientras se postergan en el tiempo una y otra vez sus aspiraciones.
Es necesario lograr un balance a ambas situaciones, puesto que las dos son valederas, y ambas se relacionan entre si en un complejo marco socioeconómico - educacional.
Si alguien erró su camino, seguramente no fue por propia voluntad, sino que la mayoría de las veces actúan en su contra diversos problemas tanto de índole social como también muy diversos factores económicos.
Apremiado por circunstancias difíciles, podría aquella persona ver en un acto delictivo una salida a sus problemas, cuando en realidad eso le llevara a empeorar aun más su situación.
La rehabilitación se conseguirá solo con educación esmerada, brindándole al individuo la oportunidad del aprendizaje de un simple oficio o profesión, algo que si le permita comenzar una vida nueva, de sentirse útil y de poder producir, generando a la vez su propio sustento dándole un lugar en la sociedad, eliminando así un sentimiento mezclado de exclusión, de resentimiento y de frustración que esta persona ha acumulado por diversos factores y sucesos condicionantes de su vida.
En un mercado donde las posibilidades de obtener trabajo son actualmente ya bastante complicadas, no resulta difícil imaginar que para alguien que tenga estos problemas citados anteriormente, las posibilidades de logarlo serán aun mas remotas. Y eso sucede no solo en nuestro país, sino en todo el resto del mundo.
Y en este aspecto será fundamental prevenir a nuestros jóvenes claramente y para que tomen conciencia, de que su conducta equivocada del presente seguramente se reflejara en su futuro y nunca como algo positivo.
Concluyo en que muy poco podrá avanzar en el difícil proceso de reinserción social, alguien que no cuente con el apoyo de la sociedad entera, y que a través de los patronatos de reinserción, su personal pueda asesorarle y ayudarle a comenzar de nuevo.
Debemos preguntarnos si será este entonces ese el eslabón perdido.
Reformar la legislación actualizándola, no para castigar sino para corregir, pero en forma eficiente y severa, educando y brindando las oportunidades a quienes por diversas causas en su momento o no las tuvieron, o no supieron aprovecharlas.
En el caso particular de los menores de edad, el tema es aun mucho más sensitivo y delicado, pues se debe evaluar no solo a la persona en cuestión, sino a su entorno familiar, junto con las condicionantes socioeconómicas y educacionales que serán factores determinantes en la solución de ese difícil y complejo problema.
Cuenta el estado también con otra arma muy efectiva aunque no siempre suficiente, que son los trabajadores sociales, quienes enfrentan día tras día la titánica tarea de asesorar, aconsejar e informar a padres o tutores en los variados y diversos aspectos de como educar y también como afrontar los difíciles situaciones y problemas a los que muchas veces se ven expuestos los menores a su cargo.
En mi opinión, además de modificar la legislación sobre este asunto, paralelamente debemos de brindar todo el apoyo a estas instituciones para lograr que cumplan su objetivo en forma eficiente, efectiva y provechosa.
Instalaciones acordes, suficientes profesionales y educadores, además de dotar a los patronatos de reinserción de todos los elementos necesarios para que puedan brindar la asistencia requerida en materia laboral a aquellas personas que alguna vez equivocaron su camino y que hoy quieren retomar la senda correcta, es tarea que concierne a nuestra sociedad en pleno, pues de lo contrario seguiremos corriendo en círculos sin lograr avanzar nada absolutamente.
No creo que debamos esperar otra respuesta a este problema más que la de nosotros mismos. El problema nos atañe a todos y la solución del mismo también.
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