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De ñatos y goyos
por Javier García |
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Durante algunas horas, el jueves nos visitó el pasado. Lo empujan con la fuerza de quienes sólo en él pueden justificar su existencia.
Hace pocas horas algunos quisieron llevarnos, a empujones, a su museo. Este de la invitación es penoso y es sólo visitado por aquellos que sólo pueden justificar la existencia del presente si nos arrastran a todos al pasado.
El jueves conocimos una carta de varios ex comandantes del Ejército que tuvo una repercusión desmedida y sólo justificada si no se la interpretaba en su contexto adecuadamente. Las horas inmediatas a su aparición generaron una expectativa que no se compadecía con su contenido.
Estábamos frente a una nota firmada por ex tenientes generales, todos de período democrático y que en la época de la dictadura ejercieron cargos de rango inferior, haciéndose responsables de lo actuado por integrantes de un Ejército que cuando sucedieron los hechos no comandaban ni de cerca. Salvo uno, Gregorio Alvarez, autor, se dice, intelectual de la nota e impulsor de la firma de todos los demás. Por algo será que estaba tan interesado.
La mencionada carta fue un manifiesto político sin consecuencia ninguna. Así debió haberse leído de inmediato, acostumbrados a que en un Estado de Derecho todos, salvo las prohibiciones legales que inhiben a los militares en actividad a incursionar en política, podemos expresar nuestras ideas libremente.
No obstante ello, dos apodos se apoderaron de la escena en esas horas, uno fue "Goyo" y otro "Ñato".
Vimos en los medios a uno de ellos, el dictador, hablar con la soberbia típica de quien ni sabe ni entiende de libertades y menos de respeto y humildades, ya no de arrepentimientos porque esto sólo lo puede hacer un ser inteligente. No es un tema de preferir caer de espaldas que de rodillas de acuerdo a la metáfora que usó, sino de callarse la boca en honor a un Uruguay libre que mancilló cuando usurpó el gobierno.
También escuchamos el apodo "Ñato", éste es senador por obra del Uruguay libre, que él también mancilló. Lo escuchamos argumentar el mismo jueves que él estuvo preso y por lo tanto ya había pagado lo hecho y que su contendor, el "Goyo", no lo estuvo nunca. El senador no entendió que éste no fue un partido mano a mano, y las cuentas no se las adeudan entre ellos, sino que las pagamos todos los uruguayos durante doce años. Ellos nos metieron en eso, uno con sus amigos y otro ensuciando la tradición constitucionalista de nuestras fuerzas armadas. Uno pretendía tomar el gobierno, y otro simplemente lo tomó por asalto, los dos fuera de ley.
Cada uno odió la libertad a su manera, pero la libertad era nuestra, y se creyeron que sobre ella tenían derecho de pernada.
El intento por arrastrarnos es creciente y el gobierno deberá decidir en un futuro cercano si está dispuesto a permitirlo. No es casualidad que el grupo del senador piense impulsar la anulación de la Ley de Caducidad y simultáneamente en la carta mencionada los ex comandantes hablen de que la misma no tuvo éxito. Vaya coincidencia de aquellos que con cierto protocolo se refieren entre ellos como "combatientes", pero son, además, contertulios del Club Naval.
Wilson es ahora, nuevamente, cuestionado en su sacrificio por quienes necesitan del enfrentamiento de hace cuarenta años. Cuarenta años. Nos atenazaron antes, y nos quieren atenazar ahora.
Goyos y Ñatos aparecen distantes, pero están bien cerca y nos invitan a su museo. Es hora de que se queden solos, bien solos.
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