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Año III - Nº 145 - Uruguay, 26 de agosto del 2005

 
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Aclaraciones y Repercusiones
acerca de los Consejos de Salarios

* Roberto Bogorja

 

A esta altura podemos decir que la labor de los Consejos de Salarios se ha cumplido, pero creemos que han sido muchas las dudas que han quedado sin contestar, tanto para uno como para otra parte. Intentaremos despejarlas.

Los Consejos de Salarios no son un instrumento nuevo, por el contrario son un producto de los años 40, creados con la finalidad de establecer un marco de negociación entre obreros y empleadores, bajo la presencia estatal como juez entre ambos y también como ejecutor de las macro políticas económicas a nivel nacional. Este instrumento rigió durante muchos años las relaciones laborales, fundamentalmente en el ámbito salarial, pero también en el concerniente a pautas de trabajo. Marcando las llamadas "categorías", es decir estableciendo las distintas funciones a realizar en cada grupo de trabajo y sus limitaciones. Esto no impidió, en el pasado, que igual se produjeran conflictos entre empleador y empleado, ya sea a nivel particular de una empresa o en general, tanto en un gremio como en toda la actividad.

Los Consejos de Salarios, fueron suplantados en la época del gobierno de facto, pues al no existir una representación sindical, todo el marco de negociación no pudo existir y se pasó directamente a que el Poder Ejecutivo estableciese las pautas remunerativas por decreto, estableciendo porcentajes de aumento de salarios, en función de las categorías fijadas con anterioridad, y para el mínimo.

Con el advenimiento de la democracia, durante la segunda mitad de la década de los ochenta, se vuelven a convocar los Consejos de Salarios, como forma de establecer una nueva regulación de las relaciones laborales, y con ello mediante la llamada "concertación", evitar la conflictitividad laboral. Es en ese entonces que se producen, mediante acuerdos, nuevos grupos y categorizaciones laborales. Si bien, tampoco en esa oportunidad lograron ser un instrumento útil para evitar los conflictos. Finalmente es hacia mediados de los años 90, en que pierden fuerza estos Consejos Saláriales, en función de que la libre competencia entre las diversas empresas, y en particular de cara al mercado exterior, ya sea a través del MERCOSUR o de otras metas, hacen que las empresas deban contar con un marco más flexible para lograr costos adecuados que les permitan llegar con precios competitivos.

Por tanto las primeras reflexiones que deberían presentarse son si los Consejos de Salarios, como elementos reguladores, se corresponden con los de una economía abierta o no; mientras que en segunda instancia es preguntarse si los mismos dan como resultado la paz entre los distintos actores productivos económicos.

Sí entendemos que ya cumple con dos efectos importantes. El primero es que sirven para poder establecer pautas que permitan una ordenación de las finanzas del Estado, y por otra parte en particular dentro de una filosofía de gobierno dirigista. Con esto no estamos indicando que por ser este un gobierno de orientación de izquierda, tenga que cumplir con lo que se llamó la economía dirigista propiciada en los países comunistas, pues también los gobiernos "batllistas" hicieron fuerte alarde de estos instrumentos y de un dirigismo de la economía nacional, al que se le llamó el "Estado Paternalista".

Como segundo punto a favor hemos de nombrar al de establecer pautas de retribución y no dejar a la mano del voluntarismo de los empleadores, o la fuerza de los empleados, para poder obtener mejoras en sus retribuciones.

Todos sabemos que en momentos en que buscamos competitividad, en un país como el nuestro, una de las variables que más se "toca" y por tanto sufre en mayor medida es el salario.

Y cuando nos referimos a "un país como el nuestro", lo hacemos en función de las siguientes características: no existe un fuerte mercado interno; somos fundamentalmente productores de comodities, es decir productos primarios o de bajo valor agregado; también de servicios no mayormente productivos, por la misma razón de no agregar valor en el proceso (como se produce en el turismo, el reprocesado, u otras ramas), sino que realizamos fundamentalmente intermediación comercial y servicios de administración, con escasa participación de especialistas. Por tanto en su mayoría no necesitamos de mano de obra o personal altamente calificado, y eso lleva a que no se requiera pagar altas sumas en busca de la excelencia, nos conformamos con personal mediocre, aunque solicitemos lo mejor dentro de esa media.

¿Cuál es la repercusión de todo esto? Sin duda es que durante años en que el salario fue bajo, repercutió en una espiral decreciente que nos ha llevado a la actual situación. Baja o congelamiento de salarios, conllevan a un menor poder adquisitivo de la gente. Esto se refleja en que el mercado se reduce pues la gente no puede comprar, o se vende a menos precio para que el público pueda seguir haciéndolo.

Para poder vender a menos precio, se deben bajar alguno o todos de los componentes básicos, es decir materias primas, salarios, ganancias o contribución con el Estado (impuestos). En Uruguay, debido al enorme endeudamiento este último factor siguió aumentando pues el Estado debe recaudar más para hacer frente a los pagos de deuda, pero también a un creciente e ineficiente aparato burocrático, que en lugar de optimizarlo y reducir los gastos innecesarios, sólo atinó a recortar inversiones y seguir gastando más. Por supuesto al reducir inversiones produjo también una falta de demanda en el mercado y con ello rescisión. Las materias primas, en su mayoría siguieron en aumento, pues los insumos energéticos fueron aumentados como forma de mayor recaudación estatal, y los otros los importados crecieron en sus costos luego de la devaluación. Por tanto para reducir los costos los empresarios sólo podían tocar otra vez más los salarios o sus ganancias, y tocaron a ambas variables, reduciéndolas aún más.

La otra forma de poder seguir participando en el mercado fue la de sustituir una producción cara por una más barata, es decir importar los mismos productos. El corolario de ello, es que quienes trabajaban en esas industrias se quedaron sin empleo, y por tanto el remedio no sirvió. Menos gente trabajando, son menos consumidores y si encima los que lo hacen están mal pagos, el resultado es simplemente una permanente reducción del mercado interno.

¿Cómo se rompe este círculo vicioso, afectando lo menos posible? Por una parte incrementando los niveles saláriales, también generando empleo genuino y productivo. Pero para ello el empresario medio que ya ha visto disminuida sus ganancias, tras varios años de crisis, hoy no cuenta con recursos propios que le permitan absorber esos aumentos saláriales. Por tanto va a terminar volcándolo a los precios, con escalada inflacionaria, que en poco tiempo va a menguar los aumentos que reciba el empleado; en su defecto cerrando su negocio por no poder absorber esos costos, y así produciendo más desempleo. Por tanto sólo existen dos variables que sí permitirían lograr esa reactivación, la primera es aumentar el mercado mediante la exportación, es decir lograr ingresos desde otros mercados, la otra es la baja de los impuestos, ambas están en manos del Gobierno. La primera está supeditada a los precios internacionales, y por tanto debemos ser competitivos. Si encarecemos nuestra producción, no vamos a poder entrar en ningún mercado (y aquí habría otro factor a considerar que es la relación del valor del dólar, no vamos a entrar hoy en ello). La segunda, dependerá exclusivamente de la política económica que aplique el nuevo Gobierno, y por lo que se ha visto no pasa de meras especulaciones y sí de mayor represión recaudatoria.

Por tanto los próximos serán tiempos difíciles para nuestra economía.