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Año III - Nº 145 - Uruguay, 26 de agosto del 2005

 
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Los Stones exhiben una vuelta a los orígenes en el primer concierto de su nueva gira
* JOSÉ LUIS DE HARO

El grupo británico tocó ante 36.000 espectadores, entre los que se hallaba el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

Los sexagenarios Rolling Stones emprendieron una nueva batalla sobre el escenario del histórico Fenway Park en Boston, donde la noche del pasado domingo iniciaron ante el entusiasmo de 36.000 espectadores su nueva gira, A bigger bang tour, el mismo nombre del álbum que saldrá a la venta el 6 de septiembre.

Mick Jagger, que demostró estar en plena forma a sus 62 años

Con el característico contoneo de sus caderas y al grito de Start me up, Mick Jagger y la legendaria banda se embarcaban en su vuelta a los escenarios, no exenta de polémica. Para los Rolling Stones, envejecer es rentable y para el público, toda una recompensa. El arranque de la gira número 31 del grupo fue la confirmación de que los Rolling Stones, pasada ya la barrera de los 60 años, no han perdido ni un ápice de su energía en directo desde sus comienzos hace ya unos cuarenta.

Con puntualidad inglesa y aprovechando la caída del sol, los cantos rodados se dejaron caer sobre un escenario que fácilmente podría recordar los teatros londinenses de la época isabelina o las corralas españolas del siglo XIX, pero aderezado con el poder de las nuevas tecnologías audiovisuales que pueden albergar los más de setenta camiones necesarios para transportarlo a lo largo y ancho de Estados Unidos. El escenario mide casi 100 metros de ancho y 27 de alto, y pesa 300 toneladas. Para su montaje ha sido necesaria la intervención de 265 operarios. El grupo inicia una gira que le llevará por 37 ciudades.

Un osado Mick Jagger, de 62 años, se atrevía a vestir transparencias y a incitar a los allí congregados con su You got me rocking, mientras Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts engrasaban una maquinaria que al principio no terminaba de convencer a todo el público, pero que finalmente consiguió calentar motores y aumentar la complicidad del ya de por sí hierático público estadounidense.

Sir Mick Jagger explicó, tras saludar con exquisita educación inglesa a las miles de personas que allí se congregaron, que el motivo principal de comenzar su gira en Boston residía en que ésta es una ciudad de campeones. "Es porque tenéis a los Patriots, que han ganado la Superbowl, y a los Red Sox, que son líderes mundiales del béisbol. Sois unos ganadores y estamos felices de estar de vuelta", dijo Jagger.

El sonido de los Stones puede ser clásico, pero sigue resultando atractivo.

Prueba de ello fue el éxito de Rough justice,una de las canciones de su nuevo álbum. Los Rolling Stones demostraron en el breve destape de su nuevo material una vuelta a sus orígenes que terminó de confirmarse cuando el grupo ofreció un digno homenaje al músico Ray Charles, recientemente fallecido.

Pero además durante los cambios de vestuario del coqueto Jagger hubo también tiempo para apreciar las dotes de solista de Keith Richards, quien no titubeó ni un momento y amenizó al público con dos canciones, The worst e Infamy.Más tarde, Mick Jagger se aseguró de que todo el mundo se sintiera como en casa, incluido el gobernador de California, el antiguo actor Arnold Schwarzenegger, que fue blanco de protestas por su propuesta de cobrar 100.000 dólares por el privilegio de acceder al concierto desde una de las butacas de su palco.

Con esta iniciativa, el gobernador concluía una campaña multiestatal de recaudación de fondos con vista a las elecciones especiales de noviembre en California. Una práctica que no sentó muy bien a buena parte del público, que no dudó en abuchearle cuando oyó por los altavoces el nombre del gobernador. Mick Jagger bromeó y dijo: "Creo que ha venido a vernos alguien de California". Después señaló: "Quiere vender camisetas y gorras". Pero no tocó la politizada canción Sweet neocon,una sátira contra la Administración Bush.

Dejando polémicas aparte, el momento cumbre del concierto tuvo lugar cuando morritos Jagger agradó al público con su Satisfaction,mientras los miembros de seguridad se aseguraban de que algunas personas no pudieran atender sus deseos más inocentes de encender un cigarrillo, y es que las leyes antitabaco en vigor en Estados Unidos no se ha-cen eco de las letras de los Rolling Stones.

El concierto contó con una gran cantidad de público maduro, que endulzó la actuación según algunos asistentes y que supuso el alistamiento de nuevos incondicionales. Mientras Stephanie, de 23 años, afirmaba que fue su padre quien le regaló las entradas para el concierto, una mujer de 52 años afirmaba que había visto a la banda diez años atrás y que ahora eran incluso mejores que entonces.

Entre las 22 canciones desgrana-das a los largo de dos horas, los Rolling Stones hicieron un repaso a su carrera y, además de los temas citados, sonaron Beast of Burden,el nuevo Oh no, not you again,Honky tonk woman.Jumpin´Jack flash,Sympathy for the devil (subrayada por el resplandor de llamas surgidas desde la cima del escenario), y finalmente Brown sugar.Pero el público no se quería ir y pedía más. Los Rolling Stones, en la parte de las propinas, incluyeron más temas, entre ellos You can´t always get what you want,con la multitud que a duras penas podía corear "but if you try sometimes, you get what you need."

El punto negro de la noche tuvo lugar cuando una asistente al concierto cayó desde una de las gradas y tuvo que ser rescatada y atendida por los servicios sanitarios. La muchacha, de 20 años, se rompió varios huesos tras su caída de una altura de entre 11 y 13 metros.

Con un sonido impecable, aunque con los decibelios controlados por técnicos del Ayuntamiento de Boston y alguna que otra equivocación en la coordinación de la banda, los Rolling Stones se despidieron con la sencillez que les ha convertido en una banda mítica... y es que es sólo rock and roll pero gusta.