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La contaminación argentina
de todos los días
* Pedro Hernández
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"No busques la paja en el ojo ajeno,
sin antes encontrar la viga en el tuyo"
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Se habla mucho en los medios argentinos de las Plantas procesadoras de celulosa que se están instalando en nuestro país.
Los cortes de los puentes internacionales que impiden el paso de los ciudadanos y mercaderías hacia el Uruguay se vienen incrementando diariamente.
Sin embargo, Argentina mira hacia afuera y no hacia adentro. La brutal contaminación ambiental que éste país viene realizando por décadas, está cruelmente reflejado en un documental publicado en un Informe Especial del multimedio Clarín. El Uruguay no está llevando adelante estas obras, ignorando los riesgos, como se quiere hacer aparecer por cierto enfoque fundamentalista e interesado. Montevideo tiene contaminados los Arroyos Miguelete y Pantanoso. No hay industria que no contamine en mayor o menor grado. Pero el factor de mayor contaminación es el modelo de economía que lleva el mundo adelante. El otro vector de contaminación gravísimo - fruto del modelo - en estos países, lo constituye la pobreza y ahí los ambientalistas no están ejerciendo la misma presión, ante situaciones más degradantes.
La pobreza de millones no está en la agenda de los ambientalistas. La pobreza se combate generando más puestos de trabajo. Queda muy claro que Argentina no se tiene autoridad para intervenir y decir lo que debemos hacer nosotros. Uruguay ha ofrecido la creación de una comisión mixta de control de los efluentes y también ha solicitado a las Naciones Unidas apoyo para que ese control sea eficaz.
Vale decir hay una voluntad política desde el gobierno Nacional de controlar y proteger el medio ambiente, como no lo hubo hasta ahora ni en Argentina ni en Uruguay.
No podemos aceptar que personas "manijeadas" y manejadas, induzcan a pensar que al Uruguay no le importa el Río Uruguay, ni Fray Bentos, ni todo lo que sigue para el Sur. Todo lo contrario. Eso es lo que se pretende hacer creer por minorías que no tienen soluciones para la pobreza, que eso sí es un verdadero atentado ambiental. En pocas palabras, potenciemos la calidad de los controles y apostemos a aumentar la riqueza para nuestros pueblos.
No podemos seguir aceptando el fatalismo de que no es posible controlar.
Este informe que presentamos no pretende decir, si ellos contaminan mucho de que se quejan. Por lo contrario, quiere mostrar la verdadera realidad y la distancia con cierto discurso que pretende tener la verdad revelada. Esa manera de proceder nos ha traído mucho dolor a todos.
Debemos socializar la información y las discrepancias en el marco del más irrestricto respeto de los derechos que cada uno tiene, no actuando con impunidad. Este camino conduce a rencores en el marco de un manejo cargado de irracionalidad. No se lo merecen nuestros pueblos.
25 de Enero de 2006.
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