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Año III - Nº 166
Uruguay, 27 de enero del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

China: Apertura económica,
censura ideológica

* Danny Luque
   

Cuando el siglo XX agonizaba, en 1999,Thomas Friedman, uno de los columnistas del New York Times que ha desarrollado el tema de la globalización, se sintió animado a avizorar, en su libro "El lexus y el olivo",que fuerzas democratizadoras aniquilarían cualquier régimen que no fuera abierto, transparente y democrático.

Hablaba, por supuesto, de las comunicaciones y de las finanzas globales. Internet formaba parte de una de las fuerzas a la que aludía este periodista estadounidense, quien obtuvo en dos ocasiones el premio Pulitzer.
La realidad pareciera empeñada en echar por el piso esa teoría.

Entre los 32 periodistas y 62 ciberdisidentes presos en China, que denunció la organización no gubernamental Reporteros Sin Fronteras en su reciente informe del 4 de Enero del 2006, llama la atención el caso de Shi Tao.

Vale la pena contar su historia.

El 20 de Abril del año 2004, este periodista de la revista Dangdai Shang Bao (Noticias Económicas Contemporáneas), ubicada en la provincia de Hunan, participó en una reunión del consejo Editorial de ese medio. Allí fue leída una comunicación del Comité Central del Partido Comunista.

Se advertía en ese informe sobre el peligro de inestabilidad social, con motivo de que algunos disidentes regresaran la país para rendirle homenaje a los caídos en el quinceavo aniversario de los sucesos de la plaza Tiananmen, ocurridos un 4 de Junio de 1989.Cabe contextualizar aquí que la censura se ha reforzado desde la llegada de Hu Jintao al poder en Septiembre del 2004, ante el pánico de perder el control sobre una sociedad que transita por momentos paradójicos de expansión y crisis. O, si se quiere, de liberalización económica y autoritarismo político.

Esa misma noche del 20 de Abril, Shi Tao regresó a su oficina y envió un correo electrónico, desde su dirección personal, a un contacto de una organización de derechos humanos en Estados Unidos, Forum Democrático, quién colgó todos los datos en la página web de esa ONG. Esa información alertaba sobre los nuevos peligros que corría la libertad en China.

Siete días más tarde Shi Tao era condenado a 10 años de cárcel por divulgar "secretos de estado" hacia el extranjero. Desde entonces se encuentra recluido en el centro de detención de Changsha, en la provincia de Hunan, al sur de Pekín.

Lo curioso de esta condena (un boomerang que pareciera partirle los dientes a Friedman) es que el gobierno de China accedió a la información que incrimina a Shi Tao de 37 años de edad, con la colaboración de una empresa extranjera: Yahoo. Sus empleados entregaron la dirección IP de Tao (donde se encuentran registrados todos los números de teléfonos) desde donde se envió el correo electrónico.

Las palabras de Thomas Friedman en "El lexus y el olivo" analizaban las tensiones que se producirían entre los mercados globales y las tecnologías emergentes, y las identidades culturales locales.

"Gracias a los discos de satélite, Internet y la televisión, ahora podemos entrever, oír y ver a través de casi todas las murallas imaginables.....nadie es dueño de Internet, es totalmente descentralizada, nadie puede desactivarla.....China tendrá una prensa libre....O los líderes chinos no lo saben todavía, pero los están empujando derechito en esa dirección...Dentro de algunos años cada ciudadano del mundo podrá comparar entre su gobierno y aquél del país vecino".El entusiasmo se respiraba desde lejos.

Pero esta teoría de Friedman de 1999 no tomó en cuenta a tres tipos de intermediarios, que terminarían por controlar la libertad en Internet. Los gobiernos: consideran que la información en manos de la sociedad civil es peligrosa.

Los anunciantes: están dispuestos a vetar coberturas editoriales objetables, como denunció recientemente Adage.com. Morgan Stanley y BP ya han dado órdenes claras a sus agencias de publicidad de dónde insertar sus piezas de publicidad y dónde no.

Y los empresarios, como Jerry Yang, cofundador de Yahoo."No me gusta el resultado de lo que ha ocurrido. Pero nuestra empresa debe de adecuarse a las leyes de los países en donde ella trabaja".

Gente que sin duda respeta el orden establecido en China pulcramente, sobretodo si detrás de ese respeto se esconde un contrato por manejar el negocio de Internet en un mercado que ya tiene más usuarios (100 millones) que comunistas registrados en el partido (69 millones).

Quince años después de los hechos ocurridos en la plaza Tiananmen, el gobierno con sede en Pekín ordenó a todos los sitios web y blogs que existen en China que se registren o serán clausurados. Así lo reportó el periodista José Reinoso, de El País de España, el 25 de Septiembre pasado.

El surgimiento de la autopista de la información ha supuesto la aparición de nuevas dificultades y retos para el régimen. Antes mantenían un férreo control de prensa, radio y televisión, como hacen todas las dictaduras, a través de la concesión de licencias y el nombramiento de directores de periódicos y estaciones. Cabe recordar que los responsables de los medios en China disponen de libertad para aumentar los beneficios a través de la publicidad, modernizar las redacciones e incluso colocar capital en la bolsa. Pero también deben inculcar la autocensura.

Todos los días reciben instrucciones para evitar temas que disgustan al partido único.
En este contexto, funcionarios del gobierno aseguran que cuentan con un "programa capaz de peinar la red y detectar en tiempo real si las webs disponen del correspondiente número de inscripción".

Las autoridades han comprendido una verdad contundente: Internet se ha convertido en un poderoso medio de creación de opinión y puntos de vistas diferentes a los gubernamentales.

La Red abierta, una sociedad de eruditos de tres instituciones académicas prestigiosas (el Centro Munk de la Universidad de Toronto; la Escuela de Leyes de Harvard; y el Programa de Seguridad de la Universidad de Cambridge) investiga los obstáculos que le ponen los gobiernos a la información que circula en la red. En sus casos de estudio, China aparece como uno de los países que ha puesto en marcha la más sofisticada tecnología para filtrar información entre los ciudadanos.

Utilizan controladores de routers, dispositivos a través de los cuales la información pasa de un lado a otro. De esta manera pueden bloquear mensajes que llevan palabras prohibidas. Reporteros Sin Fronteras ha señalado que multinacionales occidentales han proporcionado la tecnología, como Cisco. Curiosamente una de las empresas que menciona Friedman en su libro como facilitadora de la revolución global.

Como si se tratara del Gran Hermano de George Orwell, el gobierno chino espía la red en busca de conspiradores. Existen miles de espías informáticos. No se pueden teclear direcciones de ONG, Amnesty o Human Rights Watch: aparece una pantalla en blanco en donde se puede leer que no se encontró esa página.

No solamente se bloquean direcciones incómodas, sino que filtran palabras claves (democracia, libertad, derechos humanos), se espían correos electrónicos y las conversaciones por computadoras, y se envían virus. Hasta la fecha se han clausurado 10.000 cibercafés.

Estos controles han sido desarrollados con el apoyo de multinacionales como Cisco, Nortel y Sun Microsystems.

Estos programas son los mismos que los gobiernos de Inglaterra y los Estados Unidos usan para detectar correos de supuestos terroristas intentando conspirar contra estos países. Casualmente en estas últimas semanas, en los Estados Unidos, existen grandes controversias sobre cuanto poder se le debe de extender a un mandatario para permitirle espiar un correo electrónico o escuchar una llamada telefónica de un estadounidense en el afán de poder prevenir un futuro ataque terrorista. Estos casos serán llevados a las cortes en los próximos días. Se prevé una fiera batalla legal entre los que están en contra y los que están a favor.

China no ha hecho otra cosa que colocarse a la vanguardia tecnológica de las violaciones de los derechos individuales.

Las reacciones no se han hecho esperar. El diario de Hong Kong, Souyh China Morning Post, denunció que Li Fang, editor en jefe del periódico oficial Diario de la Juventud de China (400.000) ejemplares, renunció a su cargo después que le presionaran para que escribiera un perfil absolutamente positivo del presidente Hu Jintao. Se le exigía que lo comparara con un "faro de guía" a la juventud.

Ese mismo medio estableció un sistema de bonificaciones para los periodistas, de acuerdo con las alabanzas que emitan a los jerarcas del partido y del gobierno sobre las notas publicadas.

Jerry Yang, cofundador de Yahoo, argumentó que en el caso de Shi Tao su empresa no podía desacatar una solicitud judicial .Lo que es cierto. Pero en su declaración corporativa faltó un hecho que pone en entredicho todos estos alegatos: Yahoo canceló, en agosto del año 2005, un millón de dólares por 40 % de la web de comercio electrónico Alibaba.com, operación que en China no se habría podido efectuar sin la venia del gobierno, y dos años antes habría adquirido el buscador 3721.com, por 120 millones de dólares. Inversiones todas que apuntan a extender el negocio en un mercado que crece como el arroz.

Yahoo no es la única empresa que se ha puesto al servicio de la censura del gobierno de China, para entrar en Asia con sus operaciones. Los buscadores de Google y Microsoft también seleccionan de forma sistemática la información de sus portales en China.

Seleccionan los algoritmos de acuerdo con las directrices que reciben del Departamento de Propaganda.

"Soñamos que internet liberaría al mundo, que todas las dictaduras se derrumbarían. Ahora nos damos cuenta que no era más que un sueño", confirma Julian Pain, encargado del tema de Internet en la organización Reporteros Sin Fronteras.

Tiene razones para ser pesimista. Friedman no fue el único que ayudó a creer en una quimera. El magnate de los medios, Rupert Murdoch, aseguró en 1993 que "la televisión por satélite representaba una amenaza indiscutible para los regimenes totalitarios".Y el semanario Inglés The Economist, publicó en su tapa: Dictadores ,cuídense!

Murdoch no tardaría en arrepentirse de sus palabras, como quien lanza una promesa que inmediatamente se convierte en una amenaza letal. En 1994 retiró el noticiero internacional de la BBC de su satélite Star por transmitir un retrato lleno de complejidades y matices sobre la vida de Mao Zedong. Y tres años más tarde ordenó que su editorial Harper Collins desestimara la publicación de un libro de Chris Patten, ex gobernador de Hong Kong.

Ethan Gutmann, autor del libro Losing the New China, vivió en Beijing y recopiló información sobre la amoralidad de las empresas occidentales que por obtener mayores ganancias colaboraron con la puesta en marcha de la Gran Muralla de Fuego, incluyendo empresas como Nokia, Nortel, con capital canadiense, desarrolló (confesado por uno de sus ingenieros) un sistema de captura cien por cien, diseñado especialmente para capturar a Falun Gong.

La mala suerte pareciera ser el signo de los periodistas chinos.

Demandas por difamación, agresiones de sicarios leales al régimen, despidos injustificados, aislamiento, miedo, demencia, son las diferentes realidades que padecen quienes no siguen las directrices del gobierno.

Los que se apartan de las normas gubernamentales a veces terminarán muy mal. Yu Dongyue fue detenido en 1989,cuando ocurrieron los sangrientos hechos de la plaza Tiananmen. Se le etiquetó como "culpable de pasar propaganda antirrevolucionaria al enemigo".

Periodista y crítico de arte, condenado a 18 años de cárcel, se volvió loco en la celda. Reporteros Sin Frontera ha denunciado los malos tratos sufridos por Dongyue y ha enviado cartas reclamando sobre su caso. Ningún funcionario respondió una sola línea.

Una historia, por cierto, que no debe de hacerle ninguna gracia a Shi Tao, periodista de la sociedad civil independiente, que ya perdió 9 kilos en prisión y que hasta hace poco creía que no había nada más inocente en el mundo que una cuenta de correo personal en Yahoo.


Nota del autor: Guo Guotin, uno de los escasos abogados especializados en derechos humanos en China, fue contratado para defender a Shi Tao, a inicios del 2005. Una semana antes de comenzar el caso, Guo Guotin fue forzado por las autoridades a cerrar su oficina. Detenido y condenado, bajo arresto domiciliario, "por haber publicado ensayos en sitios web del extranjero". logró salir de China gracias a la enorme presión del gobierno canadiense. Actualmente reside en Canadá. Uno de sus argumentos en el caso Shi Tao ha sido el siguiente:"Yahoo está obligada en primer lugar a obedecer las Convenciones de Derechos Humanos protegidas en la Ley Internacional, la cual prevalece por encima de las leyes locales en China o en cualquier otro país".



 
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
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