EL SALARIO, LA COMPETITIVIDAD,
Y OTRAS YERBAS
Por Roberto Bogorja
El mes de mayo, en el cual se celebra el día de los trabajadores, marcó este año el inicio de las negociaciones en el marco de los Consejos de Salario. En ellos se vienen discutiendo entre otras cosas pautas de aumento salarial, categorías laborales, maneras de ajustes a futuro y también la posibilidad de recuperar el poder adquisitivo de los salarios de otrora.
Son varios los problemas que se le presentan a las distintas partes en la negociación.
Por un lado el tema en sí de recategorizar a las distintas actividades laborales, ya que en estos últimos diez años las mismas han variado sustancialmente, la automatización, la múltiple función, la desaparición de otras actividades, y en otras la especialización en nuevas tareas. Quizás la más compleja, pero no necesariamente la más dificultosa.
Otro de los inconvenientes que se han presentado con complejidad es la de la conformación de los grupos de actividades, pues al reducirse de cuarenta y tantos a sólo veinte, ha mezclado actividades relacionadas pero no necesariamente la iguales. Eso ha llevado a una disputa por quien es representativo en cada uno, tanto en lo patronal como en lo obrero, incluso con entredichos con respecto a determinados sectores más allá de los propios laborales, abarcando temas de competitividad entre empresas, grupos de empresas, o maneras de comercialización.
Pero en otra área se presentan dificultades, y es en el propio Gobierno, las primeras dadas en relación a los ajustes a los empleados públicos. Pues los mismos han recibido algunos aumentos mientras que sectores privados no, por otra parte los públicos reclamarán aumentos similares a los privados, y viceversa. Otra dificultad, es la de saber de donde vendrán los recursos para poder darlos, sin aumentar los impuestos ni las tarifas, pues las arcas están vacías, el Estado totalmente endeudado, y cualquier aumento en la carga impositiva se volvería insoportable para los ya también vacíos bolsillos de la gente, pero también se contradiría con las proclamas realizadas durante las campañas electorales de los hoy gobernantes. Recordemos que el Estado al aumentar tarifas, en especial energéticas, al igual que impuestos repercute inmediatamente en inflación y conjuntamente en nueva pérdida del poder adquisitivo de la gente. Pero ello ha presentado una disparidad de criterios, no totalmente mostrada, pero si real entre los ministerios involucrados, Economía y Trabajo, pues el primero debe cuidar que la economía no se le dispare de las manos, generando inflaciones, descontroles económicos, pérdida de competitividad, conflictos sociales y fundamentalmente desocupación, mientras que el segundo intenta lograr darle a los trabajadores la mayor recuperación en sus ingresos.
Este es el meollo del problema, pues en una economía abierta como es la nuestra, en donde los precios del mercado local son permeables, influenciables, y reflejan los mismos valores que los del mercado externo, los costos de producción deben estar acordes con la posibilidad de llegar a un precio final competitivo con esos precios internacionales. Pues si eso no se consigue, los fabricantes dejan de hacerlo, cierran y despiden a su personal, se funden o se convierten en importadores, con lo cual la economía cae en otra crisis como la actual. Es decir desocupación. Y a no olvidarse que en un país endeudado, la única salida real es que ingrese dinero por vía de la exportación, y para ello hay que competir en calidad, pero también en precios.
Este es el gran desafío que tiene el Gobierno actual, en especial el Ministro Astori.