Lectura:
UN HABITO PERDIDO
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Hemos comprobado recientemente que en la actualidad es muy poco lo que están leyendo los habitantes de esta ciudad, lo que resulta altamente preocupante.
Algunas consultas realizadas en los últimos días han revelado que el 85 % de las personas entrevistadas no leyeron un solo libro durante el último año. (2004).
El hecho de ir perdiendo un hábito muy arraigado de la frontera durante el siglo pasado, nos está demostrando que por distintas circunstancias las nuevas generaciones se están alejando de los libros.
Antes de que promediara el siglo pasado los pocos habitantes de la frontera se daban el lujo de recibir con algún atraso las más variadas revistas que circulaban en la capital del país.
Por allí andan Leoplan, Para Ti, Vosotras, El Hogar, Caras y Caretas, Rojo y Negro, Mundo Uruguayo, Mundial y una vez por semana los diarios capitalinos traídos en diligencias.
En la biblioteca del Club Social los lectores encontraban El Tesoro de la Juventud, Los Tres Mosqueteros, Las Damas de las Camelias y los uruguayos Rodó, Regules, Eduardo Acevedo, Zorrilla, Juana de Ibarbourou, Serafín J, García, Horacio Quiroga y Florencio Sánchez entre varios otros.
Por supuesto que tampoco faltaba la Biblia y las publicaciones sobre el descubrimiento de América, de la pólvora y la historia de algunas guerras que comenzaban a cambiar el rumbo de la humanidad.
Libros que habían resistido el paso de los años, con muchas mudanzas y kilómetros recorridos.
Lo dijo Borges: "De todos los instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es sin ninguna duda el libro. El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación."
El valor que se otorgaba a los libros y revistas que llegaban a la frontera determinaba un hábito y una vigencia que no tienen en la actualidad.
Tampoco los lectores eran simples consumidores de libros sino que eran extremamente exigentes inclinándose en su mayoría por grandes autores de la literatura nacional y universal.
Era una época de muchos lectores, donde nuestros abuelos tenían la oportunidad de familiarizarse con estas obras y hacerlas circular entre los pocos habitantes de la frontera.
La juventud leía de todo, ingeniándose para intercambiar libros, revistas, suplementos y hasta diarios que llegaban con algún atraso.
Las horas libres (que eran muchas) rendían de una manera especial en materia de lecturas.
Todas las economías generadas por las "changas" se transformaban en vintenes que nunca alcanzaban para comprar las revistas del Superhombre que asombraba las mentes infantiles con la misteriosa transformación entre Clark y Kent mientras buscaban el mundo desconocido del planeta KRYPTON en los textos escolares.
También recordamos los avisos publicitarios de las revistas con Charles Atlas exhibiendo su musculatura que llegaba a provocar vergüenza a los alfeñiques que mirábamos asombrados al Mister Universo.
Había que encargar el manual y en el término de pocos días podríamos observar ante el espejo los resultados "imaginarios" que provocaban estos ejercicios.
Como no recordar los romances antiguos que despertaban el interés de los lectores al extremo de quitar el sueño para llegar al final.
Por supuesto que algunos libros infantiles lejos de entretenernos lograban mantenernos despiertos buena parte de la noche, presas de un terror que solía alterar nuestro sistema nervioso.
A la distancia se nos ocurre que algunos autores lejos de entretenernos terminaban asustándonos.
Como no vamos a recordar a los animales salvajes corriendo niños o invadiendo sus hogares, con historias terroríficas y misteriosas que sembraban el terror entre la "gurisada".
Para los mayorcitos algunas versiones de las Mil y Una Noche, donde la pobre princesa se dedica a contar leyendas para salvar su vida.
Y como no podía ser de otra manera el rey SHARIAR se divertía matando todas las noches una de sus amantes. La pobre Sherazade resuelve sacrificarse y se casa con el macabro Rey para contarle historias que continúan al día siguiente.
Tampoco debemos olvidar la Lámpara de Aladin, Simbad, Peter Pan, El Flautista de Hamelin, El Patito Feo y Ali Baba con sus 40 ladrones. Siempre pensamos que las historias que nos contaron desde la niñez hasta el día de ayer, eran todas iguales y lo único que cambiaba era la forma de contarlas o nosotros de oírlas.
Como es posible tantas interpretaciones para el cuento de Blanca Nieves, donde la reina mala cometió la imprudencia de consultar el espejo sobre su belleza y recibe una contestación que lejos de complacerla termina por irritarla al extremo de tramar su terrible venganza
Al saber que no era la mas hermosa del reino contrata un leñador cuyo nombre nadie recuerda, para que asesine a la pequeña princesa.
Tampoco se sabe mucho de los datos personales de los 7 enanitos, aunque algunos estudiosos han señalado que están los nombres y fundamentalmente los hábitos de estos personajes que luego se hicieron famosos por el tamaño de algunos órganos y por cuidar de Blanca nieves.
Sin embargo del asesino (leñador) que le perdonó la vida nunca se supo nada, lo que tampoco preocupó mayormente a las autoridades policiales que archivaron el caso, sin realizar las averiguaciones correspondientes.
Otros aseguran que el crimen nunca se cometió y que el leñador fue victima de un complot para que pudiera cobrar la recompensa.
De esta manera transcurrían los años donde muchos cumplían religiosamente con el compromiso sagrado de la lectura nocturna, manteniendo permanentemente un libro de cabecera, para seguir de cerca los cuentos, leyendas o novelas que nunca se sabía como irían a terminar.
Chuy era una pequeña aldea en la que se podía disfrutar de libros de consulta, de cuentos, novelas, diccionarios y algunas enciclopedias.
En la actualidad la televisión, la radio, Internet y la velocidad de las informaciones nos hacen pensar que en algún momento podría llegar el fin de los libros.
Sin embargo rechazamos de inmediato esta posibilidad pensando que los libros siempre irán a sobrevivir porque son el mayor invento de la humanidad.
Los libros han sido y seguirán siendo la mejor manera de transportar información.
Puede trasladarse desde el escritorio a la cocina, al baño, al automóvil o a la playa sin mayores inconvenientes.
Lo dijo Borges: "El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación."