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Año III - Nº 132 - Uruguay, 27 de mayo del 2005

 

 

 

 

DE LOS CARNAVALES
por Luis Tappa


Alguna vez habremos oído aquello de que, ¡Carnavales eran los de antes! y no es por aferrarme a un tiempo ya ido, pero no tengo dudas de que así fue; esto de hoy es otra cosa, es un carnaval de escenario, triste y aburrido. Ya no hay participación popular, la gente solo puede mirar, ¡y si paga!

Un record mundial para nuestro país, el "carnaval" más largo del mundo.

Un mes y medio de algo que está ahí pero que nadie ve, aunque muchas veces se escucha a distancia y debemos soportar con nuestra mejor paciencia, restándole horas al descanso nocturno, si por casualidad hay algún escenario cerca de nuestra casa.

El tiempo del tablado ya pasó, y si hay que pagar la entrada para ver estos espectáculos ¿porque no se hacen en teatros cerrados? de ese modo por lo menos no molestan a la gente que se levanta temprano para ir a trabajar, y a quienes simplemente no les gusta o no pueden pagar, porque es un mes y medio de barullo hasta las tres de la madrugada, guste o no, para los que tienen la desgracia de vivir cerca de uno de estos lugares.

Se acabó la época en que los tablados, a la 12 de la noche, raramente uno minutos más, apagaban sus luces luego de la última "retirada", ¡al otro día había que trabajar! solo los sábados de noche se estiraba un poquito más, pero como mucho hasta la una.

Lo que en el mundo se conoce como carnaval, son solo tres días de fiesta popular, donde todo el mundo interviene y se divierte, una fiesta compartida donde se nos permiten ciertas licencias que fuera de esta época nos harían quedar en ridículo; en nuestro país esto sucedía en la semana de carnaval, que generalmente era cuando casi todos los comercios y empresas otorgaban parte de las licencias anuales, nadie trabajaba durante estos siete días, y entre tablados, mascaritas, juegos de agua y las "Mil millas" ciclistas transcurrían inolvidables momentos que aun recuerda nuestra memoria.

Luego todo cambió, lentamente fuimos dejando por el camino nuestras viejas tradiciones para ir incorporando de a poco costumbres y festejos totalmente ajenos a nuestro modo de vida, la globalización nos llevó aquel carnaval pero nos trajo "Haloween" y otras estupideces por el estilo. De fiesta popular no queda nada, tampoco de disfrazados y mascaritas con voces fingidas, ni papelitos ni serpentinas.

Este carnaval profesional es solo un negocio más, el otro, el de la gente que se divierte, es historia.

Le cambiamos hasta la fecha, lo comenzamos en enero para el turismo y lo terminamos en marzo para nosotros, pero esto nada tiene que ver ni con lo popular ni con el carnaval. Estamos empeñados en presentar al mundo una imagen de país exótico y mostrarles lo bien que nuestros negros tocan el tamboril, y de esa forma recibimos en el puerto a los turistas que llegan cualquier día en cualquier crucero.

¡Ah...! si Artigas viera en que quedó nuestro orgullo de Orientales, haciendo el payaso para divertir al extranjero en procura de la limosna que nos dejarán; con tanto cambio de costumbres no me extrañaría nada que un día de estos terminemos bailando el Hula Hula en el puerto.

Lo único que va quedando de aquel carnaval de antaño, y a medias, es el desfile de agrupaciones en 18 y algún trasnochado "corzo" barrial en el que los pocos vecinos que concurren solo se paran, como idiotas, en el cordón de la vereda para ver pasar dos o tres grupitos de gente tocando el tamboril, y a la reina en un ridículo carro, que con su forzada sonrisa desfila tirando besitos a diestra y siniestra, esto es todo. Hasta las llamadas se han profesionalizado, lo que antes era solo una fiesta de barrio y de negros, se convirtió en otro ridículo espectáculo con morenas importadas y blancos dándole a la lonja. Hasta el barrio les tiraron abajo, los echaron y demolieron sus conventillos, ¡claro! el Harlem uruguayo molestaba y solo los usamos para el carnaval, aunque no se quiera ver somos un país racista.

Lo demás se reduce a un concurso de agrupaciones más largo que el campeonato uruguayo, también con varias ruedas y finales, lo único que le falta es el descenso, la vuelta olímpica para el campeón y los festejos en 18. Pero estas murgas de ahora nada tienen que ver con las de antes.

De aquel carnaval hemos heredado, de muchísimos años atrás, seis o siete retiradas famosas, letras que se siguen cantando a través de los tiempos como himnos a un carnaval que fue.

Se terminaron las fiestas barriales y los tablados en cada esquina, aquellos que hacían los propios vecinos para atrapar el vuelo fugaz de cada murga, las que al sonar de sus bombos, redoblantes y platillos desde lejos se presentía su llegada, y era todo alegría.

También se fueron los corsos vecinales, donde mas que agrupaciones lo que interesaba era el desfile de gente divirtiéndose con papelitos y serpentinas, era la época en que en ese día casi todas las casas se adornaban con luces de todos los colores y la gente se divertía sanamente, una ocasión especial de reunión vecinal gigante para disfrazarse y divertirse en la calle, era increíble ver al otro día el colchón de papelitos, de vereda a vereda, que quedaba en la calle, los de hoy son solo una ridícula parodia. Pero como dice el tango, "Hoy solo queda el recuerdo de pasadas alegrías".

El carnaval, como expresión de alegría y festejo popular, ya hace mucho que no existe, solo quedó el negocio de los conjuntos, que con costosos trajes hacen su febrero, (más bien su enero, febrero y marzo) pero los que ganan, son los organizadores de estos escenarios donde se lleva a cabo esto que dicen que es carnaval.

Quemado en la hoguera del dinero, canibalizaron en el tiempo un carnaval al que mataron su espíritu y esencia, y por lo tanto, su razón de ser y existir.

¡Vuela golondrina... vuela y no regreses! que momo ya murió
Tristezas y alegrías, magia y fantasía de un tiempo que pasó.
La nostalgia se hace agua prendida a los recuerdos que el alma llorará
Y Arlequines cual fantasmas, se fueron una noche que nunca volverá.

Quedó prendida del tiempo su blanca cara de luna
José Ministieri, el viejo Pepino, recuerda mi pluma
La gracia del vuelo que mil movimientos su vara digita
Trasunta misterios, colores y luces en forma infinita.
No vuelvas Pepino, quedate en el cielo, vestido de Frac y de murga
No existe el tablado, la gente ha olvidado, la memoria es curda.
Y aunque suene a los lejos la luz y el reflejo de viejas canciones
Vos no le hagas caso, que no son tus "Patos", son solo emociones.

Mi modesto y emocionado recuerdo para el más grande, José Ministieri, Pepino, director eterno por excelencia de los "Patos Cabreros".

Para quienes tuvimos la suerte de verlo, se hace imborrable su cara pintada y espigada figura, que en pasos de valet bailaba al compás de la murga, y casi sin tocar las tablas paseaba su elegancia de "Caballero andante".