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Extremistas
por Raúl Seoane
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El extremismo de la discriminación
El fin de semana pasado viendo el programa de Samuel “Chiche” Gelblum en el Canal 26 de Argentina me llené de asombro ante el pedido del conductor sobre una ofensa, que, según Gelblum, realizó una persona en otro programa de otro canal.
El suceso de marras ocurrió en el programa que el periodista Santo Biasatti realiza por el canal Todo Noticias y para el cual invitó a un grupo de agropecuarios, políticos y simpatizantes del gobierno. En una discusión muy acalorada con un político kirchnerista, uno de los agricultores dijo palabras más, palabras menos: “me gusta la guita más que a los judíos”, término que ofendió a Gelblum y anodinamente pidió desde la pantalla de Canal 26 que el periodista Santo Biasatti se disculpara.
Y aquí llegamos al título de este artículo: Extremistas. No es ningún secreto que los judíos, y dicho con todo respeto, nacen con el secreto del dinero. Ellos saben como manejarlo y como hacerlo crecer. Es algo innato en ellos y no es ningún defecto ni ningún insulto, más bien es una virtud que muchos desearían tener. Es más, los más grandes banqueros del mundo son judíos, y no por eso, porque les gusta le guita y saben manejarla, decirlo deba ser un insulto.
Al ver y escuchar la ilógica repulsa de Samuel “Chiche” Gelblung, es que me puse a escribir y me di cuenta de que estamos viviendo en un mundo exacerbado y extremista. Exacerbado porque muchas cosas que se dicen o se hacen con total inocencia, como por arte de magia se vuelven en nuestra contra y extremista porque estamos llevando al extremo un sinnúmero de situaciones y realizaciones sin pensar realmente en lo que está sucediendo, en lo que representan, o en las consecuencias de hacer lo contrario.
En la Argentina existe una ley sobre derechos humanos y sobre discriminación que es tan estricta que, por ejemplo, si en una discusión acalorada, que todos sabemos cómo es, le digo al contrincante, con bronca y debido a esa discusión, “judío de porquería(1)” puedo tener problemas con la ley. Con este concepto a mi no me pueden decir “gordo de porquería(1)”, o al flaco “flaco de porquería(1)”, o al sordo “sordo de porquería(1)”, al español “gallego de porquería(1)”, etc., etc., etc. durante cualquier exceso de bronca, lo que me parece que es llevar al extremismo la idea de discriminación. De un insulto como "porquería(1)", se llega al extremismo de la discriminación tomando la palabra que más le conveniente al supuesto discriminado y no el adjetivo que provoca el insulto, porque al final el judío seguirá siendo judío, el gordo, gordo, el flaco, flaco, el sordo, sordo, el español, gallego, más allá de la bronca momentánea y totalmente jutificable si tenemos en cuenta que somos únicamente humanos, con todos sus errores, defectos y virtudes, y no computadoras que no se equivocan nunca.
El extremismo celulósico
Pero el extremismo no termina aquí, existe el extremismo ambiental que en muchos casos puede significar perjuicios mayores si se hiciera caso a todos los extremistas ambientales que existen y existirán. Un ejemplo clarísimo de este extremismo es lo que está sucediendo con la planta de Botnia, porque el extremismo llegó a tal punto que no se puede razonar con los ambientalistas. Nadie quiere darse cuenta de que la pulpa de celulosa es un elemento imprescindible en la sociedad actual y sin el cual nuestro mundo colapsaría social, económica y sanitariamente. Lo único que les interesa es hacer desaparecer la planta, pero nadie, absolutamente nadie ha pensado en permitir que esa planta continúe funcionando dentro de un acuerdo y un control medioambiental estricto y ejercido por los propios ambientalistas.
El extremismo sojero
El cultivo de la soja y de la agricultura transgénica es otro de los extremismos que debemos resolver. Los detractores de la soja parecen hablar “por boca de ganso”, porque en muchos países los agricultores trabajan la soja y cuando levantan la cosecha plantan trigo y así sucesivamente, lo que indica que ni la soja ni el glifosato arruinan los campos, pero parece ser más fácil, o “chick”, o snob, ponerse en contra de la soja que estudiar y experimentar sobre este producto que consume une inmensa mayoría del mundo.
El extremismo transgénico
A su vez, en el transgénico existió una guerra no declarada entre América y Europa. Recordemos que Estados Unidos, Argentina y Uruguay –luego se acopló Brasil- fueron los países pioneros en los cultivos transgénicos por lo que lograron una gran experiencia, a diferencia de los países europeos. Como Europa se encontraba muy atrasada en esta tecnología, Greenpeace, a quienes muchos sindican con el G5 inglés, inició una campaña en contra de los alimentos transgénicos, con el objetivo de enlentecer el progreso de esos cultivos en esta parte de planeta para que Europa pudiera recuperar el terreno perdido. Una de las principales pruebas que corroboran este hecho es que Greenpeace ha bajado sus ataques hasta casi desaparecer.
Que es cierto que las semillas transgénicas están manejadas por una o dos multinacionales muy poderosas, por ejemplo Monsanto, es una realidad, pero eso no indica que los productos puedan ser peligrosos para la salud humana, sino que debería ser un llamado de atención a los gobiernos mundiales, sobre la concentración de una tecnología, que puede llegar a ser imprescindible para la alimentación humana, en tan pocas manos. Es obligación de los países legislar al respecto sobre los monopolios e incentivar la competencia y la investigación en la mejora del cultivo de alimentos, pero denostar a los alimentos transgénicos y a la soja no sólo es un extremismo, sino que puede llegar a ser criminal.
En España, mediante la modificación genética, se produjeron tomates que no necesitan ser guardados en frío porque no se descomponen tan rápidamente como los tomates comunes, poseyendo la misma textura, calidad, sabor y propiedades que el tomate común. Estos avances en la ciencia de los alimentos abrigan la esperanza de poder, algún día, terminar con el hambre del mundo.
Culpables de la muerte de miles de personas
Si la población mundial continúa incrementándose en la forma actual y el hambre ya ha abierto de par en par las puertas de muchos países, los detractores de la soja y de los alimentos transgénicos, serán los principales responsables de la muerte de miles y miles de hambrientos, de la misma forma que Rachel Carson, que escribió sobre el DDT en su libro La primavera silenciosa, es la principal culpable de la muerte de miles de personas por culpa de la malaria. ¿Quién alimentará al mundo si eliminamos la soja y los transgénicos?, ¿Alguien con cerebro normal me lo puede decir?
Cual es la causa de estos extremismos no es la intención de este artículo. Mi intención es advertir de que esto no nos llevará a ningún lado y únicamente incrementará las arcas de Greendólar (léase Greenpeace) y miles de organizaciones ambientalistas enancadas en estas protestas irresponsables que, en lugar de buscar soluciones a los grandes problemas que tiene el mundo y los individuos, estudiando alternativas, haciendo análisis responsables de los posibles males y buscando remedio para ellos, se lanzan alegremente, por razones políticas, económicas o ideológicas, en campañas de desinformación, o no, que pueden causar más mal que bien.
Es hora de que pensemos seriamente y dejemos de lado todo tipo de extremismo y recordemos la experiencia que tanto dolor nos causo, aunque eso fuera un extremismo político. Es hora de que alimentemos al mundo y dejemos de pelearnos entre todos para saber quién es más judío, gordo, flaco, sordo, gallego, y usemos la cabeza en lugar de los piés.
Nota:
(1) La verdadera palabra es mierda, pero me pareció muy grosero repetirla continuamente.
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