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Carta abierta
al Presidente de mi País
por Helena Arce
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Con respecto a la destitución de una de las personas de su confianza, en este caso el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Sr. Presidente de la República Oriental del Uruguay Dr. Tabaré Vázquez:
Quiero trasmitirle a través de estas líneas, mi profunda inquietud por los hechos recientes.
No me preocupa en absoluto, el fondo del asunto. Usted es dueño de tomar las decisiones que estima convenientes, y los motivos por los cuales las toma. Le reconozco haber sido claro en sus apreciaciones al respecto, en las declaraciones realizadas a la prensa televisiva, fue específico y contundente.
No le pidieron permiso para realizar una reunión. Y por tal motivo, usted entendió que había sido, llamémosle ignorado en su indiscutida posición, de Comandante en Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.
O sea para realizar la reunión, se saltearon el protocolo, el destituido Comandante, debió solicitar la debida autorización, o en su defecto las autoridades del Partido Colorado, para reunirse entre sí. Por ese motivo y a los efectos de dejar claro que es usted quien decide, destituyó al citado. Agregó, hechos que también yo recuerdo, cuando usted se quería reunir en una reunión política, con los mandos del ejército, solicitaba la autorización de los entonces titulares del Poder Ejecutivo. Lo que únicamente le fue negado, equivocadamente desde mi punto de vista, por el anterior Presidente de la República, Dr. Jorge Batlle.
También yo le creo, usted no estaba pescando, sino como dijo, aprovechando un día que parecía iba a ser tranquilo, para cumplir una prometida visita al sitio donde no pudo ir en otra oportunidad, por encontrarse fuera del país.
No tengo elementos para definir si la reunión del Ex Presidente de la República y actual Senador Dr. Julio María Sanguinetti, y el ex Ministro de Defensa Yamandú Fau, fue una reunión de amigos o una reunión política, con el TTE Gral. Carlos Díaz.
Tampoco me preocupa que en el ejército, vaya a haber ningún tipo de problemas, los integrantes del ejército deben tener absolutamente claro, y descuento lo tienen, que la patria a la que juran defender, es la que está enmarcada en la Constitución de la República y sus leyes, y estas estipulan, sin lugar a dudas, que están absolutamente supeditados a su mando. El mando del ejército es vertical y en el extremo de la pirámide, quien toma las decisiones es usted. Lo que usted decide, es lo que ellos deben realizar, y sobre eso no hay opción.
Ahora bien usted ocupa otra posición con respecto nosotros, los ciudadanos civiles. Algo que con orgullo recuerdo, usted remarcó claramente al asumir su cargo, el 1 de marzo del año 2005. Citando a nuestro prócer, dijo textualmente: “Mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana”. O sea traducido de nuestro lado: “SU autoridad emana de NOSOTROS y cesa ante NUESTRA presencia soberana”
Y como yo soy una de esas presencias soberanas, me permito darle mi parecer, que podrá o no estar equivocado, pero como vivimos en democracia, es tan válida como la de todas las otras presencias soberanas.
No conozco personalmente al ex Comandante del Ejército, tampoco a usted, ambos gozan del mayor de mis fraternos respetos.
A usted como ayer, le deseo siempre un éxito permanente en su accionar en el gobierno, pues su éxito será el de mi país, que no admite más gobiernos fracasados.
Claramente lo expuse desde que fue elegido para gobernar nuestro país, y lo sostengo.
Mi aprensión se enmarca a como fue tomada esta decisión, su oportunidad y la forma en que los uruguayos, “las presencias soberanas”, nos enteramos de ello.
Desde que asumió la Presidencia de la República, momento en que dejó de ser uno más entre sus iguales, es el responsable de la felicidad, armonía y bienestar de nosotros, los integrantes de este país, cuyos destinos dirige. Ya no es, y se que usted lo tiene absolutamente claro, el representante de una fuerza política. El partido político, Frente Amplio, ni sus bases, no es más a quienes usted se debe, se debe a todos nosotros, independientemente de cual sea el voto que hayamos emitido. . Todos los uruguayos y uruguayas, cada uno de nosotros, somos las presencias soberanas a las que usted aludió.
Por ello es imprescindible, que sus acciones no solo sean correctas. Sus decisiones deben además, dejarnos a todos nosotros, la absoluta tranquilidad de haber sido tomadas luego de medirlas adecuadamente.
Desde mi humilde posición, acá desde el sur del país, verlo por televisión, allá al este, anunciando su decisión, no me dio la confianza suficiente, que necesito tener en sus decisiones.
De mañana un matutino dio la noticia de la reunión, usted imagino, se habrá comunicado telefónicamente con la Ministro de Defensa, y decidió.
Hubiese preferido, sinceramente, que terminara su visita, se diese el tiempo para apreciar los hechos, hablarlo con los involucrados, expresarle su disgusto, darles la oportunidad de explicar los hechos, reunirse con quienes ustedes eligió, para acompañarlo en su misión, y luego tomar la decisión.
Seguramente hubiese sido la misma decisión, no tengo dudas, y a simple vista no cambiaría los hechos.
Pero entonces todos los ciudadanos, tendríamos la seguridad absoluta que quien rige nuestros destinos, actúa en forma justa y perfecta.
No digo que no lo haya hecho, solo que así en las circunstancias que la tomó, nos deja el sabor amargo de la duda.
Yo hoy, con todo respeto mi estimado Presidente siento esa duda. Al tomar esta decisión: ¿Realizó el imprescindible trabajo, de calibrar adecuadamente los hechos? o ¿Actuó apresuradamente, dejándose llevar por sus sentidos, ante la noticia de esta reunión?
Usted eligió, a sus personas de confianza para que realizaran junto a usted las tareas, elección que sin lugar a dudas es exclusivamente suya, y si por alguna causa entiende, que la elección debe ser cambiada, usted es quien decide hacerlo.
Pero usted nos debe a nosotros las explicaciones del caso, y además debe obrar de forma que esas explicaciones nos dejen satisfechos.
Esa satisfacción, no únicamente debe apuntar al fondo, también a las formas, porque es imprescindible, que todos nosotros sintamos ante sus decisiones, que las mismas son las que debió tomar y que las razones que aduce son las correctas.
Yo personalmente no dudo de usted, pero en este caso particular, me preocupa profundamente, no la decisión en si, ni la persona que se trata, ni el cargo que ocupaba. Me preocupa el poder apreciar con claridad, a quien rige los destinos de mi país, tomar sus decisiones aplomadamente, reflexionando, y saber que las mismas no responden a reacciones emocionales, marcadas por los instintos.
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