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Análisis de las elecciones nicaraguenses: la sombra de Chávez y el túnel del tiempo por Alvaro Kröger |
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Daniel Ortega, el candidato sandinista, representa una ideología comunista fracasada, a la cual nunca renunció, y que en la década de 1980 llevó a Nicaragua a un baño de sangre fratricida así como a la ruina económica y social del país
En Nicaragua, las elecciones presidenciales se realizarán el próximo 5 de noviembre. Según las últimas encuestas, el candidato sandinista Daniel Ortega contaría con el 31% de las intenciones de voto, seguido por el candidato del centro Eduardo Montealegre, con 26% y por el candidato de derecha, José Rizo, con 16%.
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Daniel Ortega a la izquierda de Fidel Castro
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La sombra del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se ha hecho sentir con fuerza en Nicaragua a través de un apoyo poco velado a Ortega, así como respaldó en México y Perú a los malogrados López Obrador y Ollanta Humala; en Bolivia al electo presidente Evo Morales; y en Ecuador al candidato Rafael Correa, con un resultado que se verá en las elecciones del 15 de octubre y se conocerán los resultados definitivos el 22.
Daniel Ortega, el candidato sandinista, representa una ideología comunista fracasada, a la cual nunca renunció, y que en la década de 1980 llevó a Nicaragua a un baño de sangre fratricida así como a la ruina económica y social del país.
Durante los 11 años de gobierno, el sandinismo empujó a Nicaragua a la miseria, al punto de llegar a los peores índices socioeconómicos de América Central; dejó una deuda externa estimada en 12 mil millones de dólares; sirvió como cabeza de puente para la penetración de Cuba comunista y de la entonces Unión Soviética en América Central; y alentó una guerra civil que costó al país 38 mil muertos, heridos, lisiados y desaparecidos, según datos oficiales.
En las próximas elecciones presidenciales, la división del centro y de la derecha, cuyos votos sumados sobrepasan a los sandinistas, beneficia a Ortega, quien después de gobernar Nicaragua fue derrotado en las elecciones presidenciales de 1990, 1996 y 2001.
También beneficia a Ortega una polémica reforma electoral impulsada hace dos años por el ex presidente Arnoldo Alemán, y aprobada mediante un pacto político con los sandinistas, por la cual un candidato presidencial, para vencer en la primera vuelta, precisa obtener solamente el 35% de los votos, siempre que tenga una ventaja de 5 puntos sobre el segundo.
Por su parte, el juego del presidente venezolano Hugo Chávez, ha consistido en inyectar indirectamente ayudas financieras al candidato sandinista, que se estiman en varias decenas de millones de dólares, y en promover la creación de la empresa Alba Petróleos de Nicaragua (Albanic) para abastecer con petróleo barato venezolano a los 87 municipios controlados por los sandinistas, de un total de 153.
El candidato sandinista sabe que precisa ganar a toda costa en la primera vuelta, porque en una segunda el centro y la derecha podrían unirse. Los líderes antisandinistas, dejando de lado intereses personales, así como el electorado nicaraguense, en particular, los indecisos, que las encuestas estiman entre el 12% y el 20%, tienen en sus manos la posibilidad de ahuyentar de Nicaragua la sombra de Chávez y evitar que ese estratégico país centroamericano retroceda en la Historia, entrando en un lamentable túnel del tiempo.
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