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Tres hurras, entonces por Fernando Pintos |
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Aunque se está haciendo un poco veterano y corre riesgo de pasar de moda —puesto que la Sociedad de la Información ha sido ya superada y casi sustituida por la Sociedad del Conocimiento—, no estará demás que hagamos breve referencia a lo que se ha conocido como el NFORME BANGEMANN. Aquel informe fue solicitado por el Consejo Europeo, en su reunión de 1993, a un grupo de personas de alto nivel cuyo coordinador fue Martin Bangemann, quien era vicepresidente de la Comisión Europea con atribuciones en el terreno de las tecnologías de la información y telecomunicaciones, así como de asuntos industriales. Así fue como nació el llamado «Grupo Bangemann», que después de arduo trabajo terminó produciendo lo que se ahora se conoce como el INFORME BANGEMANN, un serio estudio de factibilidades que instó a la Unión Europea a confiar en los mecanismos del mercado como fuerza para conducirla hacia la Era de la Información.
En su primer capítulo, el Informe señalaba a la «Sociedad de la Información» como un desafío revolucionario para quienes han de tomar decisiones, y afirma que ella representa un medio para alcanzar objetivos de la Unión, con lo cual condiciona la construcción política de Europa a alcanzar ese estadio. En un pasaje, se afirma lo siguiente: «…Podemos estar seguros de que Europa, dada su historia, aprovechará la oportunidad. Europa creará la Sociedad de la Información. El único interrogante es si se tratará de una creación estratégica de toda la Unión o de una amalgama… de iniciativas individuales de los estados miembros…». Ahora, según el GRUPO BANGEMANN, ¿qué cabría esperar de la Sociedad de la Información. Veamos qué decían a ese respecto: «…Para los ciudadanos de Europa: una Europa más solidaria, con una calidad de vida sensiblemente superior para sus ciudadanos y mayor variedad de servicios. Para las regiones de Europa: nuevas oportunidades de manifestar sus tradiciones culturales y su identidad; las regiones situadas en la periferia geográfica de la Unión verán reducirse la distancia y el aislamiento. Para los gobiernos y administraciones: servicios públicos más eficaces, transparentes, dialogantes, más próximos al ciudadano y con costos inferiores. Para la economía europea y las pequeñas y medianas empresas: gestión y organización más eficaces, acceso a la información y a otros servicios, intercambio de datos con clientes y proveedores, que redundarán en una mayor competitividad. Para los operadores europeos de telecomunicaciones: la capacidad de ofrecer un número superior de meros servicios de valor añadido. Para los proveedores de equipos y soportes lógicos y las industrias informáticas y de la electrónica de consumo: nuevos mercados de crecimiento vigoroso, para sus productos en el ámbito nacional y extranjero».
Reconociendo el potencial que podría encerrar la Sociedad de la Información para mejorar la vida de los europeos y aumentar la eficacia de su organización social y económica, el Informe concedía que grandes y profundas transformaciones en los modos y formas de concebir la sociedad, sus estructuras, sus organizaciones y en parte hasta sus costumbres, deberían tener lugar. Paralelamente, reconocía que la Sociedad de la Información no estaba exenta de riesgo y que el principal entre todos sería la creación de dos sociedades: una, compuesta por quienes tienen y la otra por quienes nada tienen, en vista de lo cual, tan sólo una parte de la población tendría acceso a la nueva tecnología, podría manejarla con soltura y sería capaz de gozar plenamente sus beneficios. El Informe pedía garantizar a todos los ciudadanos europeos un acceso equitativo a la infraestructura, al igual que la prestación de un servicio universal, con prioridad para la educación, la formación y la promoción. En su Capítulo IV, el INFORME BANGEMANN proponía diez aplicaciones básicas que abrirían el camino para alcanzar en Europa la tan anhelada Sociedad de la Información. Y ellas eran: 1º) el teletrabajo, que se esperaba generaría nuevos trabajos y mayor empleo (el objetivo era que ya en el año 2000 diez millones de europeos hicieran teletrabajo); 2º) la educación a distancia, que facilitaría una educación permanente para una sociedad en mutación; 3º) una red de universidades y centros de investigación, que favorecieran la interconexión del potencial de pensamiento e investigación europeos; 4º) prestación de servicios telemáticos para las PYMES, como instrumento potente para relanzar el crecimiento y el empleo; 5º) gestión del tráfico por carretera, con carreteras electrónicas para una mayor calidad de vida; 6º) control del tráfico aéreo, con vías aéreas electrónicas para Europa; 7º) redes de asistencia sanitaria, que facilitaran unos sistemas de asistencia sanitaria más baratos y efectivos; 8º) licitaciones electrónicas, que permitiesen una administración más eficaz y económica; 9º) crear una red transeuropea de administraciones públicas, que posibilitaría unas gestiones no sólo mejores, sino también más económicas; 10º) generar autopistas urbanas de la información, que hicieran posible implantar en Europa la Sociedad de la Información.
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Además, el INFORME BANGEMANN contemplaba algunas otras recomendaciones importantes, tales como el marco reglamentario, los elementos constitutivos, las formas de financiar todo lo propuesto, algunos otros aspectos del plan de acción, así como cómo dar el seguimiento adecuado a todo lo propuesto. Francisco Aguadero hace un interesante resumen de todo ello en su libro LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN (1997, páginas 30/33)). Analizado lo anterior me veo en la tentación de señalar que, hasta el momento, no tengo información de que exista en Uruguay, como país, ni en el MERCOSUR como organización regional, nada que siquiera de una manera vaga se pudiera parecer a un INFORME BANGEMANN, y estaría por verse si se esboza algún tímido remedo con relación a nuestro bienamado bloque regional, que debiera y pudiera ser la vía que integrara al Cono Sur en el proceso de Globalización, siempre y cuando dejara de ser un mero instrumento para cumplir los fines de Brasil en primer término y de Argentina en segundo lugar. Y entonces, mientras el mundo sigue avanzando con botas de siete leguas, mientras todos y cada uno se afanan en forjar tratados de libre comercio con quiénes más convenga hacerlos, nosotros preferimos la inacción, la indiferencia, la semiparálisis reiterada y, ¿cuándo no?, el «dolce fare niente». ¡Que viva el MERCOSUR! Y ya de paso, que viva todo el resto: Chávez, Fidel, Evo Morales, Ollanta, los sandinistas, López Obrador, la guerrilla colombiana, el Estado Benefactor, los tecnócratas keynesianos, y nuestra maravillosa e irrepetible izquierda cavernaria… Y prosigamos así, entonces, por los siglos de los siglos: subdesarrollados, dependientes, mendicantes, aceptando las humillaciones de cualquier cretino extranjeroide con aires e ínfulas de procónsul. Y también, ¿cómo no?, a todo pulmón, ¡tres hurras por la infamia, el atraso y la miseria!
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