RECUERDOS
por Ruben López Arce
Somos abuelos y por pedido de nuestros nietos, para una tarea escolar, hablamos de nosotros mismos en pantallazos de nuestra vida juvenil, y lo hicimos con mucho gusto, en estos términos&
LA ABUELA:
Soy una abuela del 30 y pico. Mis nietos me pidieron que recordara algo de mi niñez. A eso voy&
Soy del interior, viví en un barrio muy humilde cerca del Arroyo Rocha. Ahí pasaba horas deslizándome sobre el trébol como en una pista de patinaje, nadando en las aguas del arroyo, saltando entre las piedras y mirando las lavanderas que entre palo, jabón y sol, lavaban y blanqueaban la ropa ajena.
En casa mi entreteniento era una casita de cañas que con mis amigas habíamos construido en el fondo, hasta con piso de ladrillo y una puerta precaria, pero puerta al fin.
Ahí hacíamos comidas, pero comidas de verdad, en una pequeña olla de hierro.
Luego comíamos con satisfacción lo que habíamos elaborado. Las muñecas eran infaltables.
Durante las siestas de verano, en que no podíamos salir a la calle no había juego más lindo que abrir el baúl de la abuela y vestirnos con sombreros y vestidos de otras épocas. Por supuesto no faltaba el maquillaje.
La guerra de las arañas, que de pensar en ellas ahora me da chuchos, el jugar a las escondidas, esconder un trozo de tela, para que mi perra la buscara, subirnos y saltar desde los limoneros, y sentarnos a hacer cuentos a la somre de los árboles& todos estos juegos formaron parte de mi niñez.
Teresa
EL ABUELO:
Yo soy el abuelo&Los años treinta y pico me vieron nacer también a mí, en un lugar no muy lejano de la casa paterna de la Abu Teresa. Nosotros éramos seis hermanos, nuestros padres eran muy pobres, y mi papá era peluquero, tarea que desempeñaba durante todo el día.
Íbamos a un Colegio Católico y privado, pero por una razón muy sencilla, Papá le cortaba el pelo a todos los maestros, que eran 9 o 10 y a los treinta niños que estudiaban en calidad de pupilos. Ese sacrificio nos permitió cursar la primaria en un Colegio de categoría.
Muy joven debí trabajar para ayudar a Papá, porque la época era muy difícil.
De mañana iba al Liceo y de tarde desde la 1 hasta las 8 estaba en un escritorio con un Escribano muy bueno que me enseñó muchas cosas que por suerte, supe y pude capitalizar.
Tenía poco tiempo para jugar, pero siempre encontrábamos un ratito para hacer el picadito de fútbol, o correr tras el andador, o remontar la cometa, que todos los años hacía papá para nosotros. Tenía una enorme colección de bolitas de vidrio multicolores, y me había convertido en un gran jugador, por lo que gané cientos de ellas, maneros incluídos.
Todo ello queda en el pasado, muy lejano por cierto, pero a la vez muy cercano, porque comentar nuestras cosas y pequeñas anécdotas de nuestra vida a los nietos, es una maravillosa forma de revivir momentos felices. Volvemos a vivir en la juventud, ya junto al futuro personificado en nuestros adorados nietos, quienes ávidamente nos escuchan y nos aman.
Ruben