Un domingo como tantos,
un asado como hay muchos
Dr. Enrique Rimbaud
Decano de la Facultad de Veterinaria
Managua - Nicaragua
La carne gime suavemente retorciéndose con estertores sobre el parrillero, los chorizos quietos, sudan el calor horripilante de la brasa viva, mientras una mezcla de humo con olor a carne va impregnando el aire haciendo producir abundante saliva.
Sobre la mesa, un vaso bien servido de whiskey hace sudar sus paredes por el hielo que rápidamente se derrite, nada soporta los vientos de enero, distribuyendo trópico y polvo por todos los rincones& el mate hace rato que dejo de funcionar&
Desde la cocina, se ve el perfil de sombra de la rubia, que metida en su cotona dominguera desde hace rato que esta meta preparar ensaladas y postres, toque mágico del domingo con manos y amor de mujer.
Ya regué mis cactus, alimente la mona, la iguana, las loras, el perro, las gatas, leí el periódico, por lo que solo me resta esperar en la mecedora que el asado se vaya haciendo, tomando un traguito y contribuyendo al humo del patio posterior con un habano.
Los domingos tienen ese que se yo& uno se levanta un poco mas tarde, y cuando quiere templar el cuerpo el cansancio de la semana ajusta los huesos y distiende la carne, cada vez mas nuestras acciones nos imploran por lo menos un día de descanso, un día en que el cerebro divague sin armar ideas ni locuras sanas, un día de paz, donde nada adquiere significado en si mismo y todo es parte de un todo.
Las dudas se establecen en decisiones sabias, hamaca o mecedora?, mejor esta ultima, que la hamaca esta a pleno sol, faltan dos horas por lo menos, para que entre la palma y el palo de naranja agria, cubran la hamaca con su fresca sombra quitando toda duda de donde echarse.
Un vino tinto chileno, nos acompañará en la aventura de la carne, olor y bouquet de un sur nunca olvidado, cordón umbilical con los recuerdos, savia viva de una distancia añorada&
Debo levantarme, la punta de salón que tendimos sobre el parrillero esta pidiendo a gritos que la corte, para terminar su punto en cada lonja, y los chorizos piden que los retire un poco del calor que ya estan prontos.
En el aire, suenan Los Olimareños, himno fundamental de los últimos asados, mientras los teléfonos quedan quietos sobre la mesa respetando los acordes musicales extraños&
Otro domingo en Nicaragua, un domingo como tantos, un asado como hay muchos, pero con el toque especial de estar juntos, vivos, y sentirse en casa, descansando&
Desde el pais de los volcanes y los lagos
Un gran abrazo
Enrique