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El plan de los Kirchner para
quitarle más dinero al campo
por Claudio M. Chiaruttini
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Nada en el gobierno del matrimonio Kirchner es casual. Por lo general, detrás de cada decisión económica o financiera hay un negocio oculto, por lo cual, para conocer las verdaderas causas del aumento de las retenciones y la aplicación de retenciones móviles hay que analizar quienes pierden y quienes ganan con la aplicación de las medidas.
En principio, como se ha repetido hasta el hartazgo, es el Tesoro el gran ganador con un aumento de la recaudación de US$ 1.200 millones.
Si tenemos en cuenta que los mercados financieros internacionales están cerrados y el gobierno todavía necesita unos US$ 4.000 millones en 2008 para poder hacer frente a las obligaciones de caja, el dinero adicional es muy bienvenido.
Una segunda consecuencia, denunciada por el gobierno, es frenar la suba de precios de cereales y oleaginosas a nivel local. Este argumento es un 80% falso y sólo un 20% verdadero.
Por ejemplo: 95% de la soja se exporta y los productos que se consumen a nivel local son usados por la industria alimenticia, no por el consumidor minorista.
Es cierto que el girasol y el maíz sufren mayor impacto en los precios, domésticos por subas internacionales, pero no llegan a ahogar los bolsillos de las familias argentinas (carne y leche, los dos subsidiados, han subido más).
El mayor impacto es al incremento del trigo, en especial, en los precios en panadería, dado que los productores de fideos, por lo general, exportan parte de su producción y compensan la diferencia.
Desde el gobierno de Eduardo Duhalde a Cristina Fernández de Kirchner, las retenciones han pasado de 10% a 46% y los aumentos de precios no han cesado, al contrario, se han acelerado, es decir, son un remedio inservible.
Ahora, supongamos que el argumento oficial fuera verdadero: son muy pocos los antecedentes en el mundo donde un gobierno, en aras de defender su mercado interno, decide sacrificar rodeos vacunos, vacas lecheras y, ahora, productores de soja y girasol.
La madre del borrego
Una tercera consecuencia, poco analizada por los medios de comunicación, es que la Casa Rosada ha decidido poner un techo a las ganancias que puede obtener el sector agropecuario.
En su informe, el analista Pablo Andreani explica que, por culpa de las medidas, si la soja o el girasol cotizan en el mercado internacional a US$ 500, el productor recibirá sólo US$ 300; pero si el precio sube de US$ 600 a US$ 700 la tonelada, el productor recibirá sólo US$ 5, mientras el Estado recibirá los otros US$ 95.
Para el caso del maíz, si la tonelada pasa de US$ 225 la tonelada a US$ 275, el Estado se lleva US$ 39 y el productor sólo US$ 11 y, en el caso del trigo, una suba similar de US$ 50 implica que el Estado se queda con US$ 16 y el productor con US$ 34.
De esta forma, con el paquete de medidas, queda en claro que cualquier suba que haya en soja y girasol en los mercados internacionales será a favor del gobierno, en tanto que si se apuesta al trigo o maíz, se ganará más con menor incremento de precios a nivel mundial.
Que queda claro: el gobierno del matrimonio Kirchner no sólo quiere recaudar más, en verdad, quiere que el fenómeno soja no siga avanzando y los productores se vuelquen al maíz o el trigo.
Desde hace 3 años, economistas amigos de la Casa Rosada vienen advirtiendo del peligro de dejar avanzar el proceso de sojización en forma descontrolada. Ahora, se quiere diseñar un cambio del horizonte agropecuario argentino.
Alguno puede decir que con estas medidas, el gobierno le ha cortado las alas a uno de los sectores mas competitivos del mundo para producir, procesar y exportar productos derivados de la soja. Sin embargo, ese es el objetivo oculto del plan.
Poco le importa a Néstor o Cristina Fernández de Kirchner que, sin el apoyo de ningún gobierno, el campo invirtió en 10 años cerca de US$ 10.000 millones de su bolsillo para poder ganar para la Argentina 4 millones de hectáreas para el cultivo.
Tampoco le interesa que la eficiencia de la producción permite obtener soja a 1.500 kilómetros de un puerto y obtener rentabilidad.
Con el nuevo modelo de producción y el aumento de los fletes 300% en 3 años (¡¡Gracias Hugo Moyano!!), muchas áreas dejarán de ser explotables comercialmente.
Por ejemplo, Pablo Andreani pronostica que en la campaña 2008-2009, pueden quedarse sin sembrar 2 millones de hectáreas, lo que implica 6 millones de toneladas menor de producción, US$ 3.000 millones menos de exportaciones y US$ 1.200 millones menos de recaudación.
Así, para ganar US$ 1.200 millones adicionales en 2008, el juvenil e inexperto ministro de Economía Martín Lousteau, le quitará US$ 1.200 millones de recaudación en 2009 a su heredero en el Palacio de Hacienda.
Justo cuando el biodiesel aparecer en el horizonte mundial, la Argentina va a comenzar a producir menos soja y girasol. Hay veces que parece que el gobierno quiere un país como en 1970 (chiquito, cerrado y dividido).
En 10 años, la producción de soja en la Argentina aumentó 38 millones de toneladas (de 11 a 49 millones), mientras que Brasil aumentó sólo 11 millones y Estados Unidos apenas 6 millones. ¡¡¡Eso es competitividad!!! ¡¡¡Y sin el apoyo de ningún gobierno!!!
En la última década, la Argentina logró abastecer el 86% del crecimiento de la demanda mundial de aceite de soja y el 91% de harina de soja. Pero eso, gracias al gobierno de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, será parte del pasado.
Los grandes ganadores
Queda por ver quién se beneficia con este modelo de producción en donde el trigo y el maíz deberían crecer en su producción y bajar en sus precios a nivel local; al mismo tiempo que baje la cantidad de superficie dedicada a la soja y el girsol.
Gracias a una mayor producción de trigo, el gran ganador será el todopoderoso Secretario de Comercio Interior, Guillermo Lassie Moreno, que podrá ofrecer al IndeC un producto que tiene fuerte impacto en la nueva canasta de consumo que tiene el organismo en análisis gracias a los panificados y pastas.
Gracias a una mayor producción de maíz, las industrias avícola y porcina, dos de las mayores aliadas al gobierno en el campo, recibirán materias primas más baratas, con lo cual, podrían vender mayores cantidades en los mercados internos o externos.
Además, carne de cerdo y de ave han crecido en ponderación en la nueva canasta del IndeC, con lo cual, si bajan a nivel domésticos, permitirán una segunda gran sonrisa en la cara de Guillermo Lassie Moreno.
Un tercer ganador es el grupo de grandes empresarios que han invertido en plantas de biodiesel y los grandes exportadores de cereales y oleaginosas.
En medio del lock out agropecuario, pocos se dieron cuenta que fueron bajadas las retenciones para aceites y harinas de cereales y oleaginosas.
De esta forma, las inversiones en silos y plantas para producir biocombustibles que se están construyendo recuperarán más rápido su inversión. ¡¡Milagro!!
Así, mientras el pequeño productor agropecuario está en la ruta tratando de evitar las provocaciones de los camioneros y forcejea con la gendarmería, los grandes exportadores e inversores en biocombustibles brindaron con champán en Semana Santa.
Por fin queda en claro que los Kirchner tienen un Programa Agropecuario, pero sólo para beneficiar a sus amigos, como ya se ha visto en otros sectores.
Lo dicho: en el gobierno kirchnerista, las casualidades no existen.
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