El accidente de Evita… o… los riesgos de una profesión peligrosa…
Dr. Enrique Rimbaud Decano de la Facultad de Veterinaria
Managua - Nicaragua
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Son casi las tres de la tarde, y aunque no es mediodía, el sol parece caer de plano sobre el corral, la montaña tiene ese efecto, hace parecer que el sol estuviera más cerca, se siente más… el calor es casi insoportable, y no lo sería tanto si no se le sumara el polvo tedioso del corral… hombres y bestias recogen el polvo en su sudor, cambiando de colores, formando lodos cutáneos que van dejando curiosos y artesanales dibujos sobre la piel… en todos los cuellos, collarines negros iban engrosando marcando la fatiga… el sol marcaba reflejos estelares en cada gota de sudor emergente, otorgándole por un instante un brillo de dioses a las pieles cansadas…
Solo los mugidos de las vacas y los gritos de los trabajadores resonaban en las calles de "Las Mercedes", comunidad Sauceña, en la que veterinarios y estudiantes de la UCC, junto con gringos de la misión "Thousand Hills Mission" se encontraban vacunando, desparasitando y vitaminando vacas de los campesinos pobres de la comunidad… como tantas veces, como tantos años, como tantas otras ocasiones…
En el corral, no había manga, solo un bramadero flaco y deforme al que se iban atando vaca tras vaca para inyectarlas…
Hay vacas de mal genio, y no es que sean malas, sino que nunca han visto un veterinario, son vacas de monte, acostumbradas a pasar solas, procurando todos los días encontrar el zacate diario para comer, a las que solo de vez en cuando las juntan para llevarlas de un lugar para otro… el traslado, el calor, el polvo, los gritos, verse atadas, los pinchazos, terminan a veces por enloquecer un animal…
Evita, ya cansada, se dirigía hacia las cajas a recargar las jeringas, su paso era lento, casi arrastrando, ya hacía cuatro días que estaban trabajando, y el cansancio se había apoderado de su cuerpo… unos metros más allá, una de las vacas, la había visto, y tomando carrera, decidió desquitarse con ella el estrés sufrido… Pedro le gritó que se corriera, pero fue en balde… ochocientas libras de músculos, huesos y tendones ya se habían disparado… no había cuenta regresiva que cortar… Evita sintió recién el tercer grito, y fue cuando dio vuelta, solo para ver la vaca casi encima, levantar la cabeza, y atravesarle el rostro con un cuerno…
El chasquido del hueso que se rompía hendió los aires, mientras el cuerno penetraba en la piel tierna de la chica, arrancando piel y músculos como si fueran nada…
Evita salió disparada por los aires, cayendo unos metros más adelante, como quien tira un saco de arroz o de frijoles… Pedro y el hermano de Luz azuzaron la vaca, la que se dio vuelta, embistiendo al hermano de Luz sin consecuencias, y alejándose luego, mientras todos corrían hacia el cuerpo inerte de Evita…
Desprendimiento de tejido facial, desprendimiento del músculo masetero, fracturas de maxilar, vómer y malar, hemorragia abundante, el bello rostro era una mancha roja sobre el piso del corral, el hermano de Luz le arremangó la piel sobre la misma cara, Pedro le improviso un vendaje con su camisa, Luz al verla no pudo refrenar un grito de terror, y mientras Pedro la chineaba, el chofer prendió el motor, saliendo todos disparados hacia El Sauce, y de un solo, hasta el Hospital de León, el más cercano del lugar… Evita solo lloraba, licuando la sangre que manaba de su rostro, pidiéndole a Pedro que no la dejara, que no se fuera de su lado…
En el hospital, al verlos llegar, la chica con la cara envuelta en la camisa ensangrentada, se encendieron todos los mecanismos, y la máquina médica actuó de inmediato, placas, muestras, anamnesis, se fueron realizando camino hacia el quirófano, donde el cirujano realmente hizo maravillas…
Luego de varios días, ya le están por dar el alta, el susto y los nervios dieron lugar al dolor, el horror dio paso a la vida, y salvo dos cicatrices con un centenar de pequeños puntos que cruzan su cara, solo se empezó a formar la anécdota, dando paso a la historia…
Las cicatrices, son solucionables, un poco de plástica aquí, otro poco allá, y puede quedar hasta mejor… pero… no hay quien opere el susto, quien quite el miedo, o quien pueda dar seguridad a quienes trabajan en el campo, en estas condiciones, en un país tan pobre y que tanto precisa de estos voluntarios…
La medicina veterinaria es una profesión de riesgo, a nivel mundial, las compañías aseguradoras la tienen calificada como de grado máximo, junto con los soldados, policías o bomberos… los animales no entienden lo que uno hace, y más allá que se les está haciendo por su bien, para ellos es como un ataque, y se defienden… muerden, arañan, patean, cornean… y es su respuesta natural frente a nosotros… no tienen culpa… nosotros tampoco… pero alguien tiene que hacerlo, y ahí es cuando pagamos las consecuencias…
Hoy fue solo un susto, un accidente sin consecuencias graves o vitales, pero otro puede ser fatal, como tantos que he visto, como tantos colegas que hemos velado… no son solo los accidentes, son también los cansancios y los accidentes de carro posteriores, son las enfermedades transmisibles, son los medicamentos tóxicos… debemos extremar las medidas de seguridad…
Hace unos años, un colega que quedó ciego a causa de un accidente laboral, dedicó su vida a estudiar lo que le ocurría a los veterinarios, sobre todo a los veterinarios de campo, luego de hacer una encuesta, descubrió que todos sufrían de tres accidentes graves con animales promedio anuales, por lo menos un accidente de carro anual, y que más del 75% había adquirido brucelosis…
Brucelosis, leptospirosis, tuberculosis, ántrax, heridas, fracturas, desgarros, fiebres idiopáticas, son el diario vivir de un veterinario…
Si repaso mi vida, puedo construir una leyenda desde mis cicatrices, más de treinta accidentes graves con animales, diecisiete accidentes de carro, uno de avión, dos de barco, tres veces contagiado de brucelosis, una de ántrax, los huesos marcados en varios lados y un flemón del brazo derecho por la palpación rectal de vacas…
No obstante, por nada del mundo dejaría de ser veterinario, habrá quien no me entienda, pero el olor del sudor, de la sangre y la ñaña, mezclados con el polvo y el calor, tienen algo que embriaga… no hay nada que de más satisfacciones que ver un animal curado de una herida o enfermedad, y la cara del dueño agradeciendo, sin saber que decir…
Hace poco, caminando por las calles de Matagalpa, buscando cigarrillos, de una casa me salió un enorme Rottwailer, se dirigió hacia mí, y cuando estaba a un palmo, en vez de atacar… me lamió la mano, el dueño nervioso me reconoció y me dijo, no se acuerda? Hace un año usted lo curó… venía bien herido… los animales también recuerdan… y agradecen…
Hoy, la comunidad de Las Mercedes esta triste, el recuerdo de la alegre figura de Evita, repartiendo risas y entusiasmo se desdibujó en el accidente, bañando de dolor al pueblo agradecido, Evita va a volver, y su risa resonará nuevamente, dejando eco en los corrales, contagiando a la gente con su alegría y sus ganas, demostrando de que estamos hechos, y para qué…
Bienvenida Evita, bienvenida nuevamente a este mundo que te quiere y te pertenece, y del que en un momento pudiste haberte ido… gracias por ser como sos, gracias por estar con nosotros, gracias por regalarnos tu alegría… un beso grande…
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