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Sexualidad y Cultura Por Anabella Loy Licenciada en Antropología
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Dice Freud, equivocadamente, que la biología es el destino. Equivocadamente, porque el único destino que conocemos es la modificación de las conductas biológicamente determinadas, por la cultura en la que vivimos.
Si bien la existencia de sexos diferentes hace surgir conjuntos de conductas ligadas a aquellos, éstas difieren según el tiempo y el lugar.
Los hombres no nacen predestinados por la naturaleza a ser guerreros, a dominar sexual y políticamente a las mujeres, a jugar al fútbol o a demostrar valentía y virilidad. Si así fuera, todos los hombres en todas las culturas alternarían su tiempo entre la cancha y el campo de batalla -lamentablemente, con frecuencia la primera se asemeja al segundo-.
Las mujeres tampoco nacen predestinadas a criar hijos, amamantar amorosamente a todos sus hijos, cocinarles galletitas o satisfacer todas sus necesidades. Si así fuera no existirían ni el infanticidio, ni las técnicas abortivas, ni los niños abandonados.
No se trata de predestinaciones anatómicas o fisiológicas.
El problema es que nuestra cultura confunde elementos que provienen de la biología con elementos y actitudes fijados por la cultura. Y las actitudes ligadas al sexo existen, son construcciones sociales y presentan variaciones casi infinitas en el espacio y en el tiempo.
En este tema, me parece interesante hacer referencia a las maneras en que la sexualidad se concibe y se pone en práctica en culturas diferentes a la nuestra, aún teniendo en cuenta que la nuestra admite -al fin- un número amplio de variantes.
Para empezar, no todas las culturas que han existido sobre la Tierra unifican sexo y concepción. Una cantidad de mitos explican -de forma poética a veces-, cómo se produce un embarazo. Un lindo ejemplo es el de un niño en miniatura que elige entre las posibles a la madre que lo gestará, y se trepa por su mocasín hasta ubicarse dentro de ella, y a partir de ahí, dar los pasos necesarios para nacer. Eso nos conduce a pensar la idea de paternidad como algo más que un aporte biológico o genético, que no es, culturalmente hablando, un prerrequisito obligarorio.
Las diferencias entre los sexos se van modelando desde la niñez, a través de los cruces que se producen entre lo innato y lo adquirido, entre lo individual y lo social. Las primeras experiencias de socialización del niño pequeño serán claves en su identificación, personal, sexual, étnica.
La homosexualidad puede ser vista con entusiasmo o con horror, como una opción sexual o como una patología. Y desde estas páginas no vamos a discutir esos puntos de vista.
Existen grupos humanos que consideran que el semen es una fuente de energía que no debe malgastarse, o que solamente puede ser obtenido de otro hombre a través de un coito oral.
Para esos grupos guerreros, la homosexualidad no es una "opción" sino una parte de la vida, que todos los hombres del grupo atraviesan, y que no excluye tener esposas e hijos.
Entre los crow, cuyo modelo masculino era el del guerrero valiente, algunos muchachos (llamados "berdaches") que no se adaptaban al modelo, elegían ocupar roles femeninos y trasvestirse, dando servicios sexuales a otros guerreros. Lo interesante es señalar que, culturalmente y a diferencia de lo que se pensaría en nuestra propia cultura, la hombría de este último no se vería como disminuida o amenazada.
En casos como ese, la homosexualidad es una etapa en el desarrollo de la personalidad masculina. Entre los azande del Sudán, sucede algo similar.
Aún en casos tan diferentes en su concepción de la sexualidad en comparación con las nuestras, no debe considerarse la nuestra como mejor, más perfecta, más natural o más admisible que la de cualquier otro pueblo. Ninguna cultura puede ser el modelo de lo que es natural, cada una determina lo admisible y lo inadmisible. Y aún así existe con frecuencia una distancia importante entre lo que se declara como admisible o bueno y lo que se hace sin declarar, entre el ser y el deber ser. A modo de ejemplo, nadie admitiría explícitamente que realiza prácticas sexuales con niños o niñas, y sin embargo esas conductas existen.
Además, los roles sexuales están vinculados con muchas otras variables de la sociedad, y se van modificando en consonancia con la cultura de la que forman parte.
Hoy, en nuestra sociedad, las parejas viven juntas sin casarse, tienen hijos a edades más tardías, se multiplican los hogares monoparentales, la tasa de divorcio es cada vez más alta, ambos miembros de la pareja -homosexual o heterosexual- trabajan, los padres comparten la crianza de los hijos.
Los roles sexuales, entonces, no dependen solamente de diferencias biológicas. Los cambios en las tecnologías de producción llevan a definir ciertos roles masculinos y femeninos ideales, y no otros. Dice Marvin Harris que "La industrialización ha incrementado los costos de la crianza de los hijos al tiempo que ha reducido sus beneficios. Por tanto, ha alterado fundamentalmente el matrimonio y la vida doméstica.
La continuación de estas corrientes modificará las personalidades ideales del hombre y la mujer del futuro". Los países desarrollados son ejemplos de la nueva demografía. ¿O existen otras razones que motiven la disminución de las tasas de natalidad en contextos privilegiados?
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