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Francisco de Miranda,
héroe de los de antes
Marcos Cantera Carlomagno |
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Don Francisco de Miranda, héroe de esos que ya no vienen más, es uno de mis personajes preferidos. Alabado por Bolívar, quien lo traicionó; admirado por Napoleón, con quien combatió; suspirado por Catalina de Rusia, con quien se acostó, Paco Miranda fue un clásico representante de una época y un estilo. Teniente coronel del ejército real español, mariscal de campo del ejército francés, coronel del ejército ruso, soldado de la Independencia norteanericana, generalísimo de la Independencia hispanoamericana, lindo de cara y cuerpo, buena presencia y mejores modales, fina la parla, docta y sensible, Miranda impresionaba por sus rápidos decires.
Francisco nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. A los 17 ya llevaba muchos años de estudios de historia, arte, latín, griego, geografía, lenguas extranjeras, lógica, metafísica y otras cosas hoy defintivamente desplazadas de los planes educativos. Con 20 años marcha a España, para alistarse en el ejército de Su Majestad. Combate en África, en Europa y en América, participando activamente de la Independencia norteamericana, de la Revolución francesa y de la Independencia hispanoamericana.
Luego de conocer el olor a la pólvora en Argel y sus entornos, Miranda es enviado al Caribe. Participa del ataque a las Bahamas y de la toma de Pensacola en Florida, obtiene altos grados militares y mucha gloria, pero nacen sospechas de doble juego y Miranda debe huir a Norteamerica, en donde permanece durante 18 meses. Allí cultiva la amistad de George Washington, Alexander Hamilton, Thomas Paine y otros líderes políticos e intelectuales. Se hace amigo también de un ilustre francés: el marqués de La Fayette. Y, embebido de tantas ideas nuevas, se convierte a la masonería y crea una orden, embrión de la Gran Reunión Americana, la madre de todas las órdenes masónicas hispanoamericanas.
Es en ese entorno y en ese contexto que Francisco Miranda forja sus ideas independentistas para Hispanoamérica. Con 34 años, en diciembre de 1874, se embarca para Londres, en donde construye su base de operaciones.
Durante cuatro años (1785-1789) recorre Europa, visitando Holanda, Italia, Alemania, Francia, Suiza, Bélgica y Grecia. De allí pasa al Asia Menor y al Imperio Turco, visitando Constantinopla. En febrero de 1787 conoce a Catalina de Rusia en Kiev. La zarina se enamora de él y lo convierte en uno de sus famosos preferidos. Además de los favores carnales, Miranda tiene permiso para llevar uniforme militar ruso. Se convierte en coronel del ejército zarista, pero a pesar de los ruegos de la zarina, prosigue viaje.
Durante su largo y aventuroso periplo europeo y asiático, Francisco Mirande es seguido de cerca por los agentes de la corte española, la cual no logra nunca la extradicción del pintoresco personaje. En un burdo intento de engañar a sus seguidores, Miranda adopta el nombre de Monsieur Meyrat. De nada le sirve: su fama es tan grande como la de Casanova. Y su llegada igual de esperada...
El 18 de junio de 1789 Miranda regresa a Londres, se entrevista con el Primer Ministro británico Sir William Pitt y discute con él su proyecto de emancipación hispanoamericana. Esto es algo que a los ingleses les cae sumamente bien, faltaba más aclarar, pero que aún no están dispuestos a apoyar abiertamente.
Un par de años más tarde, en marzo de 1792, el ya legendario venezolano vuelve a París. Allí, el 25 de agosto de ese mismo año es nombrado mariscal de campo del ejército revolucionario francés. Participa activamente de la defensa de la revolución al mando de una división, y derrota a los prusianos en las batallas de Morthomme y Briquenay. Por pedido de Charles Dumouriez, Miranda se integra a los ejércitos del norte. Ocupa Amberes y toma el mando del ejército en Bélgica. Pero se ve obligado a levantar el sitio de la ciudad de Maastricht (Holanda) y luego de la derrota de Neerwinden (Bélgica) debe retirarse.
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Estos reveses militares son utilizados por Dumouriez, quien pensaba pasarse a los austríacos, para acusarle de traición ante Dantón y la Convención. Llevado hasta el temido Tribunal Revolucionario, en pleno Terror, Miranda desarrolla una magistral defensa propia (si bien los cambios políticos le son propicios), evita la guillotina y es liberado el 13 de enero de 1795. Dos días más tarde regresa a Londres.
Nuevamente en Inglaterra, el venezolano reanuda sus gestiones con el gobierno británico a fín de lograr la ayuda necesaria para la ejecución de su plan de operaciones en Hispanoamérica. Al no obtener apoyo logístico, organiza una expedición a bordo del bergantín Leander (así llamado en honor de su primogénito Leandro). Miranda y sus amigos, pues de eso se trata, parten el 2 de febrero de 1806 hacia Jacmel (Haití). Allí se le unen las goletas Bee y Bacchus.
El 12 de marzo de ese mismo año, Miranda crea la bandera tricolor, la amarilla, azul y roja. Desembarca en La Vela de Coro el 3 de agosto de 1806, toma el fortín e iza la nueva divisa, pero no logra el apoyo de los pobladores y debe retirarse.
Pasan cuatro años. En octubre de 1810, Miranda decide volver a Venezuela. Detrás de la decisión hay largas charlas con otros criollos independentistas, principalmente los comisionados de la Junta Suprema de Gobierno de Caracas (Andrés Bello, Simón Bolívar y Luis López Méndez). A esa altura, la casa londinense de Miranda, en el númro 27 de Grafton Way, se ha convertido en sede de la insurrección hispanoamericana. Luego de una corta escala en Curacao, el 10 de diciembre, Francisco Miranda llega a La Guaira como teniente general de los ejércitos de Venezuela.
Allí se incorpora al Congreso Constituyente, sostiene la necesidad de declarar la Independencia definitiva y logra que esto se haga el 5 de julio de 1811. Como símbolo se adopta su estandarte tricolor de 1806.
Lo que sigue, es lamentable. Un terremoto natural, el 26 de marzo de 1812, y una derrota militar, la de Bolívar a manos de Domingo Monteverde en Puerto Cabello, lleva a Miranda a negociar con los realistas, algo que concluye con la Capitulación de San Mateo el 25 de julio de 1812 y la pérdida de la Primera República.
Consecuencia de todo esto es la renuncia de Miranda a su cargo de General en Jefe de Tierra y Mar de la Confederación de Venezuela. Durante la noche del 30 al 31 de julio, cuando se preparaba a embarcarse en La Guaira rumbo a Curacao, un grupo de militares y civiles entre los que se encontraba el propio Bolívar lo arresta, acusándolo de traición. Por una extraña casualidad, de esas demasiado extrañas..., las fuerzas realistas entran a La Guaira instantes después y se apoderan del ilustre detenido. El 4 de junio, Miranda es trasladado a la fortaleza de El Morro en Puerto Rico y a fines de 1813 llevado a España.
Don Francisco no tiene aún la edad de un jubilado moderno cuando conoce la triste realidad del calabozo en el cual vivirá sus últimos años. Allí, en el Fuerte de las Cuatro Torres, en el arsenal de La Carraca, en Cádiz, muere en la madrugada del 14 de Julio de 1816. El día elegido para morir no está nada mal: es el aniversario de una de las varias revoluciones por las cuales luchó.
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