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Año III - Nº 179
Uruguay, 281 de abril del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 
MARACANÁ Y ARIZONA!!!!
* Carlos Arce
Porto Alegre/Brasil
 

Que tiene que ver el glorioso estadio que nos recuerda el "maracanazo" del año 50 que dejo de ser "o mais grande do mundo", pasando de sus 220 mil lugares a los modestos 80 mil de hoy en dia , con el estado norteamericano mas famoso por sus parajes desérticos y su Grand Canyon???

En mi memoria tienen mucho que ver pues ambos son sinónimos de MATINÉ en mi juventud.!!

El primero claro fue el clásico Maracaná de Malvín, en la ex-Veracierto, casi la Rambla.

Yo me iba los sábados, no recuerdo con claridad pero creo que ese día pasaban 5 películas y los domingos solo 4 claro pagando una sola entrada..

Entraba a las 13:30 y salía ya en la oscuridad próximo a las 20 horas, con los ojos como dos huevos duros de tantas imágenes. Los pobres volvían cansados, pero con el alma lavada, de lo "bien" que aprovechada la entrada.

Me acuerdo que la platea era medio en bajada, para que todos pudiesen ver la pantalla con mayor comodidad.

Aunque no era un cine grande, podrían allí ubicarse más o menos 5 o 6 veces la misma cantidad de espectadores que en los mini-cines actuales de los shoppings.

Los bancos eran con el respaldo de madera, sin ningún tipo de confort, aunque el asiento si era tipo pullman.

Recuerdo con claridad como el pobre acomodador intentaba inútilmente de "domar a las fieras", que se tiraban papelitos, y demás objetos. Su pelada brillaba ya iluminada por el rayo del proyector.

Entre una y otra película era un desbande total hacia la panadería que quedaba enfrente, donde devorábamos las tortuguitas de jamón y queso con una coca.

Y corre de nuevo al cine.

Afuera el tiempo horrible y frío, la arena de la playa volando, pero eso ni lo veíamos, dentro estábamos protegidos en el mundo mágico del séptimo arte.

Elvis Presley, Tarzán, y cuantos mas.

La historia del Arizona es más o menos similar, aunque en otra época y circunstancias.

Mi abuela vivía al lado del Zoológico de Villa Dolores y todos los sábados nos íbamos con mi madre a visitarla, y mientras ella pasaba varias horas acompañándola yo me iba hasta el Arizona que quedaba en la Av. Rivera.

Hoy en esta época de videocasetes y DVD, es solo un recuerdo mas de nuestra juventud, dorada. y que lindo haberlo vivido pa´poderlo contar....

CARLOS ARCE, PORTO ALEGRE.


Las matines de las que contás yo las viví aunque no tan tanto.

Teníamos en el barrio el cine Casablanca y el cine Biarritz en 21 y Ellauri, uno frente a otro. Me acuerdo que en invierno algunas veces fui con mi hermano.

Mi vieja nos preparaba en una bolsita refuerzos con mortadela y nos daba unos pesos para comprarnos la Coca y el maní con chocolate.

Yo no tenía paciencia para quedarme hasta la última película (nunca fui de gustarme de ver películas, incluso hoy tiene que ser algo muy bueno para que mi esposa me convenza de ir al cine) y prefería ir con mi viejo al fútbol o teníamos unos encuentros muy divertidos con todos mis primos los sábados en que se juntaba la familia cada vez en casa de otro.

Así que lo de las matines los dejaba casi como última opción.

Después cuando tuvimos la primera tele (en 1961) creo que nunca mas fui a las matines , aunque en verano cuando íbamos a veranear con toda la flia. a Pque. del Plata , mas de una vez nos fuimos a alguna matine al cine de la calle Ferreira , al lado de la mitológica heladería La Fontaine , en especial los días que llovía.

RUBEN FRIEDMAN, ISRAEL


Me trajiste recuerdos hermosos Carlitos.

Yo también fui un gran cinedependiente. Fíjate que en la época de mis concurrencias a las matinée, no había televisión.

Solo nos entreteníamos escuchando la radio e imaginándonos lo que tan bien los locutores, los periodistas, los conductores de programas de preguntas y respuestas, los presentadores de espectáculos en vivo en las fonoplateas y ni que hablar de las radionovelas, a diario nos entretenían, lo que al final, hasta mejor era, ya que nos hacía ejercitar los sentidos y el don de interpretar e imaginar.

En cuanto a las tardes de sábados y domingos, casi que sagrado era ir a la matinée, donde nos embotábamos con 3 o 4 películas y los infaltables "cortos" previos del Pato Dónald, el Gato Félix, Tom y Jerry... sin faltar, de vez en cuando, algún corto de Chaplín, los Tres Chiflados, o los inefables El Gordo y El Flaco.

¿Y qué tal los noticieros? Fíjate que yo soy de la época de la II Guerra Mundial, y como nos gustaban cuando pasaban escenas filmadas directamente del frente, o sobre un barco de guerra o en algún avión caza o torpedero.

Y pensar que esas 5 o 6 horas la pasábamos en salas abarrotadas, donde a determinada hora se oía más el ruido de papeles, desenvolviendo bizcochos, refuerzos de salame o mortadela y alguna botella de gaseosa, que lo que decían los actores en la película. ¡Y ni que hablar, en invierno, comiendo todo el mundo maníes, cuyas cáscaras tachonaban el piso que disfrutábamos pisándolas, haciéndolas sonar!
¡Cómo me gustaría volver a tener 10 años!

ERNESTO MARTINEZ, LAS PIEDRAS


Quién de nuestra generación no disfrutó del las Matinees. En mi familia era un ritual. Desciendo de una familia amante del cine. Mis abuelos maternos pasaban sus tardes del sábado y el domingo en el cine, al mediodía pasaban con la cachila a buscarnos y llevarnos con ellos. Mi abuela llevaba su eterno tejido y mientras miraba la película confeccionaba una espalda o una delantera del tejido de turno y sin equivocarse!!!!. En el intermedio, cruzábamos a la panadería y tratábamos de ocultar entre la ropa el paquete de bizcochos y las cocas, para que el portero no nos impidiera la entrada. Siempre había una panadería enfrente a un cine de barrio, al menos a los cines que yo solía ir: Sayago, El Mundial (Millán y Ascencio) y el Hollywood (Millán y Pedro 1ero.) Cuando crecimos, ya íbamos con la barra de amigos, 10 o 12 jóvenes en tren de divertirse, haciendo mucha bulla, sobre todo cuando el héroe del oeste corría al galope en su hermoso corcel, nosotros galopábamos con los pies hasta el punto de hacer temblar las tablas de los viejos pisos de la sala.

Recuerdo un día, creo que mirábamos La ventana Indiscreta con James Steward y Grace Kelly, en un momento en que con mucho suspenso, el asesino mira hacia la ventana del periodista lisiado sin que él lo note, uno de mis amigos, se levantó y gritó: "cuidado, cuidado, te van a descubrir". Eso provocó una estruendosa carcajada en toda la sala, hasta encendieron las luces para ver quien había provocado el escándalo, pobre, casi lo echan del cine esa tarde. En fin, podría contarte cientos de anécdotas, y recordar maravillosas películas que llenaron de magia e ilusión mi infancia y adolescencia.

SYLVIA, ORANGE, USA


Pos yo me acuerdo que vivía en la calle La Paz, entre República y Arenal Grande, a cuadra y media de Sierra.

Me daban cincuenta centécimos y me iba al cine toda la tarde.

Sobre la calle Sierra había dos cines. Cada uno daba tres películas.
Dos cuadras más hacia el centro estaba el cine Miami. Ese daba una o dos películas nada más.

Me pasaba toda la tarde viendo películas de Cowboys

Inclusive los 20 centécimos me sobraban para comprar caramelos Tofi.

RAUL SEOANE, JUJUY


No existía la televisión. Nuestra gran alegría era irnos con los amigos del barrio a pasar toda la tarde del domingo al Cine Maracaná.

Nos veíamos tres o cuatro películas interrumpidas al medio por un intervalo que daba como para salir a los piques a hacer un pis al baño y comprarnos enfrente una maravillosa tortuguita de jamón y queso.

Siempre soñaba con tener una campera como la de los aviadores de las películas norteamericanas.

Me iba con los vaqueros Far West dados vuelta en las botamangas, los zapatos de suela de goma Incalcuer y algún pullover tejido por mi vieja. Pero me enloquecían los jeans gastados de los vaqueros. La industria uruguaya no trabajaba con esa tela y mis primeros "jeans" me los compré arriba de un barco que amarró en el puerto de Montevideo y me lo compré de contrabando en un camarote de un barco extranjero.

Para evitar los controles de aduana salí de allí con los "jeans" puestos encima de los pantalones con los que había subido al barco. Los nervios de mi primer actividad ilícita me trajeron aparejado un "jean" dos talles más grandes que el mío.

Pero volviendo al Maracaná recuerdo el bullicio del piberío, el frío que venía del mar cuando entrábamos y salíamos del cine, la oscuridad con la que regresábamos a nuestras casas y la satisfacción del día vivido.

Abram Noejovich, Buenos Aires.

 
 
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