 |
Desjerarquización en la Policía |
Cuando se toma la dirección de una empresa, son muchos los riesgos que se deben enfrentar. Más aún cuando esa empresa se trata de una organización tan estrechamente vinculada a la sociedad y con una misión comprometida esencial y totalmente con ese conjunto social, como lo es la Policía. Como toda empresa, básicamente, la Policía muestra dos facetas claramente definidas, una institucional, intrínseca, que desarrolla, procesa y prepara su materia prima (recursos humanos y materiales) para el lanzamiento de su producto final al mercado, o sea el servicio de policía. Esto es, básicamente insistimos, la obtención, capacitación y entrenamiento del personal de policía para que, conjuntamente con la adecuada administración de los recursos materiales y técnicos, en el marco de una normativa interna especial y compleja, se logre cumplir con la salvaguarda del orden público y la seguridad.
La segunda faceta es precisamente la prestación del servicio, el cumplimiento de esa gran misión que es el mantenimiento del orden público y eventualmente su restauración, cuando éste se encuentra alterado. Hoy nos referiremos a la faceta institucional, esa cara interna que no se muestra, que permanece oculta a la opinión pública y surge sólo en ocasiones, a conveniencia de los distintos intereses que pujan tanto en la interna como desde su exterior. Hace dos años, ya analizábamos la crisis que condenaba a la Policía y le impedía desarrollarse eficazmente. La condición socioeconómica paupérrima de sus integrantes, agónica, interminable y desesperanzadora; el debilitamiento de los mandos, aferrados a sus cargos y de espaldas a las necesidades de su gente; la división de sus cuadros y el resquebrajamiento de la disciplina interna pintaron en los últimos años la triste realidad institucional. Bien, el proceso de cambio iniciado durante el pasado 2005 no ha alcanzado aún a modificar el rumbo de la Policía. La sustitución de las jerarquías en los cargos por otras de menor rango, ha evitado los posibles frenos al cambio, sin embargo se ha perdido nivel profesional, no se ha desarrollado la visión global y la respuesta por tanto es deficitaria. En la Policía se alcanzan las jerarquías, luego de muchos años acumulando experiencia y capacitación.
No producto de la casualidad o la fortuna. No es una buena señal no respetar las jerarquías. Y menos invertir cargos con grados que no se compadecen, como ha ocurrido. Se ha iniciado entonces dentro de esta corriente de cambios, un proceso de desjerarquización, que se suma a otro no menos nocivo y que socava la disciplina interna, como lo es el sindicato policial. Definitivamente, muy malas señales.
La Comisión Directiva
|