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Acerca de Karl Marx
y América Latina& * Fernando Pintos
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Para mal o para bien, sea que nos guste o deje de hacerlo, somos parte de América Latina. La referencia, que en un primer momento podría parecer algo perogrullesca, viene a colación porque en esta ocasión hablaré de las ideas de Karl Marx -con Engels y todo el resto del marxismo a cuestas-, con directa relación a nosotros y nuestro desdichado subcontinente. En 1848, mientras Karl Marx y Frederich Engels recién publicaban su Manifiesto comunista ("&Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes&"), recién se terminaba la guerra entre Estados Unidos y México, donde este último país perdió la mitad de su territorio. Y, véase lo que son las cosas: poco después del desenlace de aquella guerra rapaz, Frederich Engels escribía al respecto lo siguiente: "&Hemos presenciado la conquista de México por Estados Unidos, y eso nos complace. Constituye un factor de progreso que un país, ocupado hasta hoy por sus propios ejércitos y desgarrado por perpetuas guerras civiles, un país que en el mejor de los casos estaba por caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, sea lanzado por la violencia al movimiento histórico".
De aquella sencilla manera, uno de los padres del Manifiesto Comunista -padre fundador del comunismo- estaba explicando, literalmente, que lo inevitable por venir, es decir, la política del garrote (the big Stick), las incursiones de los marines y el saqueo de nuestras riquezas por las corporaciones multinacionales iban a ser, en realidad, una bendición para los latinoamericanos. Obviamente, en Wall Street deben seguir aplaudiendo las palabras de Engels y poniendo en práctica su pragmática filosofía sobre América Latina. No me cabe sobre ello la menor duda.
Pero aquellas palabras de Engels apenas fueron el arquetípico botón para muestra. El mejor ejemplo de desprecio contra Latinoamérica y los latinoamericanos lo daría el propio Karl Marx, aquel barbado y cejijunto profeta del lumpenproletariat, quien vivió toda su burguesa existencia pregonando la revolución, pero sin exponerse a tan siquiera recibir una bofetada (se había atrincherado, para tales efectos, muy confortablemente, en la biblioteca del tan capitalista como imperialista Museo Británico)& Un individuo que jamás realizó una hora, tan siquiera, de trabajo manual en toda su vida y que llegó a escribir como corresponsal para la guerra de Crimea, sin poner jamás un pie fuera de la ciudad de Londres (publicaba aquellos artículos en el celebérrimo diario norteamericano New York Tribune, a razón de cinco dólares por envío& Aunque sobre ello me extenderé en un siguiente artículo, porque los entretelones de aquel Marx periodista ponen, bien en claro, la calaña del individuo)& Ese mismísimo Karl Marx siempre pensó, declaró sin pudor a los cuatro vientos y escribió con frecuencia unos ataques infamantes contra los latinoamericanos y sus próceres más encumbrados.
En el año de 1858, por ejemplo, Marx escribió un artículo para la New American Encyclopaedia, en donde calificaba a Simón Bolívar de la siguiente manera: "&Un personaje mediocre y grotesco, que sólo pudo representar el papel de héroe porque acaudillaba un pueblo sin historia, del cual estaba ausente el fenómeno de la lucha de clases". Al igual que en casi todo lo que escribió o dijo, también acerca de esto Marx se equivocaba. Y no sólo con respecto a lo último que señalaba en su cáustico comentario -puesto que sí hubo una lucha de clases y también una guerra étnica, ambas despiadadas, durante la gesta independentista venezolana-, sino en todo el contexto. Pero aún en caso de haberlo sabido, Marx era demasiado arrogante para admitirlo y, para colmo, detestaba fervientemente a Latinoamérica y a los latinoamericanos, si bien con idéntica pasión admiraba a Norteamérica y a los norteamericanos. Karl Marx siempre creyó con fervor -fue una de las pocas cosas en las que no se equivocó- que tanto la una como los otros estaban predestinados a reinar sobre nosotros, los patéticos seres inferiores que hemos habitado, habitamos y habitaremos en esta caótica tierra de nadie a la cual se denomina, de manera bastante confusa y trasnochada, América Latina.
Conociendo la raíz del pensamiento de Karl Marx acerca de América Latina, siempre me intrigado la nutrida legión de seguidores y entusiastas que este pensador ha tenido y sigue teniendo entre nosotros. Pero, ejemplifiquemos esto para ver si se entiende mejor: Yo, católico, no lo sería si en algún momento de su prédica -digamos el Sermón de la Montaña- Jesucristo hubiera manifestado, con pésimo talante y cara de hacer ascos, algo parecido a lo que sigue: "&Habéis de saber que, dentro de muchos siglos, existirá en el mundo un lugar abominable que se llamará América Latina, y que esa tierra de abominaciones y bajezas estará habitada por una asquerosa ralea de mestizos, digna de la esclavitud y del exterminio: los latinoamericanos". Si bien está visto que el pensamiento marxista es experto en evadir con asombrosa persistencia los cauces de la lógica más elemental, siempre y cuando ésta no se ajuste a su capricho y conveniencia.
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