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Seguro que firmo
por Javier García |
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La sensación térmica es la que existe en el despacho del ministro Díaz, que cree que está haciendo las cosas bien mientras todo arde
El ministro del Interior, el Dr. Díaz, transita por unas calles dónde según él sólo recibe señales de aprobación por su gestión, dedo para arriba incluido. Deben ser las calles de otro país. Los uruguayos caminan por otras arterias, las de verdad, en las que se soporta el temor de ser víctima de violencia u objeto de la delincuencia.
Por esta situación real, no fruto de la imaginación ni de "sensación" alguna, es que se ha modificado la vida de muchos uruguayos, y también se restringe la libertad de las personas que dejan de hacer cosas que quisieran en virtud de que deben asegurar sus casas o bienes y limitar sus movimientos de forma tal de evitar ser hurtados o rapiñados.
Lo que debiera hacer el Estado, en los hechos se ha privatizado. Rejas, alarmas y guardias privadas suplen lo que debiera ser garantizado por aquel. Pero esto sólo lo pueden hacer algunos porque la mayoría carece de recursos para adquirir estos instrumentos.
El ministro, que es una persona de bien, sin embargo nos subestima. Nos habla de sensaciones térmicas pero sus estadísticas, las que hacen sus ayudantes, dicen que en el 2005 las rapiñas fueron 18% más que en el 2004. Los índices de delitos que mejoraron, reconoce el ministerio, están influidos por la disminución en las denuncias. Claro, quién se va a molestar en denunciar lo que ya sabe va a quedar en un cuaderno de comisaría. Si la clínica donde ejerce el Presidente, y que fuera suya hasta que pasó a su hijo, es robada y no se hace la denuncia, ¿qué se espera que haga el ciudadano común?
La sensación térmica es la que existe en el despacho del ministro que cree que está haciendo las cosas bien mientras todo arde.
El Dr. Díaz no puede resolver esto, no lo ha hecho ni lo hará entre otras cosas porque ideológicamente esta inhibido de hacerlo.
El ministro cree que las víctimas son los delincuentes y no se ha dado cuenta que la víctima es la población.
Su concepción es que quien delinque es producto de condiciones sociales de exclusión y que para terminar con el delito hay que terminar primero con las causas. Nadie niega que el contexto condiciona, pero eso no puede inhibir de reprimir el delito tenga el origen que tenga. Nadie puede negar tampoco que hay personas que viven estructuralmente al margen de la ley independientemente de su entorno.
Invita con su pasividad, además, a promover la autodefensa, que en algunas circunstancias linda con la justicia por mano propia, que es la negación del Derecho.
Ha sugerido en un acto temerario, como lo hizo en San José hace días atrás, que hay productores que fingen, según él, ser víctimas de robos de ganado cuando en verdad lo venden clandestinamente. No lo ha probado, pero tiñó el honor de estos trabajadores. Nos invita otro día a comprar silbatos para anunciar la presencia de sospechosos en los barrios. Esta semana informó en el parlamento que su cartera gastó más en teléfono que en combustible durante su gestión. El dato es revelador de cuales son las tareas que prioriza el ministro. Estamos frente al patrullaje "on-line", se habla mucho y se recorre poco.
Todo esto es una gran burla y por ello el Partido Nacional aprobará el lunes próximo salir a juntar firmas por seguridad en el marco del derecho de petición previsto en el artículo 30 de la Constitución, y lo haremos con proyectos concretos.
En Uruguay la "sensación térmica" pasará a medirse en firmas.
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