Antes que nada quiero puntualizar a que grupo de la población hago referencia al mencionar a "los chicos de familia", por lo que empecemos definiéndolos.
Un chico de familia vive en un sitio que reconoce como su casa, que puede quedar en cualquier barrio Piedras Blancas, Carrasco, Villa Española, Manga o Pocitos, por nombrar algunos barrios montevideanos. Es normalmente adolescente o apenas cumplida la mayoría de edad y ocupa sus días en estudiar, trabajar, en algunos divertimentos que pueden ir desde mirar televisión, ir al cine, tocar un instrumento musical, o juntarse a tomar mate y jugar a las cartas. Suelen vestir vaqueros, zapatos o championes, a veces llevan reloj, aunque reconozcámoslo suelen estar poco atentos a éste.
Pueden estudiar en el liceo de su barrio, en la UTU, en la Universidad de la República, ir al Colegio bilingüe más renombrado, o a la Universidad Privada más cara. Se trasladan en auto, suyo o de sus padres, en bicicleta, a pie o en ómnibus. Pueden tener cualquier color de pelo, usar ropa de marca o de la más barata, su reloj puede haber salido más de $ 3.000 o $ 150. A algunos les gusta ir más prolijos, otros adhieren a modas estrafalarias.
Un chico de familia puede tener padre y madre o no tener ninguno, pero si "alguien" que le haya dado un entorno de contención familiar, por el cual haya logrado obtener valores éticos y se ha adherido a ellos. Pueden descender de una familia atea o creyente, profesar alguna religión o ninguna.
Cuando digo valores éticos y sin querer caer en un problema semántico, estoy refiriendo a aquellos principios de comportamiento ciudadano reinantes en el colectivo de la sociedad uruguaya que están más allá de las religiones, sin estar en contra de éstas. Principios que marcan la conducta que nos permite a todos, a "los chicos de familia" y a los demás (los que somos adultos, y a los más pequeños) lograr una convivencia pacífica.
Así los chicos de familia suelen salir a divertirse, a bailar, algunos fuman cigarrillos, que les dañan la salud pero no les modifica el comportamiento, toman alguna bebida alcohólica y se alegran, pero no toman hasta perder el sentido de sus acciones. Y por sobre todo se mantienen alejados de las drogas alucinógenas.
Cuando escucho hablar de la desintegración estructural de la sociedad uruguaya, pienso en la marginalidad, y más del 50% de los niños del país naciendo dentro de ella, siento en que esos niños tienen pocas chances de convertirse en "chicos de familia" y anhelo que el Plan de Emergencia por el cual lucha el gobierno logre poder insertar a esos niños en este grupo, que intento definir como tales. Hijos de padres que viven de su trabajo, tienen los hijos que pueden mantener y cuidar, a los que mandan a estudiar, y no que viven de lo que ellos recaudan como limosna.
Sucede sin embargo que hay otros chicos que no debieran necesitar de un Plan de Emergencia para ello, pues no es un problema económico el que los ha dejado afuera de este grupo social. No soy sicóloga, ni socióloga como bien saben, por ello no estoy capacitada para discernir los motivos que han causado ese problema. Intuyo que el abuso del alcohol, de la droga les ha marcado el rumbo, desconozco sin embargo como ha sido que han comenzado por ese camino.
Cuando yo era una "chica de familia" nuestros centros de encuentro era la rambla en verano, el Parque Rodó o la calle 18 de Julio, los lugares de baile eran los clubes que organizaban fiestas a esos efectos.
Hoy si bien en el verano la Rambla mantiene su encanto, se ha logrado un circuito hermoso en la Ciudad Vieja. La primera vez que mi hijo me dijo que iban a ir a bailar allí, casi me desmayo, en mi juventud ese sitio era prohibitivo luego de las 18.00 horas. Sin embargo lo he comprobado, pues hemos recorrido el lugar con mi esposo, los lugares nocturnos que se han abierto, se llenan de juventud que alegra el panorama, y se ha formado allí la "gran movida montevideana".
Pero resulta que el lugar también se ha colmado de esos chicos que no pertenecen al grupo que he intentado definir como "chicos de familia", estos chicos pertenecen a lo que hoy definimos como grupos marginados por la extrema pobreza, pero también los hay que de pobres no tienen nada en el sentido económico del término. Así toman hasta no saber lo que están haciendo, se drogan y roban, molestan y lastiman a los demás que concurren al lugar a divertirse sanamente. Sueltan su agresividad, con el motivo que elijan, porque el otro es más pobre, o más rico, o parece serlo, porque se visten diferente, o porque justo estaba allí sentado.
A raíz de un problema ocurrido en el lugar, donde por suerte, aparte de unos moretones simplemente se perdió un celular que le robaron a mi hijo, es que he descubierto el problema que se está viviendo.
He conversado telefónicamente con personal de la Seccional Primera, de la Seccional Cuarta, y del 911, la explicación es que están desbordados, y les creo.
Sin embargo por mi trabajo suelo concurrir en la mañana varios días de la semana a la Ciudad Vieja, y allí nos encontramos, cosa que celebro, con más de dos policías por cuadra, no por manzana, por cuadra.
Desconozco el motivo por el cual, en la noche, cuando en un radio de pocas cuadras tenemos a todos nuestros hijos por allí, los hijos de todos, de los más ricos y de los más pobres, pasando por todas las posibilidades económicas imaginables, intentando divertirse, no ocurre lo mismo.
Tampoco entiendo como puede suceder que si hay un muchacho en el piso y encima de él otros 3 pegándoles, un policía desde una cuadra no "ve" lo que ocurre, y si lo ve, por qué no interviene. Creo que yo misma, una señora y grande, si veo una pelea en tamaña desproporción no podría permanecer indiferente.
Tampoco entiendo como puede ser que en ese lugar repleto de gente, una chica saque de la guantera del auto una cámara de fotos, se suba al mismo una patota y a punta de cuchillo le robe la cámara, y nadie vea nada, nadie reaccione y no aparezca la policía actuando.
Estos son dos hecho puntuales de los que me he enterado en estos últimos días, al comentar con diferentes personas el hecho de que en "Punto Bar" al descuidarse mi hijo, dio oportunidad a que uno de los concurrentes le robaran la plata y el celular, me contaron estos otros incidentes, ocurridos el mismo fin de semana. No le hecho la culpa a los responsables de "Punto Bar" pues mi hijo no debió haber dejado su "riñonera" en ningún lado, esos adminículos se inventaron justamente para tenerlos atados al cuerpo, y justo es reconocerles, le encontraron la cédula y la llave que el ladrón tuvo la "gentileza" de dejarle.
Aquí me parece importante remarcar lo que he intentado definir como "chicos de familia", pues mi hijo en un intento de justificar ante mi el motivo por el cual había descuidado la riñonera, me dijo en su léxico adolescente: "Mamá el que me robó no era ningún pichi, entrar sale caro, y no te dejan entrar vestido así no más". Por ese motivo incluso el dinero que le robaron era poco, pues se había gastado todo lo que tenía en la entrada y la consumición, le quedaba digamos para el ómnibus a la vuelta.
Es que ser un "chico de familia" no está directamente relacionado con el dinero con el que uno, o su familia cuenta, sino con los valores éticos que uno lleva adheridos a su personalidad.
Pero más allá de la pérdida del celular de mi hijo, que sin duda causará un desajuste más, en mi ya desajustada economía familiar, lo que me preocupa es el contexto.
Un chico ya no puede bailar dentro de un Púb., tranquilo sin estar mirando con 5 ojos el lugar donde haya dejado sus pertenencias, un chico no puede sentarse en un murito con su novia tranquilamente sin estar atento a que le caigan 3 malandras arriba que por algún motivo están enojados y descargan su rabia, muy "valientemente" pateando 3 a 1, a otro en el piso, una chica no puede intentar sacar una foto sin que la intercepten con un cuchillo para sacarle la máquina.
Estos 3 casos puntuales ocurrieron en un mismo fin de semana, a diferentes personas que ni siquiera estaban juntas. ¿Cuantos casos más ocurren allí todos los fines de semana? ¿Para qué hemos creado un circuito donde se reúna "la movida", los chicos puedan salir a divertirse, y sea también un lugar de atracción turística, sino les damos los mínimos elementos de seguridad para que puedan hacerlo pacíficamente?
Debemos luchar para que estos niños que hoy han nacido dentro de la marginalidad se conviertan en "chicos de familia", pero también debemos buscar los mecanismos para que los que hoy lo son, no dejen de serlo.
Y tenemos que analizar también los motivos para que esos muchachos sin motivo aparente para no serlo, no lo son, y buscar la forma de lograr insertarlos como tales.
Pues los chicos de familia serán quienes conviertan a nuestro país en lo que ha de ser en el futuro, pero por ahora la responsabilidad de que lo logren es nuestra, de los que alguna vez fuimos "chicos de familia" y ahora somos los padres de ellos. Da la casualidad que en este grupo estamos los simples ciudadanos, los dueños de las empresas instaladas en la "movida de la Ciudad Vieja", los empleados de esas empresas, los policías, los gobernantes. O sea todos aquellos que somos adultos, nacimos y crecimos en este país, y anhelamos para nuestros hijos lo mismo.
Debemos combatir la pobreza, pero no solo la de los bolsillos, si bien ahora hay situaciones acuciantes que debemos atender, pero no menos lo son la pobreza de la personalidad de la gente. Personalmente creo, y me hago cargo de mis dichos, que debemos ocuparnos menos de la forma y más del contenido. Los valores éticos nos andan escaseando a los uruguayos, no será haciendo misa que se logre recuperar la tolerancia, el cariño y el respeto por los demás, ni corriendo estatuas de lugar. No será creando cárceles, ni vaciándolas.
No se sinceramente cual es la solución, pero creo que llegó la hora en que quienes creemos en que otra forma de vivir es posible, nos hagamos oír, denunciemos lo que vemos. Estas cosas ocurren todos los días, en todas las calles de nuestra ciudad.