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Año IV - Nº 240
Uruguay, 29 de junio del 2007
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LAS COMUNICACIONES TELEGRÁFICAS
“The River Plate Telegraph Co.”

por Julio Dornel
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            En notas anteriores señalando el adelanto experimentado por las comunicaciones telegráficas en esta frontera recogimos algunos documentos ya publicados por otros medios, haciendo referencia al cable submarino que unía nuestro país con Europa. Sin embargo debemos reconocer que resulta difícil incursionar en temas de nuestro pasado histórico sin contar con el aporte  que nos permita identificar a los protagonistas de estos acontecimientos.

            En esta oportunidad queremos ofrecer a nuestros lectores el relato de quien fuera durante muchos años el Gerente de The Western Telegraph en Montevideo Gustavo Coll a quien agradecemos esta comunicación virtual donde nos ofrece fechas, hechos y circunstancias de la historia de las comunicaciones telegráficas en nuestro país: 

            Según los historiadores, la década que comenzó en 1860 vio a un Uruguay con muchos cambios y una gran actividad comercial. El conflicto bélico, fuera de fronteras, que se inició en 1865 trajo un gran aporte de dinero dado que Montevideo era la base de los soldados brasileños que marchaban al Paraguay y se abastecían en nuestra plaza. Al mismo tiempo aparecieron los capitales extranjeros, deseosos de invertir en estos parajes.    

Ya en 1861 se decidió implantar el sistema métrico decimal en1862 se instaló Liebigs. Se instalaron nuevos bancos como el Banco de Londres y del Río de la Plata; se accedió por primera vez al mercado financiero de Londres en 1864 por gestión del barón de Mauá. En 1869 se inauguró el servicio de ferrocarriles.

Año 1866

            El Uruguay estaba  gobernado por Venancio Flores, Argentina por Bartolomé Mitre y en Inglaterra se vivía el esplendor de la época victoriana. Existía una importante y floreciente actividad comercial entre ambas márgenes del Río de la Plata.

            Las comunicaciones entre Montevideo y Buenos Aires eran por medio de transporte fluvial, por lo que eran necesarias más de 24 horas para comunicarse ida y vuelta entre ambas ciudades. La conveniencia de hacerlo en forma más segura y  rápida era evidente. Había habido en 1855 una demostración del telégrafo eléctrico en un circuito instalado entre el Cabildo y una casa en la calle Colón, pero no había sido más que eso, una demostración. Conscientes de la necesidad de tener comunicaciones rápidas e interesados en una solución, varios hombres de negocios, con intereses comerciales en ambos países decidieron formar una empresa que aportase una solución de última tecnología para la época, es decir la comunicación telegráfica, en este caso, submarina. Esos hombres eran de origen británico y la empresa, bajo el nombre de “The River Plate Telegraph Co.” se fundó en Glasgow en 1865,  con un capital inicial de40.000    libras esterlinas. Desde el punto de vista tecnológico la solución de un cable submarino era realmente la última palabra para la época y debe recordarse que este emprendimiento tuvo lugar a pocos años de funcionar efectivamente en otras partes del mundo. El primer cable submarino que tuvo éxito fue tendido en  1851 entre Dover y Calais, con aproximadamente 30 millas de longitud. Pero el éxito no siempre acompañaba a los emprendimientos similares,  algunos de los cables de esa época, dejaron de funcionar casi inmediatamente por motivos técnicos o eran dañados por accidente. Entre los emprendimientos fallidos se encuentra el primer cable transatlántico que fue abandonado en 1866. En ese mismo año se tendieron 11 cables en el mundo, entre ellos el del Río de la Plata. Inglaterra era de todos modos,  el país pionero en la introducción de la telegrafía submarina, habiendo contribuido varios de sus más eminentes científicos en el estudio que permitió comprender la teoría de la transmisión submarina y diseñar y fabricar cables submarinos confiables junto con los equipos asociados.

Casilla frente al atlántico en balneario La Barra. Año 1948. Gentileza  de Gustavo Coll.

            Quizás como consecuencia, la mayoría de las fábricas de cables submarinos estaban en Inglaterra.   Obtenidos los permisos necesarios  (en 1865) y un monopolio de 15 años, se encargó un cable submarino a la empresa inglesa  W. T. Henley,  cable que fue tendido por el buque de la armada británica  “Dotorell” entre Colonia y Punta Lara, en la Argentina, en noviembre de 1866. En su novela histórica “No robarás las botas de los muertos”  Mario Delgado Aparaín menciona a este buque como testigo del sitio a la ciudad de Paysandú.

No obstante, el sistema no estaba completo al momento de la inauguración. El tendido de la línea aérea en el lado argentino no estaba terminado aún y los primeros despachos fueron enviados por mensajero expreso a Buenos Aires, desde Punta Lara. El cable constaba de tres conductores independientes lo que permitía un enlace en ambos sentidos al mismo tiempo.

            Recién en 1890 se instaló el sistema duplex, que habilitaba la transmisión simultánea, en ambos sentidos, por un mismo conductor.  Es interesante destacar que buena parte del cable original, entre Colonia y Punta Lara permaneció funcionando hasta el año 1970, cuando el sistema fue abandonado.

En el lado uruguayo la línea aérea tocaba Canelones, San José y Rosario. con más de 2300 postes. Desde esos puntos era posible cursar tráfico telegráfico. En el año 1873 se tendió un cable entre P. Yeguas y Colonia para hacer más segura la comunicación Montevideo - Colonia.

            La casa desde donde operó “The River Plate Telegraph Co.” en Colonia aún existe, más precisamente en la calle De San Pedro No. 142.

            Tan grande era la expectativa por el nuevo servicio que el día de la inauguración del mismo se declaró feriado nacional en Uruguay, y se intercambiaron mensajes de felicitación entre los mandatarios de ambos países, luego de una salva de 21 cañonazos.

            Entre los directores se encontraba el Sr. John Proudfoot, ingeniero, que también participó en el directorio del “Ferro-carril Central” y la “Bolsa Montevideana”.

            Una calle en el barrio Peñarol lleva su nombre hasta estos días.

            La operación comercial y técnica de la nueva empresa estaba a cargo del Sr. John Oldham, como superintendente (así se llamaba en esos días) manejándose toda la operación desde Montevideo.

            El Sr. Oldham había participado en las primeras tentativas para tender un cable transatlántico y tenía la experiencia adecuada junto con los conocimientos técnicos requeridos. Más tarde fue condecorado con la Orden de la Rosa por parte del entonces emperador del Brasil,  por su trabajo pionero de introducir la telegrafía en el Río de la Plata. 

            Como referencia se señala que el precio de un telegrama era de 4 pesos (o patacones) por las primeras 20 palabras; cada cinco palabras adicionales se cobraba a razón de 1 peso.

            La transmisión de los mensajes era realizada por medio del aparato Wheatstone ABC que si bien era lento no necesitaba de personal idóneo. 

            Más adelante se pasó al código Morse, que aunque requería personal especializado era mucho más rápido.

            Recién a principios del siglo veinte se llegó a la transmisión y recepción automática de los telegramas. 

Uruguay y el resto del mundo
“The Western Telegraph Co.”

Faltaba conectar al Uruguay con el resto del mundo.

            ¿Cómo se desarrollaban las comunicaciones en ese momento en el resto del mundo? Se funda en Inglaterra en 1873 “The Brazilian  Submarine Telegraph Co. con el propósito de unir el continente europeo con Brasil y se inaugura en 1874 el servicio entre Carcavelos (Portugal) y Recife en el estado de Pernambuco. En esta empresa figuraba como principal promotor el Barón de Mauá. El cable tocaba además Madeira e Islas de Cabo Verde.

La operación en Carcavelos ya formaba parte del grupo británico “The Eastern and Associated Telegraph Companies”, por lo que se aseguraba desde ahí conexión con las mayores ciudades del mundo.

La red británica privada era la más importante de la época., con más de 120.000 millas  náuticas de cables submarinos en operación.

            También debe tenerse en cuenta que se estimaba para esa época que la inversión Británica en el Río de la Plata era de aproximadamente 25 millones de libras esterlinas, por lo que se daba por descontado un tráfico importante para atender las necesidades del comercio regional.   Se formó en 1873 “The Western and Brazilian Telegraph Co.” para tender cables submarinos entre todas las ciudades importantes de la costa brasileña.

Se esperaba tender a continuación un cable entre la ciudad de Río Grande y Montevideo (pasando por Chuy y Maldonado).

            Desgraciadamente en el intento se perdió en 1873 el cablero “Gomos, que encalló cerca de Río Grande, perdiéndose todo el cable a bordo. En  noviembre de 1874 el cable de reemplazo fue embarcado en el cablero “La Plata” el que a su vez naufragó en la bahía de Vizcaya, perdiéndose la totalidad de la tripulación (55 hombres) y todo el cable.    Se recurrió temporalmente a la red aérea del  “Telégrafo Oriental” de capitales uruguayos, que saliendo de Montevideo llegaba a Yaguarón y de ahí a Pelotas y Río Grande donde se recibían los mensajes para ser entregados a la Western and  Brazilian. Este sistema funcionó por primera vez el 4 de agosto de 1874. Existía sin embargo un cable entre Chuy y Montevideo tendido por el cablero Mazzepa, operado por la Montevidean and Brazilian Telegraph Co., compañía que fue luego comprada por la Western and Brazilian Telgraph co.

Por fin en 1875 se inauguró el servicio entre Uruguay y Europa, por cable, al tenderse el cable entre Rio Grande y Montevideo, con escala en el Chuy, por el cablero Ambassador. En realidad el sistema comprendía cables que desde Río de Janeiro tocaban Santos, Florianópolis, Río Grande.

            El esquema de compañías era el siguiente:

            The River Plate Telegraph Co. – Western and Brazilian Teleg. Co. -  Brazilian Telegraph Co. – Eastern Telegraph Co.

            El primer telegrama enviado por este sistema fue para denunciar la presencia a bordo del buque “Camoens” del asaltante a la empresa de transportes “La Salteña” que huía con 17.000 patacones, fruto del asalto. Fue detenido en Río de Janeiro.

            Era el último eslabón.

            La demora de  más cuarenta días en la correspondencia desde o hacia Europa, se redujo de golpe a horas.

El Uruguay estaba conectado con Brasil y Argentina y con el resto del mundo a través de Inglaterra.

Se debe mencionar que la historia de las compañías de comunicaciones, hasta nuestros días, muestra un intrincado esquema de fusiones y adquisiciones cuyo historial iría más allá de estas notas. Cabe mencionar pare ilustrar este punto que en el año 1867 el Ing. español Arturo Marcartú obtuvo una concesión de los gobiernos respectivos para tender un cable entre   Montevideo y Río de Janeiro. Nada pasó con esta concesión hasta que en Abril de 1872 el Ing. Marcoartú se unió con el Sr. James Reid, de Londres, para formar la Montevidean and Brazilian Telegraph Co.  Tres meses más tarde el Sr. Andrés Lamas obtuvo una concesión para formar la Companhía  Telegráfica Platino Brasileira (con capitales sud-americanos)  concesión que en septiembre de ese mismo año fue transferida a The London Platino Brazilian Telegraph Co. la que más tarde fue absorbida por la Eastern Telegraph Co. núcleo inicial de la empresa Cable and Wíreless en existencia hasta el día de hoy.  

            Volviendo a la Brazilian y la  Western and Brazilian, ambas compañías operaron en forma conjunta hasta el año 1899, cuando se fusionaron bajo el nombre de “The Western Telegraph Co.”. Ésta y la River Plate Telegraph Co. compartieron las mismas instalaciones en la calle Cerrito y Misiones.  The River Plate Telegraph Co. fue luego fusionada a The Western Telegraph, la que formaba parte del grupo arriba mencionado.  

            La estación de Montevideo era muy importante, porque manejaba todo el tráfico de la Western entre Argentina (y buena parte del de Chile) y el resto del mundo, por consiguiente y antes del advenimiento de la retransmisión automática requirió de los servicios de mucho personal, el que en buena parte era extranjero.   

Baste indicar que la compañía tenía para su personal europeo en Montevideo, una mansión que incluía 5 canchas de tenis sobre un terreno de casi diez mil metros cuadrados, deslindado por las calles 26 de Marzo, Benito Lamas, Berro y Luís Cavia.

            Fue famosa la vidriera de la “Hora Mundial” de la Western, como aquí se la llamaba,  con varios relojes sincronizados mostrando la hora en diferentes capitales del mundo.

            El concepto de telegrama hoy nos resulta completamente anticuado;  para enviar un mensaje se debía ir a la oficina correspondiente y escribirlo en un formulario, donde un empleado contaba las palabras y  efectuaba el cobro.

            Más adelante, para quienes eran clientes con cuenta, se podía solicitar un mensajero para retirar el texto, y luego se pudo transmitirlo a la oficina por teléfono.

            De todos modos el adelanto era tan grande para la época que recientemente alguien llamó a la red telegráfica; “La internet de la era Victoriana”. 

            La competencia a nivel de comunicaciones intercontinentales desde Montevideo,  recién llegó a principios del siglo XX con la instalación de otras compañías cablegráficas y el advenimiento de la radiotelegrafía

            En la “Western” el código Morse (modificado para telegrafía submarina) fue abandonado en los primeros años de la década del 70, usándose el de cinco unidades (como el del servicio Telex). Por último los cables submarinos fueron abandonados y se estableció un enlace satelital directo con Londres.

            The Western Telegraph Co. en Montevideo, cerró sus puertas en diciembre de 1980 y fue la última en operar con ese nombre en todo el mundo.

            Cesó entonces la presencia británica en telecomunicaciones en Uruguay luego de 114 años de servicio ininterrumpido.

            Queda algo de ella sin embargo: el reloj de doble faz con números romanos que se ve en el frente del Hospital Británico, estuvo en la fachada de The Western Telegraph Co. desde 1917 hasta su cierre.

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