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Año III - Nº 141 - Uruguay, 29 de julio del 2005

 
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La noche invita a emprender la vuelta
por Fernando Manzoni

"La noche invita a emprender la vuelta
y otra voltereta vuelve a empezar
nos va envolviendo, una vez más
todo es comienzo, nada es final "

Los uruguayos estamos por todo el mundo, desde Argentina a Sidney, pasando por Milán, Paris, La Paz o Caracas, donde sea que uno esté, encontrará siempre un uruguayo.

Nos fuimos por distintas razones, economicas, politicas, sociales....están los que se fueron, los que "los fueron", los que nos fuimos, la dictadura obligó a muchisimos a dejar el pais, la democracia no fué de menos, y qui estamos, repartidos por el mundo, con nuestro corazoncito celeste, buscando en internet otros compatriotas, escuchando en la radio los partidos de la selección, festejando el triunfo en las elecciones o llorando por la muerte de un amigo de infancia.

Nos juntamos cada vez que podemos, con cualquier escusa: porqué canta Jorge Drexler o porqué tenemos ganas de comer un asado, o porqué es el cumpleaños de Luis el más viejo del grupo, no importan los motivos, lo importante es estar juntos y si lo hacemos alrededor de una parrilla, saboreando un rico asado y comiendo unos alfajores como postre.

"Cruzando barrios se va bailando,
vuelta y otra vuelta, ya volverá
como jugando, suelta un cantar,
es Contrafarsa, voz de ciudad..."

Sobremesa, es el momento más emocionante de los encuentros de los uruguayos por el mundo, mientras los niños corren atrás de una pelota y las niñas cantan y saltan por allí, los uruguayos nos sentamos a conversar, a conocernos, "vos de que barrio sos ?", "a que liceo fuiste ?", "donde trabajabas ?", y entre vino y vino, la nostalgia empieza a invadir cada una de nuestras células, los recuerdos salen a borbotones y hablamos, contamos nuestras vidas, nuestros fracasos, nuestros deseos e ilusiones.

Otra vez los uruguayos buscando algo que los identifique, un punto en común que no puede ser ni Peñarol, ni Nacional, ni Batlle ni Vazquez, algo que esté por encima de todo, y asi los temas de la sobremesa van desfilando, saliendo uno a uno, hasta llegar, inesorablemente a los argumentos nos meten a todos más o menos de acuerdo: el carnaval, el mar y la ciudad donde nacimos o fuimos a vivir alguna vez: MONTEVIDEO.

"Despierta la Ciudad Vieja cuando el marrón de sus olas rompe
las callecitas desiertas van madrugando un domingo más
temprano abren la escollera, los pescadores
y abuelas de escoba y balde, charlando están"

Quien no trabajó en la Ciudad Vieja, con sus calles estrechas y veredas gastadas, donde los ómnibus pasan tan cerca que el calor de las ruedas penetra en nosotros. Caminando por 25 de mayo recorremos parte de nuestra historia, fue por allí que pasaron los soldados artiguistas y fue tambien por esa calle que nuestros antepasados entraron a la ciudad que los acojió a inicios del 900.

Recuerdos de una ciudad en la ciudad, con locales y negocios que ya no están, Barreiro y Ramos en la esquina de 25 y Juan Carlos Gómes, los locales de prostitutas plagados de marineros polacos con olor a transpiración con las botellas de cerveza en la mano, los conventillos medio derrumbados llenos de gurises que con sus caritas sucias y sus zapatos gastados, se apuraban a entrar en aquellas escaleras desde donde emanaban olores nauseabundos.

Ciudad Vieja, brisa del mar con olor a pescado que anuncíaba la llegada inminente de un temporal, la gente corriendo a las seis y media de la tarde para agarrar el ómnibus vacío en las tórridas tardecitas de verano o en las terribles y oscuras tardes de invierno.

Los quioscos que vendían de todo, desde jugos de naranja chilenos hasta el Mundocolor con los titulares a nueve columnas que todos nos parabamos a leer con interés, el Banco República con su imponente edificio, rodeado de las sucursales de los bancos de medio mundo, la plaza Matriz con el Cabildo que nos refrescaban con sus plátanos mientras esperabamos que se hiciera la hora de volver a la oficina.

"Un soplo que cruza el puerto va alborotando blancas gaviotas
botijas de mil colores el arco inflado quieren dejar
un tren sale de central, tiembla la vía
y el Cerro ve a la bahía, deseando el mar.."

Aduana, todos los ómnibus de la ciudad terminaban allí, un lugar mistico donde la pobreza y la vida de puerto se mezclan casi sin darse cuenta, a pocas cuadras la calle Colón donde los "judios" vendían aspirinas y preservativos, linternas y pantalones, el Correo Central punto neuralgico de la vida montevideana, allí llegaban los libros para las librerias, desde allí salían las postales hacia todas partes del mundo.

Casí al final, metida en el río grande como el mar, está la escollera, pescadores improvisados que despues de horas de trabajo sacando la caña de pescar de un bolso, tiraban el anzuelo al río buscando pescar algo solo para divertirse, pescadores profesionales que con su "reel" querían alcanzar el otro lado del mar para poder llevarse a casa el trofeo del día, pescadores obligados que con sus aparejos hechos de hilos de mil colores y plomadas de las mil formas, cruzaban los dedos para pescar una roncadera que les llenara la panza.

Ciudad Vieja, unica en el mundo por su variedad, en ella transitan los ricos banqueros con sus limosinas y los pobres pescadores con sus carros, en ella viven los intelectuales que se inspiran mirando la bahia desde su quinto piso y las niñas que se volvieron mujeres ejerciendo casi sin saberlo la prostitución, una postal montevidana variopinta y en blanco y negro al mismo tiempo, asi es nuestra Ciudad Vieja.

La letra de la retirada de Contrafarsa 1991 fue tomada de "Volviendo a casa en madrugada. Poesía murguera en once retiradas", Alvaro García, Ediciones Trilce, Montevideo - Uruguay, febrero de 2000)