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Año III - Nº 141 - Uruguay, 29 de julio del 2005

 
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Neurología
El Lugar Donde el Cerebro
Aprende a Tomar Decisiones

Se ha localizado un circuito en el cerebro que es responsable de codificar el comportamiento de la toma de decisiones, un circuito que, si es dañado, parece impedir a una persona cambiar su comportamiento cuando lo hacen las circunstancias.

El descubrimiento, realizado por investigadores de la Johns Hopkins University, promete mejorar la comprensión de por qué algunas personas con daños cerebrales tienen problemas de aprendizaje, un conocimiento que puede acabar llevando al desarrollo de tratamientos más efectivos para los individuos que han sufrido traumas y otros daños en el cerebro.

Existe una brecha entre el tratamiento neurológico actual, el cual está típicamente enfocado a tratar los síntomas, y la investigación neurocientífica, la cual está dilucidando cómo trabaja el cerebro. Este nuevo estudio intenta salvar esa brecha presentando un mecanismo de cómo opera el cerebro bajo condiciones normales y con daños.

El circuito en cuestión está localizado en la región del cerebro llamada córtex frontal orbital ubicada justo detrás de los ojos. Esta región codifica la información visual y los impulsos que las personas y los animales usan cuando toman decisiones sobre el comportamiento o durante el proceso de aprendizaje.

Las personas con lesiones en esta parte del cerebro -por ataques de apoplejía u otras lesiones- parecen aprender de una manera normal, pero luego son incapaces de adaptar su comportamiento cuando surgen nuevas situaciones.

Los investigadores usaron ratas de laboratorio para indagar cómo el córtex frontal orbital podría codificar información sobre la toma de decisiones, así como también examinar cómo se ven afectadas otras partes del cerebro cuando es dañada dicha zona.

El córtex frontal orbital de la mitad de las ratas estaba dañado en uno de los lados de sus cerebros. A las ratas -tanto aquellas con córtex frontal orbital dañado como las que lo tenían ileso- se les proporcionó una tarea: tenían que aprender qué olor las guiaría hasta una recompensa azucarada y cuál llevaba a un resultado amargo y desagradable (una comida excesivamente salada).

La tarea era similar a lo que un ser humano experimentaría si estuviera comprando refrescos en una máquina de un país extranjero. Presionar un botón daría como resultado un refresco salado de sabor raro, mientras que presionar el otro suministraría un agradable refresco dulce. Después de unas cuantas pruebas y errores, la persona probablemente aprendería a presionar el botón que le proporcionara el refresco dulce.

El equipo de investigadores estaba buscando si las neuronas disparaban más a menudo en presencia de un olor o del otro, siendo el "disparo" una señal de que el roedor estaba pensando sobre uno u otro resultado.

En los animales con lesiones, la actividad de disparo se desarrolló con mayor lentitud que en los animales normales, sugiriendo que el córtex frontal orbital es crítico al ayudar a los animales a formar asociaciones rápidamente.

Después, los investigadores pusieron a prueba la habilidad de las ratas para adaptarse y aprender, invirtiendo las pistas, de manera que el olor que anteriormente las llevaba a una golosina dulce ahora resultaba llevar a un bocado amargo, y viceversa.

Encontraron que las respuestas neurales de las ratas con córtex frontal orbital dañado permanecían "trabadas", esto es, que las ratas con los cerebros dañados eran incapaces de ajustarse al intercambio de pistas.