Año III - Nº 150 - Uruguay, 30 de setiembre del 2005

 
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Sigamos insistiendo con
el Síndrome Tanner&

* Fernando Pintos

 

Los simpáticos Tanner eran -¿existirá alguien que no lo sepa?- una típica familia americana de clase media que vio interrumpida su ordinaria y tranquila existencia por el espectacular aterrizaje de un alienígena en su garaje. Alf, que así se llama el espécimen, se instaló en aquella casa y de la noche a la mañana transformó aquellas pacíficas existencias en una alocada sucesión de disparates: se pasa el día comiendo como un desbocado, rompía todo aquello que se ponía a su alcance e involucraba a sus inocentes anfitriones en unas aventuras a todas luces descabelladas, en unos gastos desmesurados y en toda clase de despropósitos.

En América Latina, de la cual Guatemala es una acabada muestra, se está recibiendo, cada vez con mayor frecuencia que aquélla debida y deseada, toda una pintoresca legión de alienígenas y alienados, verdaderos ciudadanos espirituales de la estratósfera. Y ellos tienen a bien decir, cada día que pasa y que el sol alumbra sobre esta tierra torturada e irredenta, qué es lo que se debe hacer (o dejar de hacer), cómo hacerlo& Y cuándo y dónde y por qué y para qué y con quién o con quiénes estamos, los latinoamericanos, obligados a hacerlo o realizarlo& aunque aquí tal vez quepa mejor el verbo perpetrar.

Lo único que faltaría, a estas alturas -si bien de seguro no habrá de pasar mucho sin que algún voluntarioso E.T. o Predator corrija el olvido-, es que ahora nos den instrucciones precisas y detalladas acerca de cuándo y sobre todo cómo ir al baño& Y también -obvio-, de cuántas veces al día, de qué hacer en cada una de aquellas privadas circunstancias& Y hasta sobre las cantidades específicas de cada& digámosle producción (un término capaz de enternecer a nuestros indeclinables neoliberales del siglo XXI).

A tales extremos ha llegado este pintoresco espectáculo, que uno se siente con toda razón un poco confundido. Pongamos por ejemplo mi caso. Durante toda mi vida he pensando que, más allá de errores, fracasos y defectos, América Latina era un subcontinente repartido en naciones endebles, caóticas, confusas, depredadas, engañadas, burladas, traicionadas& Pero, a fin de cuentas, también independientes y soberanas, aunque todo ello lo fuera a su propia manera, o sea, al estilo latinoamericano, que es una forma muy sui generis de hacer las cosas. Siguiendo con la ilación de mi razonamiento, cabría concluir en que tanto el devenir político como los específicos destinos de nuestros países estaban -o deberían estarlo- en manos de sus ciudadanos (naturales o políticos), pues los tales no sólo pagan los impuestos que alimentan a sus respectivos Estados soberanos, sino también los platos rotos de cualquier acto fallido que haga zozobrar la estabilidad económica, social o política de sus (nuestros) respectivos países& Ahora, en cambio, no se sabe si los nuestros son dominios, estados asociados (¿a quién?), colonias, tierras de nadie o, de repente, algún folclórico rincón perdido en los patios traseros de la Dimensión desconocida&
Bueno, o que, con suerte, tal vez sean una versión corregida y aumentada de la divertida casa de la familia Tanner.

Alienígena, término acuñado por los autores de ciencia-ficción, deriva de la palabra inglesa Alien. Y ésta proviene, a su vez, del latín alienus, término que significa otro y perteneciente a otros (esto último, en los términos específicos de la fantaciencia, derivaría en "perteneciente a otros mundos"). La expresión latina aliena mente, por ejemplo, significa mente hostil. En cuanto a la tan frecuente palabra alienado, sirve para indicar no sólo a los locos, sino también a los extraños, los irregulares, los elementos de desorden y los portadores de tendencias no aprobadas socialmente y rechazadas o censuradas por la gran mayoría de la sociedad. ¡Todo un ejemplo de armonía entre Etimología y cruda realidad sociopolítica!
Por mi parte agregaré que ni alienígenas ni alienados, a pesar de vivir en una abundancia y jolgorio verdaderamente notables, se dignan aportar siquiera un centavo gratis a nuestra América Latina. Pocas décadas atrás y titulando su libro más famoso, Eduardo Galeano expresaba que las venas de América Latina estaban "abiertas"& Estamos de acuerdo, y cabe pensar que, para estas alturas y gracias a los brillantes aportes del neoliberalismo en los últimos tres lustros, apenas quedarán ya, si es que tenemos mucha suerte, unas pocas gotas de sangre. Este es el momento en que los vampiros del Primer Mundo posmoderno estarán ya luchando por quitarnos lo que resta, que imagino no será otra cosa que el tuétano de los huesos. Una vez que hasta el tuétano se hayan devorado puede que se marchen, relamiéndose los hocicos y dejando a todos los ciudadanos de América Latina, de Uruguay, de Guatemala, de Argentina -ciudadanos, que es como decir la infantería de la democracia- a solas con ese gigantesco tsunami político, social y económico que día tras día, se esmeran tanto en desencadenar. Nosotros, entretanto, sigamos cultivando el Síndrome Tanner con una paciencia y una dedicación que, perdonen que les diga, son dignas de mucho mejores causas.