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Año V - Nº 261
Uruguay,  30 de noviembre del 2007
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Alberto Volonté Berro

El Mercosur es la estructura, no la coyuntura

por Dr. Alberto Volonté Berro
 
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            El próximo 10 de diciembre asumirá la Dra. Cristina Fernández de Kirchner la presidencia de la nación argentina. El presidente uruguayo, Dr. Tabaré Vázquez, ha sido invitado a la asunción de la primera mujer que por voto popular dirigirá los destinos del pueblo hermano.

            Hay quienes han querido ver en la invitación una distinción al Uruguay e inclusive una señal diplomática destinada a reencauzar una relación que pasa por sus peores momentos.

            Creo, por el contrario, que la invitación es un acto de rutina diplomática que no implica ninguna distinción y mucho menos una señal.

            La concurrencia del Dr. Tabaré Vázquez a tal acontecimiento es ineludible. Un presidente uruguayo ha estado siempre en las tomas de posesión de los presidentes argentinos, cualquiera fuera la situación política, en la medida que fuera invitado. Nunca se rechazó una invitación, lo que no sólo sería una descortesía ante el mundo, sino que rompería una tradición histórica, subordinándola a los avatares de un conflicto pasajero que, tarde o temprano, hallará su solución.

            Debemos atender señales más significativas. La política energética de ambos países, coincide en una complementación permanente de sus sistemas eléctricos. Y ahora emprenden obras comunes, como una gran planta regasificadora, que podrá entrar en funcionamiento dentro de cinco años. Ella implica cuantiosas inversiones -tanto o más importantes que la de Botnia- y supone una señal de que las relaciones no se han interrumpido y que continúan sólidas y estables.

            Es cierto, Uruguay en materia energética ha tenido desde siempre con Argentina una política de Estado y una relación admirable. Cuando se instaló la represa de Salto Grande sobre el Río Uruguay, el río que hoy crea conflictos, se aprovechó como fuente de recursos. Se produjo una ejemplar vinculación para utilizar su riqueza hidráulica en forma conjunta. Corrió por cuenta de Argentina la construcción y el financiamiento y Uruguay pagó su parte con energía. Hoy, de acuerdo a los momentos y a la influencia de las lluvias, Uruguay se convierte, en muchos períodos, en país exportador de energía eléctrica a Argentina, a la vez que aquella nación nos ha tendido la mano proveyéndonos energía eléctrica en cada oportunidad que la necesitamos, aún en los momentos más serios del conflicto en torno a la planta de Botnia.

            Sumemos a ello la posibilidad del aprovechamiento del gas, mediante la importación de gas licuado de tierras lejanas, para regasificarlo en el Uruguay y abastecer a Buenos Aires, lo que contribuirá a que Uruguay incorpore a su matriz energética el gas natural.
Por otro lado, siguiendo la política de Brasil, Uruguay ampliará cada vez más las áreas de siembra para obtener biocombustibles, tan importantes para el desarrollo agrícola y para el abastecimiento de energía a nuestras industrias y para demostrar, haciendo oídos sordos a falsas críticas, que desde la tierra se puede obtener energéticos alternativos limpios, sustentables y aprovechables sin mengua de la producción de alimentos, rubro en el que Uruguay seguirá siendo líder a pesar de su tamaño relativamente pequeño.

            Estas referencias a situaciones estables, como las invitaciones de estilo a los actos de posesión presidencial, como las políticas energéticas pragmáticas que no se detienen en los desencuentros diplomáticos o en los buenos o malos humores de los presidentes de turno, demuestran que hay cosas mucho mas importantes que pequeños o grandes desencuentros, que están en la coyuntura pero que no van al fondo del asunto, vale decir a la estructura.

            El Mercosur es la estructura de nuestra relación internacional. No la coyuntura. El hecho de que el Uruguay esté viviendo una compleja relación con Argentina, la convicción que tenemos de que el conflicto es multilateral y no bilateral por más que Argentina y Brasil no lo quieran reconocer, no debe llevarnos a echarle la culpa al Mercosur que es algo mucho más importante para el Uruguay que la propia coyuntura generada por el conflicto con Argentina por la instalación de la planta de celulosa.

            Uruguay ha hecho muy bien las cosas. Ha cumplido con el Tratado del Río Uruguay, ha negociado inteligentemente todo el proceso, en especial entre los años 2002 y 2004, consecuencia de lo cual el presidente Kirchner en su Mensaje a la Nación en marzo de 2005, dio por cerrado todo conflicto entre ambas naciones, si es que lo había habido, en torno a las plantas de celulosa.

            El conflicto comenzó en mayo del año 2005 y desde entonces hubo desaciertos de ambas partes, pero de ninguna manera se debe interrumpir el avance en las relaciones del Mercosur.

            Hoy escuchamos voces de crítica hacia el Mercosur. Vemos como cada vez se ataca más frecuentemente el giro que dieron los países miembros, pasando de un entendimiento meramente comercial a un status político con sólidas instituciones que van desde los tribunales para la resolución de controversias a la instalación de un Parlamento que va a dar, con el tiempo, solución a problemas comerciales que sólo se arreglan desde lo político y no a la inversa.

            Quisiera enfatizar en que el Mercosur debe seguir siendo el centro de la política internacional uruguaya. Que el Mercosur, después del interés nacional que es nuestra primera prioridad, es la segunda, por ser estratégico para toda política internacional de un país pequeño: su relación con las naciones fronterizas y a través de ellas con países como Paraguay –integrante del bloque- Bolivia y Chile -socios pero no miembros plenos-.

            El Mercosur es nuestra fuerza y no debilidad. Si el Mercosur no ha sabido integrar, dentro de su programa de soluciones, la salida al conflicto entre Argentina y Uruguay, tendremos que crear los canales necesarios para seguir reclamándole que atienda las dificultades que vive el Uruguay por responsabilidad de uno de los socios mayores. Mas temprano que tarde, estamos seguros que el Mercosur va a comprender que el conflicto no es binacional sino regional, para lo cual Uruguay tendrá que agotar todas las vías diplomáticas.

            Que sepamos, desde agosto de 2006 en Buenos Aires, el Uruguay no ha vuelto a reclamar dentro del Mercosur la declaración de conflicto regional para darle la dimensión que corresponde. Y de haberlo hecho, a la vista está que no se hizo con acierto.

            Finalmente, es bueno que reflexionemos que no es Uruguay víctima de una conjura argentino-brasileña que procura impedir inversiones en nuestro territorio. Las inversiones se las gana cada país con sus políticas, creando condiciones y generando atractivos para el inversionista. Con o sin Mercosur, no existen países cercanos, lejanos, asiáticos o europeos que faciliten inversiones a un tercero o que alienten a invertir en otro país en lugar del propio. Nadie regala nada. Pero nada habilita a hablar de conjuras contra nuestro país.
Hoy Brasil, con las inversiones que está haciendo en el sector privado uruguayo, está demostrando, no sólo que invierte, sino que va a crear condiciones para que haya inversiones internacionales en nuestro país, porque los propios inversores brasileros las necesitan.

            Y en cuanto a Argentina, las inversiones en nuestro sector agropecuario continúan a despecho del conflicto entre los gobiernos. Los sectores privados argentinos y brasileños van a determinar que la radicación de la inversión de terceros países sea cada vez mayor y permanente. Lo que tenemos que lograr es que haya una política de inversiones general para la región. Para eso, debemos insistir en el documento presentado por Uruguay en Asunción, en mayo de este año, en el cual se elaboran condiciones para una política de inversiones para toda la región, donde cada país se beneficie de las mismas, sin los egoísmos naturales que se crean cuando hay que defender el interés nacional.

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