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Año V - Nº 261
Uruguay,  30 de noviembre del 2007
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Alberto Scavarelli

Ecos de una intromisión

por Dr. Alberto Scavarelli (*)
 
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            Si como es justo y corresponde, cada gobierno se ocupara de sus cosas y sus deberes, y juntos, con seriedad encararan las cosas que deben resolver en común porque nos son comunes, seria mas frecuente construir encuentros y seguramente se evitarían muchos de los crecientes desencuentros que nos agobian. Habría menos increíbles reclamos fundados en supuestas ingratitudes. Esas que fueran generadas en ilícitos apoyos intromisivos en nuestros asuntos políticos internos más sensibles. Hoy parece ser que aquellos decisivos apoyos del gobierno argentino, se basaron más que en afinidades seudo-ideológicas como se dijo, en profundos intereses de otro tipo.

            Si como es de esperarse, cada gobierno  tuviera una línea de conducta sólida y respetuosa de sus acciones de relacionamiento internacional como fundamento de generación de confianza, todo sería más fácil.

            Pero el tiempo que nos toca vivir en la región, dista mucho de ser lógico y razonable, por no decir que estamos en medio de un pantano lleno de tensiones y antagonismos, que impide la acción de cualquier rescatista de buena voluntad, venga de donde venga, a pesar de la bonanza sin precedentes de nuestras economías por razones absolutamente extrañas a las políticas nacionales.

            Y es doblemente lamentable porque este escenario de conflictos y desarmonías se produce cuando a las economías nacionales les va muy bien, ya sean gobiernos neo-liberales o dirigistas absolutos y a pesar de ellos, desaprovechando la oportunidad de desarrollo que generan como nunca  los precios de nuestros productos exportables que están felizmente a un nivel sin precedentes, aun mas allá de la caída del dólar que también genera  oportunidades de equipamiento para desarrollar nuestras capacidades productivas.

            Esta irrazonabilidad ha quedado de manifiesto desde hace un tiempo, ante inadmisibles intromisiones en los asuntos políticos internos, del tipo de las que debimos padecer los uruguayos en tiempo de elecciones, cuando el gobierno argentino y algunos provinciales, descaradamente pusieron su peso y sus recursos para apoyar la elección del actual partido de gobierno uruguayo, sin cuyo apoyo no habría ganado en primera ronda electoral. Su participación es sabido que evitó un balotaje, y generó la actual mayoría absoluta para gobernar en monopolio, con severas y sesgadas consecuencias, que desde ya no viven, aquellos kirchnermente facilitados votantes golondrina, que invariablemente siguen siendo no residentes.

            Vinieron y se fueron, instalando una mayoría de gobierno que a ellos no les gobierna porque no hubo ninguna corriente de retorno de esos compatriotas radicados en Argentina, como no generó la esperanza suficiente para por lo menos enlentecer la salida de los 20.000 uruguayos que solo en este año ya han emigrado en un país en el que nacen unos cincuenta mil uruguayos cada año.

            No solo vino entonces el actual presidente argentino a hacer proselitismo en plena campaña electoral uruguaya a favor de un candidato y en contra de otros, sino que a costo de su gobierno   habilitó feriados y facilitó medios efectivos para que residentes uruguayos en Argentina vinieran a votar en Uruguay, en la convicción que lo harían mayoritariamente por sus candidatos frenteamplistas. Ahora desilusionado con quienes ayer hizo desembozada campaña proselitista aquí y allá, les reprocha con expresa amargura su supuesta ingratitud en el tema de la planta de celulosa.

            Pero el hoy ofendido presidente argentino, por sentirse traicionado, no solo entonces como el mismo fundamenta su reproche, hizo campaña y viabilizó muchos votos a favor del actual gobierno, sino que también jaqueó al gobierno de entonces en cada oportunidad que tuvo, por ejemplo vetando o poniendo peajes imposibles al paso por sus redes de la energía eléctrica esforzadamente comprada por Uruguay a Brasil en plena crisis, para no hablar de la aftosa de la que omitió informar hasta que fue muy tarde, haciéndonos con su cuidadoso ocultamiento, un daño de dimensiones catastróficas, por no entrar en el repaso del modo de encarar las consecuencias de la   provocada crisis financiera del 2002, para no ahondar en mas detalles.

            En ese entonces, aunque parece se ha olvidado, aquí los principales dirigentes del actual partido de gobierno pedían a voz en cuello la cesación internacional de pagos, como lo había hecho el gobierno argentino, esos mismos pagos de la misma deuda externa que hoy se paga por adelantado, no hablando mas de la entonces mentada deuda social interna, o el exhibido slogan de "no pagar con la miseria del pueblo a su entonces odiado FMI, Banco Mundial o el BID".

            No se conforma el que no quiere. Por lo menos ahora el presidente argentino -en medio de su enojo, que llegó a su clímax en la achatada cumbre   de Santiago- ha dicho que no habrá de intervenir más a favor del  Frente Amplio, como indebidamente lo hizo en la pasada elección, cuando violó flagrantemente la soberanía política uruguaya. Aquellas conductas alegremente toleradas de ayer, son la simiente de las intromisiones en nuestros asuntos o el sostenimiento del bloqueo que hoy padecemos

            El presidente argentino estaba convencido que los dichos de entonces del actual presidente de Uruguay cuando era oposición y estaba en contra de las pasteras, no habrían de cambiar al ser gobierno como luego con más información responsablemente sucedió. No tuvo en cuenta que no había margen para interrumpir una continua política de estado, diseñada e impulsada desde el año 1985. Lo que no se quiere admitir, es que no es posible   reprochar que se hubiere cambiado de postura, salvo q    ue creyera que ese era el precio de su intromisión. No se entiende, que no es lícito exigir que "se venda el rico patrimonio de los orientales, al bajo precio del apoyo para asegurar una victoria electoral". Será por eso que no siempre el que gana realmente triunfa, ni todo triunfo puede ser considerado una victoria.

            Hace pocos días regresé de México. El comentario en el ámbito académico   en el que estaba, era la inexplicable situación que están viviendo los gobiernos de Argentina y Uruguay, dos países históricamente considerados de primer nivel en cuanto a la capacidad de su gente y a su reconocido prestigio internacional.   Fue difícil para el colega argentino y para mí, fuera del evento en que participábamos como ponentes, dar una cuasi explicación medianamente razonable a esta absurda situación en la que estamos inmersos. Cuando se trata la situación con un tercero que no conoce los detalles, queda aun más en evidencia la inconsistencia del problema que vivimos y la absurda magnitud de la maraña que parece construida por acción o por omisión, para quedar encerrados en ella.

            Cuan afectado está en la consideración internacional, el hipotecado prestigio nacional, con   este manejo de una situación que ambos gobiernos tienen el deber de resolver y de bajarle el perfil rápidamente. Es tiempo de  preparar el cumplimiento pleno del futuro resultado de la Haya bajo un simple axioma: Si la planta contamina, se suspenden las operaciones de inmediato, hasta que se resuelva el punto; si no contamina, el tema debe terminar bajo la garantía de un control que debiera ser técnico, continuo, compartido y objetivo, mientras ambos países de una buena vez,   promueven la aprobación de un reglamento modelo ante la OEA, que fije los estándares a aplicar en la materia, en todo el hemisferio americano.


(*) Representante Nacional - Partido Colorado.- Uruguay www.scavarelli.com

 
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