Miembro de apdu
   
Año V - Nº 262
Uruguay,  30 de noviembre del 2007
separador Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

Buscar en el WWW Buscar en Informe Uruguay

ha

historia paralela

2012

legra

humor político

apdu

 
Luis Tappa

De mis recuerdos

por Luis Tappa
 
separador
 
mail
mail Contactos
notas
Otros artículos de este autor
pirnt Imprimir Artículo
 
 

            Comenzaba a caer la tarde, la espesa capa de nubes y la intensa lluvia hacían que la oscuridad se fuera acentuando rápidamente a medida que transcurrían las horas.

            Con mi amigo, Carlitos Ordeig, bajo el alero de la casa, que era el casco de la estancia, mirábamos con cierto nerviosismo como el arroyo Mauricio crecía y crecía.

            Corría el año 1959, el de las famosas inundaciones, hacía varios días que llovía sin cesar, y nosotros, sin nada que hacer, pasábamos las horas entre mate y truco mano a mano, como para ir matando el tiempo.

            Los caballos en el potrero, y el apero en el galpón.

            Pensar salir de allí en auto era imposible, pero había que tomar una decisión porque corríamos el riesgo de quedar aislados.

            Finalmente nos decidimos y arranqué caminando hacia el potrero en busca de los caballos, elegí los dos más de andar, que por lo general eran los que montábamos a diario y los más confiables, los traje para el galpón y ensillamos.

            Luego, bien protegidos con botas, bombachas, campera de cuero,  sombrero y poncho, pero sin olvidar una botella de caña, pal’ camino, montamos y nos dispusimos a recorrer las 3 leguas que nos separaban de Libertad, un pueblo del departamento de San José.

            Luego de cerrar todo arrancamos, ya se había hecho la noche, el único problema que teníamos por delante era la cruzada del Mauricio, pero no nos quedaba otra que arriesgar, la mano venía brava.

            Al llegar al puentecito, que no era otra cosa que un paso de adoquines, nos metimos calculando a ojo la entrada del mismo, Carlitos iba adelante y comenzó a cruzar, lo hizo con alguna dificultad, pero sin mayores problemas. Yo, que venía unos metros más atrás intento hacer lo mismo, la correntada era fuerte pero con cuidado se podía cruzar… entonces sucede lo imprevisto, en el medio del cruce se me desprende el botón que sujeta una de las riendas al freno, me quedé con las dos en la mano, pero una suelta, estábamos cruzando con el agua a media montura, los estribos y los pies en el agua.

            La rienda que continuaba en su lugar la deje bien floja para intentar que el caballo no la sintiera y de ese modo siguiera derecho, incluso traté de guiarlo por las crines y palmeándole el pescuezo, pero fue inútil, perdió pié al salirse de la calzada de adoquines, y yo con él, me prendí como pude de lo primero que pude echar mano, el recado.

            Situación comprometida, si las había, entre el ruido del agua y los truenos alcanzaba a oír los gritos de mi amigo, pero el animal, conmigo prendido como garrapata y costaleando entre el barro y el agua finalmente logró salir, le ajusté la rienda nuevamente, volví a montar y continuamos la marcha.

            A esa altura casi no nos veíamos con mi amigo, nos comunicábamos a los gritos; los caminos de entonces eran solo una huella por la que transitaban carros y caballos, entre patinazos y tragos de caña, pudimos seguir avanzando.

            Se nos hizo largo el camino, a cada rato los rayos y relámpagos iluminaban momentáneamente el terreno dándole una apariencia surrealista al entorno, y las figuras fantasmales de los árboles, fugazmente recortados por las luces del cielo, se nos hacía monstruos dispuestos a engullirnos. Por momentos el avance se tornaba penoso, nos salimos de la huella para ir lo mas cerca que podíamos de los alambrados, porque allí había pasto y los animales no patinaban tanto.

            Finalmente logramos llegar a Libertad.

            Fuimos derecho para el boliche de Montelongo, parada obligada de ida y vuelta, desensillamos y dejamos los animales en el cobertizo, pal’ retorno, allí los iban a cuidar bien.

            No podían creer que nos habíamos largado en esas condiciones y cruzamos el Mauricio crecido, normalmente es un pequeño arroyo, pero con tanta lluvia se había convertido en un río furioso ¡Pero ahí estábamos! mojados, medio alegrones, pero contentos.

            Luego de un rato, los cuentos y algunas cañas más, nos sacudimos el barro, nos higienizamos algo y nos subimos a una CITA, para terminar la peripecia en la Plaza de los Treinta y Tres, en la ciudad de San José de Mayo, tarde ya de la noche.

            Pequeñas historias de vida que han quedado para siempre grabadas en mi memoria, mi amigo Carlos, de mi misma edad, lamentablemente murió cuando tenía 33 años, demasiado joven y con toda una vida por delante.

            Muy poco me duró aquel amigo de “fierro”, aquel amigo de verdad, al que con el paso de los años aún llevo en la memoria y el corazón.

           
 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer. Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
Estadisticas Gratis