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Año III - Nº 162 - Uruguay, 30 de diciembre del 2005

 

El pueblo Saharauy nos extiende la mano
Uruguay le brinda la suya
por Graciela Vera
Periodista independiente
 

 

¿Cómo se calcula la extensión del tiempo?

Un año puede parecer apenas momentos; las horas se pueden hacer eternas y los días pueden dar lugar a cambios radicales de humor.

En cuarenta y ocho horas viví muy diferentes sentimientos. Primero fue orgullo, un enorme orgullo de ser uruguaya; después vino la bronca, no puedo ni quiero aceptar que un gobierno quiera decirle a mi país con quién puede o debe hablar.

Y por último el temor, asociado con la esperanza, pero temor al fin. Recelo de que mi país pueda dar marcha atrás en su decisión pero también la latente la confianza de que plante cara a los que se creen dueños de la libertad de los pueblos.

El martes la prensa me trajo la noticia de que Uruguay había reconocido a la República Árabe Saharaui Democrática como país con el cuál mantener relaciones diplomáticas.

Diez puntos para mi país. ¡Cuánto orgullo!

El miércoles sentí una mezcla de enfado e impotencia que me impulsan a escribir contando, diciendo, explicando, tomando la bandera por un pueblo que solamente quiere que le dejen decidir su propio destino.

La prensa informaba que Marruecos había denunciado como 'acto hostil' el reconocimiento que Uruguay había hecho del pueblo saharaui como nación libre y soberana.

Desde hace varios años he estado pensando en escribir sobre el pueblo saharaui. Sobre su vergonzosa ocupación, sobre el orgullo con el que viven su pobreza y su exilio y sobre los niños, que todos los veranos son acogidos por familias andaluzas dándoles un momentáneo respiro a las penurias de su vida en los campamentos.

Algo que inconcientemente fui posponiendo porque quería aprender más sobre ellos, buscar el momento cómodo para entrevistar a los integrantes de su colectividad, entender mejor su tragedia que por actual, por cercana a esta España donde vivo, por el afecto que por su gente los españoles me enseñaron a sentir, vivo como la de hermanos muy cercanos.

Posiblemente en el Cono Sur de nuestra América, el Sáhara Occidental sea visto como un territorio lejano, particularmente exótico donde nuestra imaginación viste su infortunio de sugestivas leyendas y ellos saben hacerla poesía.

En España hay un sentimiento de deuda y en el mundo el sinsabor de saber que algo no está bien.

La historia de los saharauis nos retrae en el tiempo a la época de las colonias europeas en África y nos catapulta a la era de las naves espaciales sin que nada parezca cambiar.

O quizás haya cambiado mucho en este presente que no queremos entender porque no podemos aceptar.

Desde Almería, en el sur del norte, diciembre 2005