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El eje del mal
Javier Garcia |
Quedan las sospechas: ¿existe un seguimiento de los servicios de inteligencia sobre la actividad de algunos periodistas?
La ministra de Salud Pública denunció la existencia de un grupo de periodistas que, según ella, se reúnen para conspirar semanalmente. Con precisión señaló que los jueves almuerzan juntos "para ver cómo trabajan contra el gobierno" y se autodenominan, según la Dra. Muñoz, "el eje del mal". Detalló el día de la reunión, qué hacen y su forma de identificación, y excluyó al periodista Emiliano Cotelo, que era quien la entrevistaba cuando efectuó la denuncia, lo que hace suponer que sabe exactamente, quiénes son los miembros de ese grupo. Sin embargo no mencionó los nombres de estos supuestos conspiradores.
La denuncia es de tal gravedad que nos parece insólito que no hubiera mayores repercusiones, teniendo en cuenta que la frontera entre "trabajar" contra el gobierno, un objetivo que no integra la función del periodista, y el manipular información, es nula.
El grado de detalles que mencionó, suponiendo que ninguno de los comensales sale de su almuerzo corriendo a contarle a la jerarca sus supuestas operaciones, nos interroga en primer lugar sobre la fuente de información que nutre su denuncia, ¿existe un seguimiento de inteligencia sobre la actividad de algunos periodistas? ¿Cómo obtiene la jerarca los detalles? Su afirmación habla de una instancia que se repite con frecuencia semanal y de ello se desprende un seguimiento metódico, de actividades privadas.
La denuncia es muy grave, por donde se la mire, entre otras cosas, porque al guardarse los nombres de los periodistas tira sobre todos ellos una sospecha, que llevada a su extremo puede suponer el desarrollo de actividades ilícitas. Nos llamó la atención que el gremio de los comunicadores no haya exigido las pruebas y los nombres sobre quienes recae esta denuncia, que afecta por su generalidad a todos los trabajadores de los medios. Si es verdad, la ministra debiera probar sus dichos, pero al mismo tiempo explicar cómo obtuvo la información, porque la forma de obtenerla también puede ser ilegal.
Si se mantiene la denuncia infundada, la cosa se agrava aun más, porque suena a operativo gubernamental para amedrentar a los periodistas y descalificar a aquellos que en el futuro puedan verter información u opinión que no le sea agradable al gobierno. No faltará entonces la ministra, si esto ocurre, al comentar que ella ya había denunciado conspiraciones y descalificar así, lo informado.
Para colmo esta semana se informa en el diario "Ultimas Noticias", que el diputado Alvarez, del oficialismo, plantearía al Comité Ejecutivo del MPP que una de las opciones para resolver las filtraciones de las reuniones de su grupo, es que su sector entable juicio a todos los medios que informaron sobre su interna, citando fuentes. Es decir que, según esta teoría, se debería demandar a los informadores, por informar.
El gobierno está cayendo en desviaciones de poder peligrosas. Se ha nutrido no sólo de los respaldos mayoritarios que tiene en las cámaras, sino que asume que los mismos le dan la posibilidad de negar la existencia de la crítica o a tratar de evitarla.
Y puede estar realizando actividades de investigación, seguimiento y operaciones de inteligencia sobre ciudadanos, que son claramente ilegales. El ministro del Interior, en reiteradas oportunidades desde su asunción, afirmó que los servicios de inteligencia no realizan ninguna actividad vinculada a organizaciones legítimas. Sin embargo la denuncia de la ministra Muñoz pone en tela de juicio esto.
Esta actitud, que no se funda en prueba alguna, donde se tira la piedra y se esconde la mano, es un camino peligroso.
Si el Frente Amplio no asume que la crítica es parte inherente a la democracia, y se defiende o quiere evitarla con denuncias infundadas o mal nacidas, llegaremos a tiempos en que nuevamente alguien afirme, con razón, que "el gobierno se sublevó".
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