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Año III - Nº 162 - Uruguay, 30 de diciembre del 2005

 

A no enojarse
Javier Garcia
 

El gobierno se ofusca con la oposición: tendrá entonces doble problema, como se ha visto en la reciente tumultuosa sesión del Senado.


Las contradicciones flagrantes que le señalara el presidente del Directorio del Partido Nacional al gobierno, en la publicitada y tumultuosa sesión del Senado de esta semana, merecen ser tomadas en la profundidad de lo que expresan.

Algunos insisten en que no es redituable señalar reiteradas veces los cambios de postura del Frente Amplio con respecto a su discurso histórico. Dicen estos especialistas del análisis que nos pondría, a quienes estas cosas marcamos, en la actitud de no servirnos nada. Antes, criticar las posturas del FA y ahora cuando las cambian criticarlas también. Quienes así opinan no han entendido la profundidad del tema.

Esta semana, cuando el Senado discutió el tratado de Protección de Inversiones entre Uruguay y EE.UU., el cambio de posición del FA fue, junto al apoyo que el Ejecutivo dio a las operaciones Unitas, a las cuales se opuso históricamente, un monumento no sólo a la contradicción, sino al doble discurso y a la falsedad ideológica.

Hizo muy bien Larrañaga en no tener concesiones con estas conductas que son, por más que se vistan de progresistas, la máxima expresión de un viejo estilo conservador de hacer política, riéndose de los compromisos electorales.

Pero lo más trascendente termina siendo no la voltereta política que justifica hoy, y argumenta con convicción lo que antes rechazaba hasta el insulto, sino la reivindicación que por esta vía se hace de quienes ayer eran insultados por sostener estas mismas posiciones que hoy defiende el gobierno.

Resulta que enviar tropas a Haití cuando lo hacía el gobierno anterior, y el Partido Nacional respaldó en el marco de un mandato de las Naciones Unidas, significaba una acción en el marco de las directivas que EE.UU. daba, violentando el orden democrático de aquella Nación. Ahora cuando el gobierno actual amplía la presencia de tropas uruguayas, el senador Fernández Huidobro dice que es en el marco de la política antiimperialista. Le faltó anunciar la llegada de Papá Noel y estaba cumplido.

Lo mismo resultó con Unitas, donde ahora sí es importante que la Armada se movilice y tenga oportunidad de desplegar hombres y unidades en ejercicios profesionales. Hecho por otros era servilismo al imperio, hecho por este gobierno es un grito de independencia. En todo caso, ahora por lo menos tendremos alguna otra nave de la Marina que navega, porque este año el récord de salidas lo tuvo el yate de la Armada que usa el Presidente, para pescar en Punta del Este. En fin.

Todos aquellos que en el pasado sufrieron el insulto, la desaprobación, que fueron demonizados por posiciones que adoptaban en el marco de sus responsabilidades de gobernantes, están reivindicándose hoy. No es que haga falta que este gobierno bautice lo hecho por otros, ni que esto legitime lo anterior. Lo que enseñan estos episodios es que los gobiernos tienen sus obligaciones, que pueden no entenderse algunas, inmediatamente, pero ello no justifica agraviar al adversario. Nos enseña a todos, que la política es una actividad en la que uno debe defender con lealtad sus convicciones. Que lo debe hacer con pasión, pero debe siempre saber que por más convicción que se tenga, el otro, el adversario, puede tener una parte de la verdad. Incluso, si no la tiene, ello no inhibe que deba respetarse.

Si el Frente Amplio aprendió esto se ganó el año. Ojalá haya sido así, porque el resto del mismo fue bien pobre.

Y a no enojarse, porque señalar las contradicciones es una forma de ejercer el derecho a la crítica, que es inherente al debate democrático. ¿O esperaban tener mayorías absolutas y minorías obsecuentes?

Que cada cual cumpla con su obligación institucional. El gobierno gobernar y la oposición controlar, y a Uruguay le irá muy bien.

Que el nacimiento de Belén, nos llegue a todos. Feliz Navidad.