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El don de regalar
* Danny Luque |
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Desde tiempos inmemoriales los seres humanos tenemos la bella y antiquísima costumbre de agasajar a otra persona con un regalo o un presente.
El tener "presente" a alguien en nuestras vidas nos conlleva a materializar ese pensamiento, esa idea, esa inquietud, ese deseo, y así pues se convierte en un regalo. Sentimos la necesidad de perpetuar un sentimiento que aflora en un momento determinado de nuestras vidas y lo materializamos, para poder obsequiárselo a esa persona que por una razón u otra forma parte de nuestra existencia.......o de nuestros pensamientos.
La acción de regalar se ha distorsionado a través del tiempo y lamentablemente se ha comercializado exageradamente, al punto tal, que el que regala no sabe porque lo hace y el que recibe no aprecia lo que obtiene.
Por tradición los regalos de cumpleaños son los más populares y debieran de ser los mas importantes ya que es el día en que festejamos el nacimiento de un ser querido, un amigo o de alguien que ha pasado a ser muy importante en nuestras vidas. Ese día tan especial pretendemos inmortalizarlo con un obsequio, con algo tangible, algo que por pequeño o grande que sea refleja un estado de ánimo especial hacia esa persona que festeja su día de nacimiento. El verdadero valor del regalo se origina en la energía que pusimos en obtenerlo, en el habernos imaginado la felicidad y la sorpresa del receptor a la hora de recibirlo, en la necesidad de hacer sentir única a esa persona, en el cándido deseo de atrapar una sonrisa para poder luego congelarla eternamente en el vientre de una cámara fotográfica, en la paciencia y dedicación para conseguir ese presente que nos llena de exultación y gozo.
Durante muchísimos años las flores y los chocolates han ocupado los primeros puestos cuando se trata de regalos, sin lugar a dudas las rosas con su fragancia, fragilidad y colorido se han convertido en las mejores embajadoras de la amistad y del amor. Lo mismo ocurre con los exquisitos chocolates que con su versatilidad, fino sabor y propiedades afrodisíacas llegaron a cautivar desde las reinas y reyes de nuestros antepasados hasta los más exigentes paladares del mundo contemporáneo.
También las piedras preciosas son parte del extenso catálogo de posibilidades a la hora de escoger. Pero es indispensable no caer en el regalo que pretende comprar mentes o corazones, la línea que divide esa posibilidad del sincero deseo de darle a nuestra amada o amado lo más puro y bello, es muy fina. Es importante entender que el verdadero valor del regalo no esta en los quilates en que sea apreciado por un tasador, ni por lo caro o barato, el verdadero valor se encuentra en toda esa energía positiva que se necesitó para llegar a concretar ese pensamiento en algo más tangible, palpable, es así que automáticamente se convierte en nuestro pequeño gran tesoro, ya que encierra en él todo el afecto que podemos acumular por ese alguien tan especial. Un regalo es en definitiva una expresión de generosidad, de amor, de amistad, de celebración, de buena onda, un vínculo que acerca a la gente muy a pesar de las distancias. Los regalos pueden recorrer miles de millas hasta llegar a su destino final, cuando lo logran se personifican y toman nuestro lugar para decirle al fortuito y sorprendido destinatario: Estas presente en mis pensamientos.... no importa cuán lejos te encuentres.
Aprovechemos éstas celebraciones navideñas para recordarles, con un pequeño detalle, a todos aquellos que amamos, que están en nuestros corazones.
Feliz Navidad y Felices Fiestas les desea Danny Luque, desde Nueva York.
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