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Año V Nro. 349 - Uruguay, 31 de julio del 2009
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Hace unos días se produjo en Moscú el encuentro del presidente estadounidense Barack Obama con el poder ruso, que como no podía ser de otra manera, implicaba reunirse con el presidente Dimitri Medvedev y con el primer ministro y ex mandatario Vladimir Putin por separado. El presidente estadounidense, según declaraciones públicas, “aspiraba a presionar el botón de reinicio”, es decir olvidar el pasado e iniciar una nueva relación con Rusia. Ambiciosa pretensión, para dos superpotencias que han tenido diferencias casi seculares; más sensato sería perseguir acuerdos mínimos para una distensión. La agenda de reuniones ha sido prolífica y de alta complejidad: reducción de ojivas nucleares, teniendo en cuenta que en diciembre próximo se vence el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, firmado en 1991; abandono estadounidense del proyecto de escudos antimisiles en Polonia; colaboración rusa para la disminución de la beligerancia en Afganistán e Irán. Se incluye también el permiso de Rusia para sobrevolar territorio moscovita y llevar pertrechos a las tropas occidentales acantonadas en Afganistán, y por último el ingreso de Georgia y Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los resultados de las dos cumbres se pueden resumir en una frase muy popular: “nada para nadie”. En el terreno de los hechos concretos, la única señal positiva ha sido la voluntad de ambas partes de reducir su armamento nuclear, comprometiéndose para el 2016 a bajas su “existencias” a 1700 unidades por cada lado. Hoy existen 7000 ojivas en Estados Unidos y 12000 en la Federación Rusa, la motivación es más que obvia, hay que predicar con el ejemplo para luego poder exigir a Irán y Corea del Norte que viene incrementando su poderío en esta área con una actitud de kamikaze. Se puede interpretar como un buen gesto de los herederos de Pedro el Grande, que no pusiesen oposición para los vuelos a territorio afgano. Y ya no hay nada más trascendente que reseñar. Mientras el carácter geopolítico del gas y el petróleo seguirá su inexorable curso, buscar socios en la aldea global, con los que hay que sumar fuerzas y ejercer poder disuasivo al contrincante, así seguirá ocurriendo con el gran demandante que es China. También con los grandes productores del Medio Oriente, los del Mar Caspio, los que tienen acceso al Mar Negro, y por supuesto con Latinoamérica, no es casualidad el interés mostrado por el binomio Medvedev-Putin por Bolivia y Venezuela. Actualmente el Kremlin ha sido más proactivo que la casa Blanca y está en mejor posición estratégica con aliados que pueden ser proveedores de talla mundial. ¡Hasta el próximo análisis…! © Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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