Año III - Nº 111 - Uruguay, 31 de diciembre del 2004

 

 

 

 

EL CUADERNO DE CALIGRAFIA
por Ruben López Arce

Es un recuerdo muy grato de la enseñanza primaria. Como narré en notas anteriores yo hice la primaria en un Colegio Privado Católico, y en ese entonces al cursar 4º año, corría 1947,debíamos hacer los deberes con tinta y pluma, aquellas que tenían la punta con una pequeña curva hacia arriba.. Eran planas de caligrafía en cuadernos muy especiales que nunca volví a ver en la enseñanza, aun cuando mis hijos cursaron primaria en el mismo Colegio ,de la misma Congregación Marista, pero ya en Montevideo y veinte años después&

El cuaderno en cuestión eras con hojas todas rayadas como si fuera un pentagrama, sin espacios en blanco, es decir una raya gruesa, tres rayas finas y la quinta gruesa.

Tenía unas rayas en diagonal para ayudar en la inclinación de la caligrafía.

Es curioso cómo recuerdo cada una de sus características.

Esas cinco rayas guiaban en la escritura de la siguiente manera:
Se escribía en el primer espacio en blanco sobre la raya gruesa. Las letras minúsculas ocupaban un espacio. Las letras mayúsculas ocupaban tres espacios, y las letras con palito hacia arriba, la t la d, la b, la l, ocupaban dos espacios . Las letras con palito hacia abajo, la p, la q, la g ocupaban dos espacios hacia abajo de la raya gruesa&
No sé si es comprensible la explicación, pero a fuer de sincero considero un excelente método para aprender a hacer letra caligráfica, aquella que se usaba por entonces y que se ha convertido en cosa del pasado. Recuerdo que las planas de escritura estaban a la orden del día en la clase e incluso conformaban un excelente sistema de reconvención, de manera tal que una penitencia o castigo, comprendía la copia de una hoja de libro, con buena letra caligráfica, so pena de repetir la plana..

Tal vez pueda esta norma ser considerada obsoleta e impracticable. Incluso acepto que pueda ser arcaico el sistema empleado por los Maristas de entonces. Pero desde mi punto de vista personal, fue una espléndida manera de aprender letra caligráfica.

En virtud de ello llegué a tener una muy buena escritura, sin pedantería, que pocos años después me permitió ser amanuense y protocolista de un Escribano que en mi ciudad y habiendo visto mi caligrafía me tomó como empleado para hacer manuscritos profesionales como se estilaba, las escrituras y diversos documentos en papel sellado.

Son cosas muy difíciles de olvidar, aunque hayan entrado en desuso total, con cambios radicales en la enseñanza de la escritura. No discrepo con las técnicas modernas, pero sí me permito elogiar, magnificar y recordar aquellas letras adornadas, con pluma que se engrosaba en los trazos verticales hacia abajo, dándole una prestancia y categoría que no tienes los manuscritos de hoy en día. manuscritos profesionales