Año III - Nº 111 - Uruguay, 31 de diciembre del 2004

 

 

 

 

MARCOS Y SU VERBORREA
por Ruben López Arce

Era hombre de campo, con buena situación económica, y se le consideraba un patriarca en la zona. Sumamente accesible, compartía y departía las tareas rurales y gustaba de mezclarse con la gente de trabajo a su cargo, lo que le concedía mayor respeto y apreciación por parte de todos los que lo trataban.

Era hombre muy sano de espíritu, con la cultura y sapiencia que otorga la vida.
Su locuacidad, una de sus principales características personales, lo convertía en centro de toda reunión, faceta que él explotaba con total naturalidad, como forma de mostrar una indudable cultura y superioridad sobre quienes circunstancialmente le escuchaban. Cuando hablaba, lo hacía muy expresivamente rebuscando palabras para dar prestancia y gallardía a todas sus narraciones y apreciar el asombro de sus oyentes lo hacía sentirse satisfecho.

Cuando llegó aquella tarde a la pulpería a tomar una caña con todos los allí presentes, consideró una vez más, que era momento de apabullar el auditorio con uno de sus discursos llamativos aunque no siempre muy claros y entendibles.

-Salud muchachos, -dijo a modo de saludo.

-Hola , Don Marcos, qué anda haciendo& va a tomar una cañita con nosotros?

-Como no, con mucho gusto. El beneplácito de hacerlo me lleva a hacerme cargo de la erogación que la invitación demande&

-&lo parió, -dijo un peón viejo en voz baja a su vecino-, otra vez me quedé sin entender lo que dijo&

Sirvieron caña para todos, y en determinado momento, como no podía ser de otra manera, don Marcos tomó la palabra y dijo:

-Muchachos, si me prestan un segundo de atención desearía narrarles lo que me aconteció en la mañana de hoy. Habiendo ingerido un frugal desayuno de mate amargo con un buen trozo de asado frío, y viendo tan hermosa alborada, me sentí atraído por la posibilidad de disfrutar de las bellezas de la madre natura y todo su majestuoso entorno. Enjaecé mi tostada con toda meticulosidad, y salí presuroso a respirar profundamente y captar el aire puro de la brillante pero fresca mañana.
Cuando hete aquí que mientras galopaba alegremente, la noble bestia fundó el remo delantero en una de las concavidades del sendero, e inexorablemente me derribó cuan largo era a la vera del camino&

-¿Cómo dijo, don Marcos? se atrevió a acotar uno de los gauchos presentes -yo no entendí nada, la verdad&

-Tú nunca entiendes nada, m'hijo, te explico, iba en la yegua tostada, metió la pata en un pozo y me tiró a la mierda, ¿me entendiste ahora, carajo?&
Así era don Marcos. Rieron todos de la aclaración efectuada en el mejor de los tonos, y con la sencillez de expresiones que la situación requería&