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La Conspiración Nacional en Argentina
por Gabriel Oliverio
Director del diario argentino Mirador Nacional
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Hemos vivido las últimas semanas hechos, dichos y decisiones que afectan al porvenir del país. Se habló de inseguridad, radiodifusión, adelanto de elecciones, internas partidarias. Vimos la policía protestando en la calle, como así también tratar ligeramente temas delicados como el conflicto con el sector agropecuario o la crisis financiera internacional.
Voy a detener la mirada en un todo, penetrando hasta el fondo del escenario para exponer en este artículo procedimientos que relacionan los hechos de la realidad con la versatilidad de las opiniones oficiales, una cantidad de combinaciones impropias donde se encuentra la verdadera causa del mal. Atentar sobre nuestras instituciones democráticas con el más lamentable de los errores: Derrumbar la credibilidad del sistema.
No es necesario teorizar demasiado cuando cada persona percibe la actitud oficial como un agravio, una provocación desgastando la vida política. Arrojando una trampa capaz de alejarnos de nuestro protagonismo ciudadano.
Las cosas pasan tan rápido que perdimos el reflejo de ver todos los detalles para analizar los sucesos. Examinando cada punto de vista.
Nos hemos acostumbrado a abordar superficialmente lo que nos perjudica comprando las mentiras de quienes recibieron la misión de representar nuestros intereses.
En este zoológico hay de todo incluso amigos bien apreciados por sus condiciones que son utilizados, con su consentimiento, para hacer creíble el engaño y transformar la estafa en una falsa lucha por el fortalecimiento de las ideas.
Las autenticas ideas, casi muertas, son a la vez encerradas para que no se aprecie su verdadero valor. El de los principios y tendencias inspirados en la libertad.
Entonces donde parece haber debate no lo hay, tampoco representatividad legislativa, es igual reclamar que no hacerlo. Perdemos sensibilidad social y por ende la posibilidad de captar el objetivo verdadero.
La cuestión política y la falta de educación nos ha ido consumiendo la sangre, entonces es igual un gobierno que un régimen. No tenemos conciencia del porvenir y la política se aleja tanto de la gente que resulta un enigma. Un feudo.
Nunca llegamos a comprender la naturaleza de su espíritu. Porque es un negocio, entonces vemos cuestiones políticas cuando en realidad son económicas.
Se exponen en la opinión pública una cantidad de temas que nos obligan a deambular desprovistos de conciencia y energía.
En Argentina todo está centralizado. Son movimientos circulares en torno a un grupo que entiende este plan como un objetivo para el enriquecimiento personal.
No hay gabinete, no hay profundidad. Es igual ser ministro, gobernador, candidato a diputado, senador o consultor externo.
Como cada cual tiene su arbitrio y su receta más o menos estudiada con ensayar algunos títulos alcanza para revitalizar la gran mentira nacional.
De todas las suertes nos ha tocado la peor. Menos salud, menos educación, menos seguridad, en definitiva menos libertad.
Los argentinos vivimos en soledad. Ya no dialogamos, ni profundizamos ideas ni debates. No tenemos reflexión. Nos hemos desvinculado del valor de las palabras puras. Del circulo virtuoso de la mutua educación que enriquece nuestra independencia de criterio.
Estos absurdos y otros no menos desagradables se han apoderado de los objetivos comunes para reemplazarlos por individualidad y egoísmo permitiendo al feudo gobernar sin obstáculos.
¿Dónde ha quedado nuestra sociedad patriótica?
Estoy seguro que la moral del ejercicio ciudadano se mantiene inalterable en el corazón de nuestra gente.
La conspiración de los inmorales no ha logrado penetrar aún los cimientos de la familia ni los principios y valores de la república.
La autoridad nacional está en el pueblo, su existencia no peligra. En cambio peligra el orden frente a un espíritu violento y desapasionado que expone cada vez más los negocios políticos y sus miserias por encima del interés común.
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