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Breve relato del Pato Tricolor de Minas
por Fernando Pintos
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Uno de los participantes habituales en los debates de la edición digital —Deportes, of course— del diario «La República», quien suele identificarse como «Pato Tricolor de Minas», incluyó, pocos días atrás, un delicioso cuentecito, el cual a continuación transcribiré para ustedes. El texto expresaba lo siguiente:
«…Una maestra, que es fanática de Peñarol (así, como para que la educación camine en Uruguay) y se encuentra, como es costumbre, muy dolorida por el resultado del pasado fin de semana, decidió preguntar a sus alumnos de qué club eran hinchas. Los niños, quienes bien sabían de su fanatismo manya y tenían miedo a sufrir represalias por parte de la indeseable le respondieron, a coro, que “eran de Peñarol”. En realidad, fueron todos menos uno: Carlitos.
La maestra, convertida en una furia vengadora, encara a Carlitos y le pregunta, una vez más y con chillidos estridentes de hiena en celo: “¿Y entonces vos, gurí, de qué cuadro serás hincha?”.
Carlitos, quien permanece muy tranquilo, le responde: “Yo, de Nacional”.
Todavía más rabiosa que antes, la alimaña vocifera: “¿Pero, por qué demonios tenés que ser vos de Nacional?”.
Carlitos, quien continúa sin inmutarse siquiera un ápice frente a la fiera malherida, le explica, con la misma paciencia que se utiliza para dialogar con niños y retardados: “Porque mi padre lo es, también mi madre y, por supuesto, mi hermano”.
La maestra entonces le dice, babeando su ira luciferina: “¡Eso no puede ser de ninguna manera, Carlitos! ¡Es inadmisible que vos sigas, sin pensar, a toda tu familia! ¡Deberías tener personalidad y elegir lo que se a vos se te ocurra!”.
Carlitos la mira y permanece callado.
Entonces, revolcándose como un reptil que se siente atrapado entre la espesa maraña de su propio resentimiento, la diabólica creatura continúa expulsando su veneno infame: “A ver, Carlitos: si tu padre fuera un ladrón, tu madre una prostituta y tu hermano un drogadicto, entonces, ¿qué serías?”.
Carlitos se lo piensa por un par de segundos, la mira con indiferencia, y a continuación le contesta: “Por supuesto: ahí tendría que ser hincha de Peñarol”…».
Sería de agradecer muy sinceramente a «Pato Tricolor de Minas» por tan creativa como divertida historia. En la práctica, les puedo asegurar que él ha manejado un humor bastante refinado, más bien de guante blanco. Y lo afirmo sin temor a equivocaciones, por cuanto las expresiones de algunos de los participantes en esos foros cibernéticos del diario «La República» son impublicables por muy diversos motivos, entre los cuales abominaciones gramaticales y desvaríos ortográficos serían lo de menos. Pero lo que sí sería de más, ¡y de qué maneras!, está en una tremenda e insoportable sucesión de obscenidades, disparates y groserías, en base a los cuales, unos cuantos personajes —casi todos fanáticamente enfundados en los colores disonantes de Piolín y Silvestre— le dan rienda suelta a sus irrestrictas faltas de educación, de cultura y de respeto por los demás.
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