|
|
Que sigan esperando el fin del capitalismo
por Pablo Díaz de Brito
|
| |
|
|
El analista internacional de Newsweek y CNN y ex editor de Foreign Affairs, Fareed Zakaria, recuerda en su columna La era de Bloomberg que en el capitalismo del siglo XIX había recesiones cada 49 meses, y luego de 1919 ese promedió subió a 100 meses. Las intervenciones y regulaciones de los bancos centrales y de los ministerios de finanzas evitaron o suavizaron muchas crisis, que sin embargo son intrínsecas a una economía capitalista, como señalan con gusto por estos días sus enemigos. Pero estas crisis cíclicas, como se evidencia al estudiar la actual, se deben al gran dinamismo intrínseco al capital, el mismo que le permite crear riqueza como ningún otro sistema económico. El que le permitió acceder en Estados Unidos a su primera o incluso segunda casa a gente de un nivel socioeconómico que en Argentina no puede ni soñar con la vivienda propia.
Por todo esto, hoy, señala Zakaria, nadie aceptaría volver al capitalismo del siglo XIX, del mismo modo que nadie quiere ir medio siglo atrás, cuando el Estado empresario estaba a cargo de, no sólo bancos, siderúrgicas y telefónicas, sino también de fabricas de cigarrillos y de fideos y ponía el precio a todo tipo de bienes y servicios. El mejor ejemplo contemporáneo de este fallido retorno a los 50, la Venezuela de Chávez, ratifica el universal juicio negativo sobre ese arcaico modelo. La economía venezolana se desploma junto con el precio del petróleo, en una vorágine de inflación, mientras Chávez estatiza todo lo que se le ocurre. El puesto 115 de Venezuela viene a confirmar todo esto.
Zakaria concluye que no es el capitalismo globalizado el que está en riesgo con la actual debacle, sino el predominio mundial de Estados Unidos, que bien podría perder esa centralidad (este es el tema de su último libro). Lo que cuenta es que “los países continuarán confiando en los mercados libres y en el libre comercio para lograr su desarrollo y aumentar el nivel de vida” de su población, concluye.
Hace unas semanas, sindicalistas e indigenistas diagnosticaron en Guatemala “el fin del capitalismo”. Y luego el gran historiador marxista Eric Hobsbawm opinó que “lo que está ocurriendo hoy es un equivalente dramático del colapso de la Unión Soviética”, como si el capitalismo estuviese enfrentando su muerte súbita, tal como le ocurrió al comunismo en 1991. A lo largo de los años, son literalmente incontables las veces que la izquierda ha emitido este diagnóstico fatal. Como es sabido, siempre se ha equivocado.
Asimismo, los candidatos a disputar a mediano plazo la primacía de Estados Unidos, o, al menos, a compartir esa primacía, como China e India, y, en un segundo escalón, Brasil, México y Rusia, son todos países que han apostado claramente al mercado para crecer y lograr que una parte significativa de su población acceda a buenos niveles de bienestar. Vale notar sobre estos países que China y Rusia, dos súper estrellas del crecimiento hasta la actual crisis, figuran muy mal en la tabla (134 y 135, respectivamente), mientas la enorme democracia de India se halla en un puesto 70, lo que la pone al nivel de Argentina. Sobre China, dictadura perfecta si las hay, se puede agregar una duda: sus estadísticas. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es su valor científico. En plena debacle, China calculó que su crecimiento anualizado para el tercer trimestre de 2008 es un estratosférico 9%. La opacidad informativa y de todo tipo que padece el país amerita poner entre paréntesis estos números oficiales. Recuérdese al respecto el ridículo caso de Cuba, con números delirantes de crecimiento que hacen reír amargamente a los cubanos. El caso chino, como señalan Leis y Viola, abre las puertas al modelo del autoritarismo de mercado, peligrosamente atractivo en un futuro no lejano para la región latinoamericana.
Como sea, y en resumen: la actual crisis, la primera de gran magnitud de la economía globalizada (la anterior, la de la burbuja de Internet en 2001, fue mucho menor) es sólo parte del proceso mismo de desarrollo del capitalismo a escala planetaria. Si alguien se entusiasma creyendo ver el inicio del fin del mercado y del liberalismo deberá seguir esperando.
» Arriba