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Arrabalera
por Rodrigo Blás
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¡Arrabelera,
como flor de enredadera
que creció en el callejón!
En el tango porteño, “el arrabal” es una presencia constante, según quien sea el escriba es sinónimo de humildad, de valentía, de baja calidad, de pendenciero o distintas acepciones que se aplican según el gusto del autor.
El arrabal es la orilla de la ciudad, en los tiempos del tango en lo que estaba en la orilla de la ciudad quedaba “afuera” no tenían ni la cultura ni la educación del centro, expresión clasista si las hay, el arrabal fue transformándose en sinónimo de bajo, mal hablado, poco culto. Tita Merello tenía como principal pieza de sus presentaciones el tango “Arrabalera” y con su voz ronca recorría las estrofas del mismo parte de las cuáles reproducimos en esta nota por venir al caso. Como el habito hace al monje, la explicación hace al cuento.
¡Arrabelera,
como flor de enredadera
que creció en el callejón!
El arrabal gubernamental del Siglo XXI uruguayo y frenteamplista nos arrojó a la cara a la querida Daisy, flor y nata de la especie en extinción. La colocó en el Ministerio del Interior para que desde allí y bajo el mote de poner a la mujer en alta consideración no hizo otra cosa que denigrar el género y colectar la vergüenza de sus congéneres y de todos en general.
Soberbia y absurda se subió a un pobre caballo en pose de emperadora; conquistadora y sometedora de las fuerzas policiales.
¡Arrabalera,
yo soy propia hermana entera
de Chiclana y compadrón!...
La colmó el vedettismo y publicó mil y un fotos de galantes sombreros en su perfil facebookeano, como no le alcanzó se baño y puso la foto “mojada” de la cabeza a los pies, para la envidia de las modelos; confieso que yo esperaba en cualquier momento ver en televisión “Manda Daisy al 9090” y te dará a conocer sus secretos de amor y belleza, quizás su renuncia no permita que tal cosa suceda.
El Ministerio del interior es el ministerio de gobierno, no sólo se encarga de la seguridad pública sino que la relación institucional y las garantías ciudadanas reposan sobre el tino y justeza de la acción ministerial, o sea que venga quien venga, con la salida de la Sra. Tourné de dicho Ministerio el país gana en institucionalidad y garantías ya que la ministra no daba y a las pruebas me remito, el perfil de solemnidad y ecuanimidad que la gestión reclama.
Si me gano el morfi diario,
qué me importa el diccionario
ni el hablar con distinción……….
“Se me salió la cadena” se disculpó la Ministra .Escucho y vuelvo a escuchar las barbaridades por ella dichas en la charla a los jóvenes socialistas y coincido, no sólo se le salió la cadena, sino que se le fue el balde y la cadena juntas, sometió al País, a la institución que dirigía, al gobierno que la nombró y al Partido que la sugirió a la vergüenza nacional e internacional.
El intento de su partido de minimizar el hecho no hace más que advertirnos que en las fuerzas de Gobierno el concepto corporativista y la visión de grupo sigue estableciéndose muy por encima del interés y el bien general, “un compañero es un compañero” parece ser el lema y no importa ninguna otra cosa.
El hecho de que el Presidente Vázquez haya confirmado que no la echó sino que la Señora renunció por sí misma pone al Gobierno y al Presidente en complicada situación, la ciudadanía esperaba del Presidente otra respuesta ante la absurda presentación de la ministra –amazona, Lacalle expresó claramente que esperaba que el Presidente supiera lo que hacer, el presidente no supo, no hizo nada, simplemente dejo que se fuera, vergonzoso.
No sólo el lenguaje de Daisy ofenden al común de las gentes, su actitud al decirlas, el hecho de que el auditorio fueran jóvenes, las burlas al ciudadano común por vivir con miedo, y las burlas al parlamento; hacen aún peor el análisis de la chabacana disertación. Que su partido la defienda, que el presidente la ampare, que los precandidatos del Frente se mantengan calladitos y que el Frente Amplio haya manejado en más de una oportunidad su nombre para la vicepresidencia como modelo de mujer, asusta; confirma una vez más que nos gobierna una fuerza política que pone sus intereses corporativos y partidarios por encima de los intereses generales. Todos para uno y uno para todos, como reza el tango Arrabalera:
Y al revolear mi percal,
márqueme su firulete,
que en el brete musical
se conoce, la gran siete,
mi prosapia de arrabal.
Chin, pum.
© Rodrigo Blas para Informe Uruguay
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