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Año V Nro. 360 - Uruguay, 16 de octubre del 2009
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El primer sorprendido fue el propio Presidente de los Estados Unidos, cuando durante la noche fue despertado por uno de sus asesores para darle la noticia que había sido galardonado con el Premio Nóbel de la Paz 2009. El Comité, que en esta categoría no es sueco sino noruego, distinguió al mandatario estadounidense por lo que considera han sido “sus esfuerzos extraordinarios para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. Añadió el Comité en su declaración, los esfuerzos “en la perspectiva de un mundo sin armas nucleares” su “papel constructivo” para enfrentar los desafíos del cambio ambiental y, en general, el haber creado, “un nuevo clima en la política internacional” al enmendar los desvíos que apartaron a los Estados Unidos de América de las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales. En lo personal considero precipitado que a escasos nueve meses de su gobierno, el Comité del Nóbel de la paz le otorgue un reconocimiento que históricamente ha estado reservado a situaciones tangibles, ya consolidadas. Obviamente que Obama si tomamos en cuenta la gestión de George Bush como referente, le ha dado un giro total al manejo de las relaciones internacionales de los Estados Unidos. Quizás el temprano reconocimiento a Barack Obama fue otorgado al lenguaje de la paz, en el convencimiento de que la realidad se construye a partir de la palabra, no como la expresión de una voluntad individual y subjetiva, sino como un imperativo afirmado por la razón común a todos. El respeto al contradictor, la tolerancia hacia el pluralismo ideológico, político y religioso: el discurso equilibrado, ajeno instintos y emociones; el comportamiento ecuánime y cortés; y la prudencia y magnanimidad con el adversario hacen de Barack Obama un ejemplo de cultura y evolución política, digno a seguir, en esta época en donde algunos gobernantes obnubilados, algunos de ellos en América Latina, se comportan como capataces de pequeños feudos medievales. Aunque, seamos realistas y consideremos que las metas de Obama aún pertenecen al territorio de la esperanza. Como ejemplos cito: el seguro aumento de tropas estadounidenses para la campaña en Afganistán, que algunos analistas militares ya llaman el “Vietnam de Obama”, aunado a la falta de un calendario de retiro de tropas del territorio iraquí. Sus discursos sobre la problemática ambiental son excelentes pero deben de ir acompañados de medidas reales, fijando límites en las emisiones de gases contaminantes que se negociará el próximo diciembre en la Cumbre de Copenhague. Lograr el control de las pretensiones nucleares de Irán y Corea del Norte, que no ceden un ápice en sus proyectos de ingresar al “club nuclear militar”. Y por último el “bombardeo” sobre la superficie lunar en busca de agua, me hizo recordar el programa del Presidente Ronald Reagan, denominado “Guerra de las Galaxias que tenía como objetivo la militarización del espacio exterior. Esa misma tecnología que se usó en el “ataque” a la Luna, se podrá usar contra un “virtual enemigo” de los Estados Unidos en nuestro planeta, obviamente que depende del gobierno su uso. Pero es una muestra más de que a pesar de la situación económica difícil que atraviesan los Estados Unidos sus niveles tecnológicos e industria militar son superiores al resto del mundo, recordemos lo que Presidente Dwight Eisenhower denominó el “aparato industrial militar”, el que deberá controlar Obama para que haya una verdadera paz mundial. El Presidente Obama ha reconocido en la declaración de agradecimiento del premio que más que a él, la distinción aplaude una visión que refleja la vocación de su país por liderar un mundo mejor. Consideró que los problemas del mundo “podrán solucionarse” si unen sus esfuerzos todos los ciudadanos del planeta. No tengo dudas que el premio otorgado al Presidente de los Estados Unidos Barack Obama, es un Nobel a la esperanza de la paz mundial. ¡Hasta el próximo encuentro…¡© Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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